La paranoia desatada desde el 11 de septiembre de 2001 con los atentados de Nueva York y Washington ha provocado una serie de acontecimientos -dejando de lado las guerras libradas en Afganistán e Irak- e iniciativas que según las organizaciones de defensa de las libertades civiles, socavan los derechos de los ciudadanos.
Este es por ejemplo el caso de la acumulación de datos personales de ciudadanos estadounidenses y de algunos países extranjeros que está haciendo el gobierno norteamericano mediante la creación y la compra de bases de datos.
Sin lugar a dudas la informática ha permitido sistematizar la gestión de los gobiernos y diferentes cuerpos de servicio público, que ahora cuentan con herramientas para disponer de información sobre casi cualquier individuo en muy poco tiempo. Por una parte esto puede ser beneficioso, ya que por ejemplo la identificación de un delincuente por parte de la policía puede ser casi instantánea si se tienen las pruebas adecuadas, pero por otro lado puede conducir a un notable control de toda la población, la instauración de un auténtico Gran Hermano (para más referencias, les recomiendo la lectura de la famosa novela "1984", de George Orwell) por parte de un gobierno que entonces sería omnipresente y controlaría todos nuestros actos. ¿Donde se encuentra el punto de equilibrio? hasta ahora nadie ha podido definirlo.
Volviendo al tema inicial del artículo, el gobierno estadounidense está haciendo un acopio de información personal de diversa índole sobre ciudadanos de su país, ciudadanos extranjeros residentes allí, y familiares de estos en sus países de origen. El objetivo de toda esta información es su análisis y estudio para prevenir las acciones de posibles terroristas, que según las fuentes oficiales, pueden ser detectados gracias a todos estos datos.
Las fuentes de donde la obtienen son varias: por una parte se han adquirido bases de datos a una empresa de Texas -el dato del Estado donde se encuentra la empresa, todavía sin acabar de confirmar por parte de esta redacción- que recopila información sobre inmigrantes que van desde América Latina hacia los Estados Unidos, así como de sus familiares en los países de origen.
Por otro lado se está utilizando un software que monitoriza la actividad de los usuarios de tarjetas de crédito, para generar una base de datos sobre hábitos de consumo. La idea original era prevenir los fraudes o el robo con tarjetas de crédito. Por ejemplo, si una persona hace la compra de la semana en el supermercado pagando con tarjeta y, un buen día, compra una casa, un coche de lujo y joyas, este cambio en el comportamiento es considerado como sospechoso (si excluimos, naturalmente, la posibilidad de una cuantiosa herencia o un premio de una lotería o similar). Este sistema está creando numerosos problemas a ciudadanos que, simplemente, varían sus rutinas de pago con tarjeta al adquirir un billete de avión para visitar a familiares que residen lejos.