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ANÁLISIS
¿Un jarro de agua fría para el sector de Internet?
Jose Miguel Guardia  
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Tan sólo 48 horas antes de escribir estas líneas, otra empresa -una más- empezaba a cotizar en bolsa mediante lo que se conoce como una IPO (Initial Public Offering, equivalente inglés a OPV, u Oferta Pública de Acciones), y lo hacía en uno de los mercados que más están acaparando la atención de los medios de comunicación de todo el mundo: el Nasdaq. Hoy en día, la sola mención de su nombre evoca éxito, glamour, poder... y dinero, mucho dinero.

Pero volvamos al estreno: la empresa de la que hablamos es pequeña, con unas ventas de 17,7 millones de dólares anuales (2.920 millones de pesetas); debe enfrentarse a la competencia de monstruos como Compaq, Dell e IBM; y ni siquiera puede prever cuándo obtendrá sus primeros beneficios. De hecho, en la documentación presentada para su admisión en el mercado (conocida en inglés como "prospectus"), sus responsables declaran sin pudor que "no prevemos generar suficientes ingresos para alcanzar beneficios y, por lo tanto, nuestro pronóstico es continuar generando pérdidas netas, por lo menos en un futuro próximo. Si llegáramos a obtener beneficios, podríamos ser incapaces de mantenerlos".

Aplicando una lógica, digamos, tradicional, uno se puede imaginar que va a ser una salida a bolsa con menos provenir que un espía sordo, ¿no?

Pues no.

VA Linux, que es la empresa en cuestión, vio como el valor de sus acciones en su primer día de cotización llegaba a multiplicarse por 10, quedándose finalmente, al cierre de la sesión, en una revalorización del 762% en lo que supone una capitalización de más de 10.000 millones de dólares (1,6 billones de pesetas). Fue la mayor alza de una empresa en el día de su estreno en toda la historia del Nasdaq.

A medida que hechos como este se convierten en habituales, un mayor número de observadores están avisando -con creciente preocupación- de que el sector de Internet y de las nuevas tecnologías está dirigiéndose hacia una espiral especulativa que difícilmente puede acabar de modo diferente al del típico estallido del mercado. Se están haciendo cada día más habituales las comparaciones entre la actual fiebre de estos y las que aquejaron sucesivamente a las economías occidentales en momentos de irrupción de tecnologías radicalmente innovadoras, como el ferrocarril, el automóvil, o la radio.

Algunas de estas fiebres acabaron en episodios tan negros como el "crash" bursátil de 1929, en el que se puso de relieve las desastrosas consecuencias derivadas de una situación en la que se mezclaban ingredientes de codicia, imprudencia, ambición y falta de perspectiva sobre algo que pocos alcanzaban a comprender en sus verdaderos términos. Por supuesto, ello no impedía que todo el mundo intentara analizar el fenómeno.

Cada vez que alguien lanza una de estas advertencias sobre la locura actual de los mercados financieros, invariablemente surge un ejército de voces que repiten sin descanso que la aparición de Internet supone un "nuevo paradigma", una "nueva frontera" en la que no se puede determinar el valor de una empresa con los parámetros actuales. Para ellos, no cuentan los resultados actuales sino que es primordial invertir sin freno para alcanzar una posición de dominio en el futuro, aunque sea a costa de aspectos tan prosaicos y pasados de moda como la viabilidad del negocio o su sostenibilidad.

Si alguien pone de relieve lo endeble del modelo de negocio, o la magnitud de los competidores, o cualquier otro punto "de mal agüero", les es relativamente fácil taparle la boca mediante apelaciones a ese futuro que nadie sabe muy bien cuando va a llegar ni cómo va a hacerlo. Recientemente, tras un sensible descenso del valor en el Nasdaq de las acciones de Amazon, escuché a su fundador, Jeff Bezos, afirmar que "hay que continuar invirtiendo en nuestra empresa porque no hacerlo denotaría falta de visión de futuro". No sé, me dio la impresión de que faltaba "algo" en la explicación, la clave que me hubiera ayudado a entender todo. Hubiera preferido que explicara qué conseguirían los que invirtieran, y no lo que serían los que decidieran no hacerlo. Me recordaba a mi infancia, cuando me decían "cómete la sopa; si no, serás un niño malo"; lo que jamás acabé de entender; quizá mis padres me hubieran convencido antes si, en lugar de eso, me hubieran explicado los beneficios que comer la sopa tendría sobre mi organismo y bienestar y, en definitiva, sus benéficas consecuencias sobre la salud.

Estos fundamentalistas de la Nueva Era de Internet nos dicen: "cerrad los ojos e imaginad un nuevo mundo. Y en este nuevo mundo, el escepticismo no es un signo de inteligencia: es un pecado". Al final resultará que mi abuela, tan conservadora ella, tenía razón: en este mundo hay cada vez más y más pecadores.

Son "pecadores" que alzan, alzamos, la voz contra toda esta exuberancia irracional desde cada vez más frentes. Recientemente, Warren Buffett -el multimillonario inversor "à la traditionelle"- ha advertido el parecido existente entre el auge de Internet y el de otros dos inventos que provocaron un cambio radical en nuestra cultura y dieron pie a la creación de una sendas industrias potentísimas -el tren y el automóvil- que en último término han resultado enormemente perjudiciales para los inversores tras un proceso en que solamente han sobrevivido unas pocas. Uno de las bases de la filosofía de Buffett es que "la clave para invertir no está en valorar cuánto va a afectar a nuestra sociedad un sector determinado, o cuanto va a crecer, sino en determinar la ventaja competitiva de una empresa concreta y, por encima de todo, la sostenibilidad de esa ventaja". Es una especie de mantra que no ha dejado de repetir en público durante los últimos meses.

El propio Michael Porter, el profesor de Harvard considerado como el "gurú de la competitividad", ha comentado recientemente que la mayoría de las empresas que están "saltando" a Internet gozan de una ventaja únicamente transitoria por el mero hecho de haber dado el paso antes que las demás. Pero esta ventaja desaparecerá cuando la mayoría de las empresas lo hayan hecho y llegados a este punto, sólo sobrevivirán quienes sepan definir una ventaja competitiva cierta y la apoyen sobre una estrategia basada en principios de gestión serios y rigurosos.

Claro, habrá quienes alegarán que esta línea de pensamiento es propia de quienes provienen de la "vieja escuela", incapaces de ver más allá del umbral de esa Nueva Frontera. En definitiva, son una pandilla de tecnófobos, dirán.

Poco se les puede acusar de tecnófobos a los hermanos Perkins.

Michael y Anthony Perkins llevan años cubriendo con el máximo rigor la denominada "nueva economía" desde el mismo corazón del Silicon Valley; no en vano son los fundadores y editores de la revista Red Herring, probablemente la más respetada y la que goza de mayor prestigio entre la comunidad inversora.

En todo momento, los hermanos Perkins han dejado claro que creen firmemente que Internet es y será el catalizador del crecimiento de las empresas de tecnología y, además, un desencadenante de un cambio muy profundo en nuestra sociedad. Pero ello no les impide profesar un claro escepticismo en relación con la valoración actual de las empresas de Internet.

Los hermanos Perkins han editado recientemente un libro ("La burbuja de Internet", Harper Business 1999, disponible por ahora únicamente en inglés) con un subtítulo enormemente revelador: "Un viaje al interior del mundo de las acciones de empresas de alta tecnología - y lo que debe saber para evitar la crisis inminente". Su tesis es que las acciones del sector están increíblemente sobrevaloradas, y que los pequeños inversores, que están en los eslabones más bajos de la cadena, son los que se quedarán con los despojos. Mientras, los inversores institucionales, fondos de capital riesgo y banqueros de inversión -los que han estado echando la leña al fuego- habrán huido con todos los millones ganados, no sin antes ponerlos a buen recaudo.

Los autores de esta interesantísima obra -que contiene opiniones de todos los que son "alguien" en el sector- acostumbran a comparar esta situación a la del juego de las sillas, en el que en un momento determinado la música se detiene y aquellos que reaccionan más lentamente se quedan sin asiento y pierden. Según declaró Anthony Perkins a la revista Business Week, "existe plena consciencia entre la comunidad de inversores, tanto por parte de los fondos de capital riesgo como de los bancos de inversión, de que fuera de sus propios círculos hay un gigantesco grupo de 'tontos' de los que se están aprovechando descaradamente"; "claramente", prosigue, "todos los miembros de esa comunidad están agitando sus cabezas con incredulidad y pensando que es el dinero más fácil que han ganado en toda su vida".

Lo que no hacen los hermanos Perkins es predecir una fecha exacta para el estallido de la burbuja, aunque consideran bastante probable que ocurra en cualquier momento tras la campaña de Navidad de este año. Apoyan este convencimiento en que, por un lado, va a haber una progresiva toma de consciencia por parte de los inversores de que las empresas de Internet van a tener que demostrar su viabilidad, por lo menos a un plazo determinado. Por otro lado, en que el incremento del volumen de negocio que ciertamente se va a producir en estas fechas no va a ser suficiente para compensar las descomunales inversiones en publicidad y marketing que las compañías del sector han estado llevando a cabo en estas fechas, especialmente porque muchas lo están haciendo más allá de sus posibilidades financieras.

Para ilustrar esto último, basta con citar el caso de Send.com, recogido por Anthony Perkins en un artículo publicado estos días en el Wall Street Journal. Send.com, dedicada a la venta on-line de regalos, se ha comprometido a invertir 20 millones de dólares de publicidad televisiva en programas de máxima audiencia durante toda la campaña de Navidad. Pero hay un "pequeño" problema: Send.com, que adquirió el compromiso cuando prácticamente aún no había registrado ventas, solamente ha recibido 10 millones en financiación de capital riesgo. Su director general, Michael Lannon, cree que la empresa está en una situación en la que 'o gasta o desaparece', casi como una partida de póker. O como en un proceso electoral: "No todas las empresas van a sobrevivir a la Navidad", afirma. "Estamos enfocando las próximas ocho semanas como si hubiera unas elecciones. Nuestros inversores y nosotros mismos creemos que los clientes van a 'votar' y decidir cuál será la empresa líder, y sólo uno de los candidatos puede ganar".

No sé ustedes, pero siempre me he preguntado quién acaba pagando los gastos electorales de los partidos que no obtienen ni un sólo diputado. Pero seguro que no se les oculta el hecho de que quienes no pagan ni un sólo céntimo son, precisamente, los que han incurrido en esos gastos.

Es realmente fácil jugar con el dinero de los demás, ¿no creen?

Hemos tenido ocasión de hablar estos días de estos y muchos otros temas, incluyendo referencias a empresas de nuestro entorno, con Michael Perkins, coautor de "La burbuja Internet", en una entrevista cuya transcripción editada incluimos a continuación.

Según el libro, las acciones de empresas de Internet están extraordinariamente sobrevaloradas. ¿En qué basan tal afirmación?

Mientras los índices Dow Jones y S&P 500 han subido un 14% en el último año y medio, el índice de empresas de Internet que cotizan en bolsa se ha disparado más de un 400%. Obviamente hay algo que está fuera de toda lógica, y había llegado el momento de hacer un intento serio para evaluar en qué medida estas empresas están sobrevaloradas. Con este fin, aplicamos el 'método Gurley', desarrollado por quien había sido analista de Wall Street Bill Gurley, y que actualmente desde Benchmark Capital -un fondo de capital riesgo que, por ejemplo, es el principal inversor en eBay- es un reconocido gurú del sector de Internet. Su método admite que las jóvenes empresas de Internet, en su fase actual de hiper-crecimiento, no pueden ser valoradas con métodos tradicionales; pero al mismo tiempo da por hecho que, en un momento u otro, los vencedores en el mercado de Internet van a tener que justificar el valor de sus acciones en función de algún múltiplo de sus beneficios. Para no complicar la explicación, no entraremos en los detalles de la fórmula pero, para poder hacer una comparación, observamos a empresas como Microsoft, que creció un 53% anual de promedio en los cinco años posteriores a su IPO, y a Dell Computer, que lo hizo en un 66%. Aplicando estos crecimientos a las empresas consideradas como los líderes actuales de Internet, obtenemos resultados escalofriantes: la acciones de Internet se están negociando a precios que presuponen unos crecimientos -en ventas y en beneficios- sin precedentes en la historia de las finanzas.

Dos ejemplos: Para justificar dentro de cinco años su actual valor en bolsa, Amazon debería generar unos ingresos anuales casi 33.000 millones de dólares (5,5 billones de pesetas); en otras palabras, tendría que conseguir crecer anualmente nada menos que un 93% respecto a cada año anterior, es decir, más que el doble de lo que hizo Microsoft. Y esto en una empresa que, en el tercer trimestre, declaró unas pérdidas de 197 millones de dólares (32.500 millones de pesetas) y que prevé perder unos 250 millones de dólares (41.250 de pesetas) en el cuarto trimestre.

¿Incluso teniendo en cuenta la campaña navideña?

Si, de hecho una de las lecciones dolorosas que han ido aprendiendo Amazon y muchas otras empresas es que, a medida que va madurando el mercado del comercio electrónico, el coste de adquisición de nuevos clientes sube, mientras que el promedio de compra por cliente desciende sin parar. Dan Rosensweig, el director general de ZDNet, señaló hace poco que la mayoría de empresas están asumiendo el riesgo de gastar cada vez más dinero para conseguir clientes cada vez menos valiosos.

Había mencionado dos ejemplos; ¿cuál es el segundo?

Yahoo. A diferencia de Amazon, Yahoo ya registra beneficios, lo que la sitúa en un grupo minoritario de empresas de Internet: sólo un 17% de las empresas de Internet que estudiamos son rentables en estos momentos. A pesar de ello, para que Yahoo pueda justificar su valor en bolsa actual necesitaría ingresos anuales de casi 43.000 millones de dólares (más de 7 billones de pesetas) durante los próximos cinco años, lo que supone un crecimiento anual de casi el 150%. Es decir, casi el triple que Microsoft.

En resumen, la cesta de empresas de Internet que están cotizando en bolsa debería crecer anualmente un 80% para justificar su valor actual en el mercado.

¿Es eso imposible?

En la práctica, sí.

Parece que existe un interés por parte de los "insiders" (emprendedores, fondos de capital-riesgo, bancos de inversión, firmas de auditores, de abogados, y otros) en mantener esta fiebre, para poder sacar el mayor partido económico. Al mismo tiempo, existen enormes previsiones -quien sabe si en cierta medida infladas artificialmente- sobre el papel del comercio electrónico en el futuro, así como sobre propio papel de Internet en nuestras vidas. También existe una figura desconocida hasta ahora, la del "day-trader" (pequeño inversor que toma posiciones y se desprende de ellas en ciclos muy cortos) que, junto al inversor "de a pie", están incidiendo en gran medida en la fiebre de los mercados. ¿Cuál de estas circunstancias cree que provoca esta fiebre? ¿Puede afirmarse, como hizo alguien, que estamos en medio de "la gran estafa de las IPO"?

La respuesta a esta pregunta requeriría mucho tiempo; siendo breve, diría que hay sin la más mínima duda una completa "cadena alimentaria financiera" (emprendedor - capital riesgo - banco de inversión - inversor institucional) en la que sus integrantes se están aprovechando "hermosamente" de la burbuja. Los pequeños inversores, incluidos los "day-traders", son básicamente inversores minoristas que intentan entrar en el juego, incluso dedicándole a ello la jornada completa. Es precisamente este inversor minorista el que corre el peligro de ver cómo la burbuja le estalla en la cara. De hecho, uno de los inversores de capital riesgo que entrevistamos para nuestro libro (y que quiso mantener el anonimato) llegó a calificar todo este fenómeno como un nuevo sistema Ponzi.

¿Un sistema Ponzi?

Si; en 1920, Charles Ponzi convenció a un grupo de inversores de que podía pagarles un 50% de interés por utilizar su dinero durante tan sólo 45 días. Obviamente, era demasiado bonito para ser verdad, pero aún así Ponzi recibió 7.9 millones de dólares de la época. Los inversores iniciales, claro, recibieron todo lo pactado gracias a los fondos provenientes de los nuevos inversores, hasta que todo el sistema se colapsó y los recién llegados perdieron todo su capital.

A veces, parece como si la economía de Internet consistiese únicamente en adolescentes que se convierten en multimillonarios de golpe gracias a una salida a bolsa, y que van por ahí volando en jets privados y conduciendo coches lujosos. De hecho, hay cada día más canales de TV dedicados las 24 horas del día a información financiera, y más secciones en los medios tradicionales (audiovisuales o impresos), por no hablar de los servicios on-line. ¿Se le puede achacar alguna responsabilidad de lo que está ocurriendo a los medios de comunicación? Es el momento de hacer un poco de autocrítica, si lo desea...

En esto juega un papel decisivo el materialismo del tipo "hágase-rico-ahora-mismo" que parece haberse apoderado de gran parte de la sociedad norteamericana en estos momentos. Parece que todo el mundo esté buscando conseguir cosas inmediatamente y a cambio de nada en absoluto, y cuanto más rápido mejor. Esta "mentalidad de lotería" ayuda a comprender por qué un programa de la cadena de TV ABC titulado "Quién Quiere Ser Millonario" se sitúa regularmente como el de mayor audiencia en los Estados Unidos [ Nota: en España, Tele 5 emite una franquicia de este programa con el título "50x15"] . Es un programa en el que personas normales intentan ganar un millón de dólares contestando preguntas intrascendentes. Muchas personas están adoptando ese enfoque de "hágase-rico-ahora-mismo" en la compraventa de acciones por Internet, e incluso en el fenómeno del "day-trading". No invierten a largo plazo, sino que compran acciones "calientes" (como se conoce en el argot), esperando deshacerse de ellas antes de que se desplome. No les importa comprar acciones que están subiendo, siempre que vean como probable encontrar alguien a quien se las puedan vender a un precio todavía más alto.

El problema es que se trata del "juego de las sillas" más caro que se haya jugado jamás; cuando la música se detenga, aquellos que se queden sin silla en la que sentarse tendrán verdaderos problemas, especialmente los que se han endeudado fuertemente para comprar acciones.

¿Endeudado? Creía que tras el crack del 29 la gente había aprendido algo.

Una parte importante de la compraventa de acciones a través de Internet se hace a través de brokers on-line. En este caso, es muy habitual que el cliente establezca con su broker un tipo de cuenta en la que se abre una línea de crédito por el 50% del importe de la compra. Cuando el cliente hace una compra, la mitad de su importe va directamente contra los fondos del cliente, pero la otra mitad va a la cuenta de crédito. De este modo, el inversor tiene más dinero disponible para invertir. Irónicamente, esto explica -por lo menos en parte- la gran volatilidad de las acciones, ya que ante una pequeña bajada de valor muchos inversores venden rápidamente para no comprometer esos créditos.

¿Que es lo que prevé que va a ocurrir, y cuándo? Porque, si se tiene en cuenta estudios como el recién publicado por Jupiter Communications, resulta que quienes tienen intención de hacer alguna compra navideña por Internet sólo le van a dedicar a ello el 10% de su presupuesto total para compras; y ello teniendo en cuenta que se trata de una minoría entre la población total. Posiblemente muchas empresas se encuentren con que la realidad se queda muy por debajo de lo que tenían previsto.

Precisamente sobre este tema trataba un artículo que mi hermano Michael publicó a fines de noviembre en el Wall Street Journal. El hecho es que, durante la actual campaña de Navidad, los comercios on-line prevén invertir del orden de 1.000 millones de dólares (165.000 millones de pesetas), destacando empresas como Cnet y Amazon con 100 millones de dólares (16.500 millones de pesetas) cada una. Durante la retransmisión televisiva de la final de la Super Bowl hay ya contratados 20 anuncios de empresas de Internet a razón de 2 millones de dólares (330 millones de pesetas) cada uno. Hay que tener en cuenta que, mientras lo habitual en un minorista ya establecido es dedicar entre el 3 y el 4 por ciento de sus ingresos a publicidad, lo que Cnet va a invertir en publicidad equivale aproximadamente al total de sus ventas en ese mismo período.

Estas cifras gigantescas están siendo una bendición para los medios de comunicación (entre ellos Red Herring, cuyos ingresos por publicidad han aumentado nada menos que un 450%), pero por el momento no han supuesto un incremento apreciable de las audiencias, según reconocen los propios implicados. La consecuencia inevitable de todo ello es que, a principios del próximo año, habrá una verdadera sacudida del sector del comercio electrónico. Se tratará de un proceso que podríamos calificar de darwiniano, en la que la mayoría de las empresas perderán la confianza de Wall Street y verán cómo sus acciones caen en picado. Incluso los supervivientes serán incapaces de sostener esta dinámica en el futuro.

¿Cuáles cree que serán los valores que se verán más afectados? ¿Cree que esta explosión de la burbuja afectará por igual a empresas en negocios "business-to-consumer" (dirigidos al consumidor final) que a las que estén en el subsector del "business-to-business" (servicios o productos dirigidos a otras empresas)?

En esto hay algo que podríamos denominar el efecto "me-too" (yo-también). Hoy en día, cualquier cosa que esté relacionada con Internet, o que tenga un "punto com" en su nombre, parece salir beneficiada. Pero los sectores van cambiando. Así, mientras ciertas IPOs que habían tenido gran éxito, como Theglobe.com, iVillage.com, o TheStreet.com, están en estos momentos entre un 65 y un 80 por ciento por debajo del cierre del primer día de su cotización, parece como si la siguiente fiebre fuera la de las empresas de "business-to-business". Las OPV de este tipo de empresas, sin embargo, siguen engrosando las filas de las empresas que han batido récords de alzas en su primer día de cotización, a pesar de que ello a veces produce situaciones algo extrañas.

Este es el caso, por ejemplo, de Sycamore Networks, que salió a bolsa el pasado 21 de octubre y vio como el valor de sus acciones subía un 386% el primer día. En estos momentos, la capitalización bursátil de la empresa asciende a 20.000 millones de dólares (3,3 billones de pesetas), a pesar de que sólo obtuvo unos ingresos de 30 millones de dólares (4.950 millones de pesetas), provenientes prácticamente de un sólo cliente.

Otro buen ejemplo es el de Akamai Technologies, que opera en el ámbito de las infraestructuras de Internet. En su primer día de cotización, el pasado 29 de octubre, obtuvo una revalorización del 458%. La empresa tiene hoy una capitalización bursátil de 17.000 millones de dólares (2,8 billones de pesetas); no está nada mal para una empresa con ingresos de 1 millón de dólares al año y que en los nueve primeros meses de 1999 perdió más de 28 millones de dólares (4.620 millones de pesetas). Y es que, además, catorce meses antes esta compañía no hubiera podido tener tan buena acogida por los inversores, por la sencilla razón ni siquiera existía. Akamai supone un ejemplo extremo de lo que se está convirtiendo en habitual en el presente boom de las OPV: el tiempo que transcurre desde que una empresa obtiene su primera financiación de capital riesgo hasta que sale a bolsa se ha reducido drásticamente. "Se ha llegado a un punto en el que una compañía se reúne en la misma época con la gente del capital riesgo y con los bancos de inversión con vistas a la OPV", nos dijo un día Irv DeGraw, director de investigación de WorldFinanceNet.com, una empresa de Florida.

Este ciclo de vida acelerado de las empresas de Internet hace que los implicados, con casi toda seguridad, obtengan sus beneficios y ventajas de forma muy rápida, en el momento en que sus empresas se fusionen, sean compradas por corporaciones de mayor tamaño, dejen de operar, o prolonguen lánguidamente su existencia como meros habitantes la noche de los muertos vivientes.

Recientemente, algunas empresas europeas han dado el salto al Nasdaq y particularmente, empresas como Terra Networks o Jazztel se han estrenado con OPVs que muchos han calificado de éxito. ¿Cree que la burbuja se está trasladando también fuera de los Estados Unidos, por ejemplo a Europa?

Terra Networks es un buen ejemplo del tipo de empresas de Internet cuya cotización ha enloquecido. Terra, de la que Telefónica posee el 70 por ciento, tiene un claro potencial, ya que proporciona acceso a Internet y contenido local a casi un millón de clientes en mercados de habla hispana y portuguesa. Tiene intención de lanzar portales dirigidos a la población hispana de los Estados Unidos, y planea una agresiva expansión en Latinoamérica, planeando este año inversiones de más de 600 millones de dólares (casi 100.000 millones de pesetas) en la adquisición de proveedores de acceso y portales en todo el continente.

La víspera de la IPO, nuestra Redherring.com calificó la salida como "Muy Caliente" (en argot bolsístico) incluso siendo una empresa con pérdidas netas de 15,3 millones de dólares (2.524 millones de pesetas) e ingresos de tan sólo 8,4 millones de dólares (1.386 millones de pesetas) en los seis primeros meses de 1999. En efecto, las acciones subieron como la espuma el primer día, llegando a $55, hasta cerrar en $38.25 por acción, es decir, un incremento del 185%. Los días siguientes, la realización de beneficios por parte de los inversores hizo descender la acción hasta $31,75 pero, sin embargo, estos últimos días ha vuelto a subir hasta los 47 dólares.

En este sentido, Terra Networks es un ejemplo perfecto de valores volátiles en medio de una burbuja especulativa.

Por lo que se refiere a Jazztel, creo que el comportamiento de sus acciones seguirá el mismo patrón que el de Terra, aunque es demasiado pronto para afirmarlo [ Nota: estos comentarios se hicieron la noche del pasado 9/12, cuando acababa de cerrarse la sesión en la que Jazztel se estrenó en el Nasdaq]

Rotundamente, la burbuja de Internet ha llegado ya a los mercados europeos, con las consiguientes tensiones en los mercados y la inevitable volatilidad.

Para terminar: ¿qué diría a quienes poseen acciones de empresas del sector de Internet?

Nuestra recomendación básica es: "¡Vendan ahora!" Y es que, con pocas excepciones, las 133 empresas que forman parte de nuestro análisis [ Nota: puede verse la lista completa en www.redherring.com/internetbubble] están sobrevaloradas. A pesar de que mucha gente nos acuse de ser unos descreídos de la Nueva Economía, o directamente de ser unos traidores a nuestro hogar, siendo como somos del propio Silicon Valley... ha llegado el momento de bajarse de este vehículo que distorsiona la realidad, y distinguir entre lo que es real y lo que no es más que un "bluff". Actúen antes de que sea demasiado tarde.

 

 

ã José Miguel Guardia 1999

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