Las imágenes de torturas a prisioneros en Irak son el testimonio más impresionante de lo que ha permitido la tecnología digital aplicada a la fotografía.
"Desde que tengo la cámara digital, hago fotos" Esta es una frase que tal vez haya oído más de una vez; yo si, e incluso la he pronunciado porque es absolutamente verdad. Debo admitirlo, soy un fotógrafo desastroso. En el pasado me daba hasta vergüenza llevar un carrete a revelar, porque al entregarme las fotografías no había ni una sola que no tuviera el enfoque o la abertura equivocados, saliendo borrosa o con demasiada exposición, o con demasiado poca...
Hasta que llegó la tecnología digital al mundo de la fotografía. Ahora tengo una cámara de 5,2 megapíxels, y lo único que me sale mal son algunas fotos de interior, ya que continúo sin saber cuando debo aplicar el flash o dejar más tiempo en exposición. Y aún así, este problema tiene solución, pues puedo ver inmediatamente el resultado de mis disparos con la cámara. Sin lugar a dudas, desde que tengo la cámara digital, puedo afirmar que hago fotos.
Tal vez los soldados que fotografiaron el interior de la prisión de Abú Graib en Irak, descubriendo las horribles torturas y humillaciones a las que se han visto sometidos decenas de presos iraquíes, piensen lo mismo; y es que la cámara digital ha acabado con muchos tabúes y ha abierto nuevas posibilidades, permitiendo y facilitando que todos y cada uno de nosotros pueda convertirse en un reportero gráfico en potencia.
Las imágenes digitales no necesitan un proceso de revelado, con lo que la incomodidad de tener que ir a una tienda, aunque sea de confianza, cargados con un carrete de fotos "delicadas" se ha acabado; eso explica la valentía de estos soldados, que gracias a las nuevas tecnologías han podido hacer llegar a través de Internet estas horrendas imágenes directamente desde la cámara que las tomó.
Los periodistas profesionales afirman que esta historia no habría tenido el mismo impacto en la sociedad sin el apoyo de las imágenes, digitales o no. Pero la "digitalidad" de estas fotos no queda simplemente como una anécdota, ya que de no existir cámaras digitales, quien sabe si alguien se hubiera atrevido a fotografiar ese dantesco escenario...
Y no sólo esto, aunque sea por un tema mucho más "baladue": en Japón muchos libreros y quiosqueros deben vigilar el uso que los clientes y posibles clientes dan a sus teléfonos móviles equipados con cámaras, ya que se ha puesto de moda fotografiar páginas enteras de revistas (cuando no toda la publicación) para luego imprimirlas o verlas directamente en la computadora... sin comprarlas y por lo tanto pagarlas, naturalmente.
Pero, hoy por hoy, las cámaras digitales no son asequibles para todo el mundo. No se trata de un problema de precio de estos dispositivos, pues en el mercado se pueden adquirir muy por debajo de los 100 Euros los modelos más sencillos, si no de la llamada "brecha digital", que impide que los más pobres puedan adquirir cualquier producto digital. Una vez más, y comprobando que es cierta la frase "una imagen vale más que mil palabras", la opinión de las gentes y los países humildes puede quedar silenciada en favor de la visión (ahora captada en formato digital) de los países del autodenominado primer mundo; suerte que en estos también hay diversidad de sensibilidades, muchas de ellas alineadas con los más pobres.