En la recientemente celebrada Midem (Marche International du Disque, de l'Edition Musicale) en Cannes (Francia), Hillary Rosen (presidenta de la RIAA) sorprendió a la audiencia desvelando las intenciones de la organización que preside para cobrar un cánon a los ISPs en concepto de las pérdidas generadas a la industria por los servicios de intercambio de archivos en Internet.
La poderosa asociación de las compañías discográficas norteamericanas emprendió ya hace tiempo una cruzada contra estos servicios de intercambio, que ya se ha cobrado algunas víctimas en su camino; así, atrás queda el caso Napster, el primer gran sistema de intercambio de la breve historia de la Red, que llegó a congregar a millones de usuarios, y que cayó en los tribunales después de una intensa campaña de acoso y derribo. El motivo de estas acciones es simple: según la RIAA (Recording Industry Association of America) los sistemas de intercambio y compartición de archivos on-line son los responsables directos del descenso en la venta de CDs, descenso que se prevé de un 6% para 2003 después de tres años de bajadas consecutivas.
La opinión de la RIAA es refrendada por un amplio sector de analistas del mercado basándose en los estudios llevados a cabo, y sin embargo otro sector no menos amplio se basa en otros estudios para dictaminar lo totalmente opuesto; ya en una noticia aparecida el año pasado en varios rotativos se revelaba que los usuarios de servicios de intercambio compran más música en formatos "tradicionales" (CD, casette, disco de vinilo) que los que no son usuarios.
Incluso algunos miembros de la industria musical (cuyos intereses dice defender la propia RIAA) han mostrado opiniones contrarias a la de esta y otras asociaciones discográficas. Valgan cómo ejemplo las declaraciones de dos cantantes españoles de origen latinoamericano: por una parte la cantante Alaska, quien hace unos meses discrepó sobre los márgenes de beneficios que la industria obtiene con las ventas de CDs, y que cómo resultado vió vetado su disco de las tiendas durante 24 horas, y por otra parte el cantante Manu Chau, quien defendió los sistemas de intercambio cómo una forma válida para que los más jóvenes y con menos poder adquisitivo puedan disfrutar de la música. Incluso un peso pesado del star system musical internacional cómo es Robbie Williams ha declarado hace poco que él se descarga música de Internet.
Volviendo a las declaraciones de Rosen en Cannes, la presidenta de la RIAA dijo que el aumento en la demanda de conexiones de gran ancho de banda para los domicilios particulares es debida directamente a la voluntad de los usuarios por acceder a este tipo de servicios de intercambio y piratear material audiovisual, y que los ISPs no solamente conocen y toleran esta actividad, si no que con su actitud incluso la fomentan de forma implícita. La intención de la RIAA es, según Rosen, cobrar a los ISPs un canon por cada usuario que frecuente los servicios de intercambio.
La respuesta de los ISPs no se ha hecho esperar: Mario Mariani, vice-presidente de Tiscali -uno de los más grandes proveedores de acceso en Europa- ha tildado esta iniciativa de imposible, aduciendo que el tráfico de los sistemas P2P (acrónimo de peer-to-peer, de igual a igual) supone entre un 30 y un 60% del tráfico total de un ISP, y esto es imposible de controlar. Un amplio sector de usuarios y activistas continua acusando a la RIAA y a las grandes discográficas de no querer ver el problema real: la gente demanda mayoritariamente nuevas formas de comercialización de productos audiovisuales, y la industria parece empeñada en mantener y aumentar año tras año unos beneficios enormes.
Dicha iniciativa podría, además, sentar un precedente e incluso ser motivo de jurisprudencia en el sentido de culpbilizar en cierta medida a los proveedores de acceso por las acciones de los usuarios que utilizan sus servicios. Si los ISPs deben pagar por los usuarios de servicios de intercambio ¿hasta donde llegaría su responsabilidad en el caso de que el material intercambiado fuera pornografía infantil? ¿el ISP podría ser hallado culpable por no investigar y limitar las acciones del usuario en cuestión? Aunque dificilmente (según hemos podido saber por boca de algunos analistas), dicha situación podría llegar a darse.
Otras sugerencias que Rosen hizo en el mismo evento fueron más conciliatorias para todos los bandos: urgió a las grandes discográficas (Sony, Warner, EMI, Bertelsmann,...) a suavizar las restricciones impuestas en sus licencias, a desarrollar mejores y más eficaces sistemas de protección de medios digitales y a promover sistemas de descarga en Internet por suscripción.