Hace ahora 20 años Jon Postel y Paul Mockapetris realizaron el primer ensayo práctico con éxito del sistema.
El pasado 24 de junio se celebraron los 20 años de existencia de uno de los componentes más importantes de Internet, y con el cual trabaja diariamente cada internauta: el DNS.
Domain Name System (DNS) es el nombre que recibe el sistema que nos permite obviar las direcciones IP numéricas y utilizar en su lugar un sistema mnemotécnico basado en nombres, realizando la función de traductor entre ambos.
Cuando nosotros tecleamos en nuestro navegador una URL como por ejemplo http://www.imatica.org, el primer paso que realizará la computadora de nuestro proveedor de acceso (ISP) a la que estemos conectados será consultar al servidor DNS que tenga asignado para que este le devuelva la dirección IP correspondiente a esa URL. Este proceso es el que se conoce como resolución. Por ejemplo, la dirección IP de iMàtica sería 66.218.88.143 .
Esto es así porque las computadoras trabajan con números, y no con texto o nombres, pero como a los seres humanos nos es más simple memorizar cadenas de texto, aunque sean largas, que series numéricas, un simple sistema de traducción como el expuesto para el DNS es suficiente.
Sería imposible mantener centralizada toda la información sobre dominios en una sola computadora, además de peligroso, por lo que toda la información de este sistema se reparte en una estructura jerarquizada y extendida alrededor de todo el mundo. En la cima de esta pirámide se encuentran 13 servidores, que son los principales del sistema, y que hace pocos meses fueron víctimas de un ataque global que casi deja sin funcionar el sistema al completo, notando los internautas súbitos incrementos en el tiempo de respuesta.
Precisamente este es el principal problema que afecta al futuro del sistema DNS, ya que inicialmente fue pensado para expandir sus funcionalidades, pero no para hacerlo más seguro, según ha declarado Herbert Schorr (del Instituto de Ciencias de la Información) a la revista Wired.