El Parlamento Europeo votó contra la patentabilidad de las invenciones en el terreno del software por un amplio margen de 648 votos contra 14 y 18 abstenciones. Una de las claves de este resultado puede ser la presión ciudadana fomentada y llevada a cabo desde diversos sectores relacionados con el mundo de las nuevas tecnologías y, en especial, vinculados al software libre.
Este pasado miércoles 6 de julio se celebró en el Parlamento Europeo situado en la ciudad fronteriza de Estrasburgo la votación sobre la directiva de patentes sobre programas de computadora o invenciones que utilizasen programas y algoritmos implementados en una computadora. La votación no solamente se veía como un enfrentamiento entre grandes empresas del mundo del software por una parte e iniciativas libres por otra, si no que también ha constituido un pulso entre órganos directivos y ejecutivos de una Europa que todavía busca su camino como estado: la Comisión y el Consejo por una parte (apoyando la directiva de patentes) y el Parlamento (que ya frustró una intentona anterior de aprobar dicha directiva). Como muestra de esta diferencia de opiniones, el Parlamento ha criticado la actitud que durante todo el proceso ha tenido la Comisión Europea, mientras que desde esta última se ha lamentado la decisión del Parlamento como un error.
El objetivo de la directiva de patentes era promover una legislación común que igualase la actitud que todos los países miembro debían mostrar ante las peticiones de patentes relacionadas con el software. No obstante, y pese a esa buena intención, el proyecto contó desde sus inicios con la oposición de amplios sectores de la sociedad, especialmente desde el mundo de las pequeñas y medianas empresas de informática, y los grupos de defensa del software libre.
Este pasado febrero, la directiva ya recibía el primer varapalo por parte del Parlamento, que la devolvía a la Comisión, a lo que ésta última instancia respondía con una modificación de su redactado y devolviéndola nuevamente al Parlamento para una votación que finalmente ha rechazado de forma definitiva la patentabilidad del software en la Europa Unida. Si la Comisión Europea cumple lo que afirmó en su momento, no volverá a presentar una petición similar al Parlamento.
No solamente la presión social ha jugado un papel importante, si no también el hecho de que los diferentes grupos de la cámara europea no encontrasen suficientemente satisfactorio el redactado de dicha ley y, al final, prefiriesen antes quedarse sin regulación que tener una mala.
A partir de ahora se abre un periodo de tranquilidad, optimismo y -porqué no- celebración entre los grupo de defensa de las libertades en el campo tecnológico, que pese a esto deberán continuar atentos a las iniciativas que en un futuro ya más lejano pudieran surgir para resucitar el proyecto de permitir la patentabilidad del software.
Claro que no todo el mundo se felicita por esta decisión. Muchas empresas punteras en el sector de la investigación y desarrollo en productos informáticos ven como sus esperanzas en un sistema que les garantice el reconocimiento y protección legal de sus invenciones se hunden. Y lo que es más, desde algunas consultoras se muestran estudios y análisis que afirman que no disponer de un sistema de patentes podría perjudicar la investigación y desarrollo (I+D) a largo plazo.