La difícil migración de la telefonía móvil al sistema UMTS encuentra una nueva piedra en el camino: las redes locales inalámbricas.
Desde hace muchos meses podemos leer en diversos medios especializados opiniones de técnicos y ejecutivos de empresas de telecomunicaciones en el sentido de que la tecnología UMTS ha nacido muerta, pese a las grandes inversiones que las principales operadoras de telefonía móvil han realizado en este sector.
El UMTS (Universal Mobile Telecommunications System, Sistema Universal de Telecomunicaciones Móviles) es un nuevo estándar para comunicaciones de telefonía móvil, compatible con las tecnologías existentes actualmente (GSM, WAP, GPRS) y que permite un substancial aumento de la velocidad en la transmisión de datos al usar un algoritmo de compresión de la información más eficaz. El ancho de banda que permite llega, por el momento, hasta los 2,41 Mbits/segundo.
Actualmente la principal amenaza que se perfila en contra del UMTS son las redes locales inalámbricas. No hay que confundir ambos términos: mientras que el UMTS consiste en un sistema de acceso a redes de comunicaciones para teléfonos móviles, las redes inalámbricas de área local son soluciones de conectividad sin hilos (esto es, por radiofrecuencia o cualquier otro medio que no requiera el uso de un cable físico) a sistemas informáticos. El UMTS es utilizado en terminales de los llamados de tercera generación (3G), mientras que el otro tipo de tecnologías se utiliza en computadoras de sobremesa, portátiles o PDAs. No obstante, estamos asistiendo cada vez más a la aproximación de estas tecnologías en principio distintas, al menos a un acercamiento conceptual de formas de uso.
El avance de las tecnologías inalámbricas como la popular 802.11b o Wi-Fi, el aumento de la cobertura y la mejora de su seguridad (pese a que aún sigue recibiendo críticas) en contraste con el constante retraso de una tecnología -la UMTS- que ha prometido su despegue durante casi más de dos años sin conseguirlo, aunque las tecnologías de red local sean menos flexibles, las posiciona en un mejor punto de partida en esta carrera tecnológica.
En los Estados Unidos es donde esta tecnología está alcanzando su máximo apogeo, ya que poco a poco todo tipo de instalaciones públicas como aeropuertos, cafés, restaurantes y parques, están facilitando el acceso a Internet mediante servidores locales y acceso inalámbrico a la red local del establecimiento. Situación muy diferente a la que se vive en Europa, donde esta tecnología se encuentra en fase muy primigenia, con muy poca cobertura aún. No obstante, las grandes operadoras ya se han dado cuenta del filón que supone y, con excepción de las más comprometidas con el UMTS, todas empiezan a mostrar interés por comercializar tecnologías como la Wi-Fi.
Otro contendiente al que UMTS debe enfrentarse es el GPRS (General Packet Radio Service), otro sistema de conexión para telefonía de tercera generación que parece haber corrido mejor suerte, al menos por el momento. En este sentido, el fracaso del UMTS recuerda al que en su momento sufrió el sistema WAP, el precedente de referencia en este caso, y que intentaba facilitar la conexión y navegación por Internet de los teléfonos móviles. En aquel caso la lentitud de las conexiones, las escasas prestaciones del sistema y su alto coste económico, contribuyeron a su muerte.
Un caso distinto es el i-mode japonés, un sistema 2,5G (entre la telefonía actual y la de tercera generación) que ha arrasado en Japón y busca ahora su expansión fuera del país asiático. En Europa diversas joint-venture de NTT DoCoMo (la operadora nipona creadora del sistema) con compañías locales están proporcionando los primeros accesos en países como Alemania u Holanda.