Hoy por hoy, físicamente dentro de nuestro cuerpo solo incluimos aparatos que corrigen defectos del organismo, corneas prasplantadas, válvulas mitrales, caderas ortopédica, implantes dentales, marcapasos, bombas intramusculares, postizos de silicona etc....Estos aparatos se colocan en nuestro interior y nos olvidamos de su existencia sintiéndolos tan nuestros como el hígado o las amígdalas.
Para completar la lista debemos añadir aparatos correctores que aunque externamente prácticamente los llevamos unidos a nuestro cuerpo, gafas o lentillas, sonotones, plantillas ortopédicas, dentaduras postizas, muletas y sillas de ruedas, bisoñés etc. Por ahora siguen tratándose de reparar o disimular errores y fallos de la naturaleza.
También se unen a nuestro cuerpo de diversas formas objetos, de los que nos desprendemos solo para bañarnos y en casos extremos. Las llaves, la tarjeta de crédito, el bonobus, la documentación, la tarjeta de crédito, las monedas, eltabaco.... Estos pequeños objetos ya nos comienzan a transformar en Cyborg, los incorporamos tanto que su ausencia accidental nos produce siempre angustia y desazón.. ¿Qué sentías, el día que te diste cuenta que cerrabas la puerta sin tener las llaves? ¿Has salido alguna vez de casa sin un céntimo en el bolsillo?.
Otro grupo de aparatos, no corrigen errores ni son imprescindibles, pero añaden habilidades que la naturaleza no nos dió, ello produce una adicción que no es difícil de superar. Estos aparatos se nos unen en perfecta simbiosis, nos ceden su trabajo, a cambio de que les suministremos pilas.
Inicio el camino el reloj. La mayoría, lo primero que hacemos en la mañana es abrocharnos un reloj a la muñeca, que no se separará de nosotros hasta la noche, y aún me entran dudas sobre si seremos minoría quienes dormimos sin ellos.
El mismo camino lo emprendieron los medios de comunicación. La radio, nació demasiado voluminosa para ser transportada, y cambió de estrategia, y se multiplico situándose en nuestro camino. Siguiendo nuestro rastro y se instaló en la mesilla de noche, en le coche, en el despacho. Cuando su tamaño disminuyo lo suficiente tomó forma de walkman, se agarro a nuestra la cintura mientras hacía trepar por una antena un par de pinganillos que se instalaron en el interior del oído.
Parecido proceso se siguió la televisión, y ya muchos la tenemos en la librería del dormitorio, la cocina, dentro del PC y en el salón, Además la encontramos en el bar, el metro, el rápido avión o el modesto autobús de línea, en el estadio, y quizá terminemos instalándola también en el cuarto de baño, para que siempre la tengamos a mano, (mejor dicho a ojo), para poder echarla un vistazo siempre que nuestra actividad principal sea compatible con mirar hacia otra parte.
El siguiente aparato a apuntarse al proceso fue el teléfono. El viejo teléfono del pasillo de nuestra infancia, destinado a dar servicio a toda la familia o aquel otro teléfono, negro como el hambre, sobre las mesas de los jefes, se multiplico en un incontable número de supletorios de alegres colores que fueron poblando como los anteriores, dormitorio, cocina, salón, y esta vez, con los últimos modelos inalámbricos, el cuartos de baño, (¿acaso no tenéis adolescentes en casa?), y por supuesto cubrieron, ahora de un triste color gris, como sus vidas, las mesas de los empleados, desde la de caoba del empingorotado presidente, al mostrador de formica del mozo de almacén.
Recientemente han dado el salto a nuestro cuerpo como teléfono móvil. Se agarra como garrapata plástica a nuestro cuerpo y hace compañía al reloj en casi todos nosotros. Cuando apareció el móvil, yo, como otros muchos, consideré que era algo "hortera" para gente con afán de "epatar". ¿Quién era el que no puede esperar a ver una cabina, o llamar desde cualquier bar?, ¿quién era "tan importante", que no se puede esperar a que llegue a casa para darle un recado?
Actualmente, hay en mi casa más móviles que personas, pues varios de los miembros de la familia llevamos dos móviles, uno para uso privado y otro para el profesional. !Viva¡, ¡Ole, mis dotes proféticas!
Querido lector, si has llegando a este punto, y decides seguir leyendo mis "profecías", lo harás bajo tu completa responsabilidad, por que ahora llegamos a la "chicha" del articulo, Internet y sus consecuencias, el "Homo Cyborg ", por que el último aparato que se ha venido a unir a la cofradía es el PC.
Ya comienza a estar en casa y lo tenemos en todos los puestos de trabajo, Los coches de lujo, lo tienen camuflado como ordenador de a bordo, nos lo encontramos en hoteles, en cibercafés y en bibliotecas públicas.
Una minoría cada vez más amplia y variopinta, "yupis", repartidores de bebidas refrescantes, revisores de contadores de luz, guardias civiles, vigilantes de zona azul y demás recolectores al por mayor de multas, periodistas, estudiantes, camareros de comida basura.... Una población cada vez más numerosa siente la necesidad de llevar encima un ordenador, en sus distintas versiones, portátil, PAD, Palm, Pocket Pc, Tablet Pc, etc. Por otra parte, los fabricantes no cesan de tentarnos con nuevos productos de la gama como las pantallas flexibles, pero casi han agotado el filón
Hoy sobre todo lo hacen con la conexión wireless, inalámbrica, sean del tipo que sean WWAN, (Wireless Wide Area Network), WLAN, (Wireless Local Area Network) o WPAN (Personal Area Network), y utilicen la técnica que utilicen, de RED DE satélitea a infrarrojos, se llame WI-FI, Bluetooth, o protocolo 802.11b. sea como sea, lo cierto es que en poco tiempo vamos a tener sobre nuestro cuerpo algo más que un PC, vamos a tener Internet.
Cuando esto ocurra, la convergencia entre todos los gadgets que ya llevamos será inevitable, o adquiriremos un aspecto a medio camino entre Gary Cooper en "Solo ante el peligro" el hombre orquesta. Reloj en la muñeca, móvil en el bolsillo de la camisa, walkman en la cintura, televisión en le muslo derecho y palm en le izquierdo. No tiene sentido, cuando lo podemos tener todo en un solo aparato, ¿verdad?.
Hagamos un poco de ciencia ficción, me remango el brazo izquierdo, y ¿que aparece?.... ¿un reloj?,,,, No, naturalmente que no,... Una pantalla que me ocupa medio antebrazo, una pantalla de 10", mucho más grande que la de un móvil actuales, del tamaño de un PAD. Y, ¿que es eso que tiene a un lado?... Una pequeña lente, ¡ah , claro una webcam!, como los teléfonos modernos. Pero... no veo teclado, ni punzón ,ni nada para introducir las ordenes... No, naturalmente, la tecnología ha seguido avanzado y las órdenes son verbales y las recibe desde el chip pegado a la garganta, al lado de la glotis, igual que se comunica contigo a través de otro chip colocado detrás de la oreja,
Bueno dejémonos de sueños, quizá todos los aparatos se concentren en el teléfono móvil y se manejen con los incómodos estiletes de los PDA, (en ese caso el reloj permanecerá donde siempre, tan incombustible como la diskettera, a pesar de lo que diga Dell)
Otro modelo posible, es tener el equipo a nuestro alcance, colgando del cuello en forma de escapulario una pantalla plana con toda la circuitería incorporada que quizá conserve el teclado oculto en la tapa que aparecerá al abrirse el equipo como una pitillera de los 60 o que se escriba directamente sobre ella. Ello nos dará indudablemente un aspecto intermedio entre un centurión romano y un oficial de las SS.
En línea militarista también esta el posible que triunfe el modelo "Piloto de caza", un casco de motorista que al bajar la visera de plástico transparente permite ver una pantalla líquida incorporada. Y que además no nos permite el poder ver al rededor de la pantalla, de modo que podamos detectar, mirando por abajo, los "bolardos" que generosamente reparte le Ayuntamiento por las aceras, con lo que evitaremos dejar traumáticamente nuestros más sensibles órganos en tan peligrosos postes. Por los lados también podremos vigilar de reojo si llegamos a la parada del tren de cercanías en la que nos tenemos que apear.
Aunque, también es posible que la cosa vaya aún más rápida de lo esperado, y en vez de tener el reloj de Dick Tracy en el antebrazo, el espejo de la Madrastra de Blancanieves al cuello, o el siderocasco de Diego Valor, nos implanten un "microchip" en el cuello, un par de "audiochips" bajo las patillas y, no sé si en la nuca o la frente, un tercer chip conectado directamente al cerebro o al nervio óptico, y así adquirimos, al fin, el tercer ojo que desde siempre desearon los budistas.
El caso es que por un lado o por otro llegaremos al "Homo Cyborg", un paso más allá del "Homo Sapiens" y entramos aquí en el estudio de las consecuencias de esta característica de
Internet, pero por hoy la dejamos pues el artículo esta saliendo más largo de lo conveniente..
La semana que viene presentaré las consecuencias que en nuestra vida diaria tendrá sociedad del "Homo Cyborg".
Continuará