>La arquitectura actual de Internet no es inmodificable y ciertos
filtros instalados en el seno de esa misma arquitectura hacen
posible la censura y la ``balcanización'' de la red global. Los
ejemplos de China, Arabia Saudí y una ley de Pensilvania muestran
cómo puede suceder tal cosa.
Cuando los pioneros de Internet diseñaron la arquitectura de
la Red decidieron que esta debía ser lo más sencilla y
``tonta'' posible. No solo no debía tener un punto central
desde el que se ordenaran todas las comunicaciones, sino que,
además y en coherencia con ello, la infraestructura de la red
no debía implementar una sola función que pudiera ser llevada a
cabo por los ordenadores ``clientes''. La red debía ser
``tonta''; la inteligencia debía residir en los márgenes, en
las aplicaciones empleadas por los usuarios. La red debía
limitarse a mover la información de un punto a otro, nada más.
Su creación, clasificación, procesamiento y demás operaciones
inteligentes que puedan hacerse con la información debían ser
competencia de las aplicaciones instaladas en los ordenadores
conectados en los extremos de las redes, es decir, en los
ordenadores de los usuarios.
Este diseño permitiría que la red creciera sin rigideces ni
controles, a partir de la innovación en las aplicaciones. Y
permitiría, también, que nuevas redes se conectaran a la red
global simplemente mediante la incorporación de sus protocolos
básicos, que permanecía abiertos a todos. Uno de estos
protocolos es el Protocolo Internet, más conocido por sus
siglas en inglés: IP.
Dejar que sean las aplicaciones de los clientes, y no de los
servidores, las que creen, distribuyan, clasifiquen y procesen
la información inteligentemente ha supuesto, entre otras cosas,
que la censura estructural no fuera practicable a grandes
niveles. Puesto que solo las aplicaciones de los usuarios
podían acometer ese procesamiento de la información, solo las
aplicaciones, también, podían clasificar, filtrar y bloquear la
información.
Pero la cosa ha ido cambiando.
Según el profesor Jonathan Zittrain, de la Facultad de Derecho
de Harvard y codirector del Centro
Berkman de Internet y Sociedad, ``la red se está dividiendo
crecientemente en cantones''. Una serie de presiones están
convergiendo para modificar la arquitectura de Internet. Los
proveedores de servicios de Internet (PSIs) y sus suscriptores están cada vez
más cansados de soportar grandes cantidades de ``correo
basura'' que congestionan sus redes y buzones de correo
electrónico. Crece la presión para instalar filtros en los
mismos servidores de los PSIs que
bloqueen el tráfico del spam.
Algunos padres y otros sectores sociales quieren que los más
pequeños no se vean acosados o tentados por la pornografía y
otros contenidos inadecuados. Crece la presión para que se
instalen filtros que bloqueen el acceso de los chicos a estos
contenidos. Los gobiernos no quieren que la ideología nazi, el
racismo, el extremismo, o la ideología occidental, las ideas
democráticas o infieles contaminen u ofendan a sus ciudadanos.
Crece la presión para que se filtren estos contenidos en
niveles estructurales de las redes. Las agencias de
inteligencia quieren ``pinchar'' las redes para poder vigilar
ciertas actividades. Los titulares de derechos de autor quieren
que se acabe con el tráfico de canciones, vídeos y demás
materiales ``pirateados'' que circulan libremente por las
redes.
Todas estas presiones convergen para que, allí donde se pueda,
se instalen filtros y controles inteligentes que restrinjan lo
que las aplicaciones de los usuarios pueden obtener y procesar.
La ``inteligencia'' --o ``contrainteligencia'', según se mire--
se instala cada vez más en la misma infraestructura de la red.
Y con ello la red global se puede ir ``balcanizando'',
estableciendo controles y rompiendo el libre flujo de la
información entre redes.
Esto parece estar empezando a suceder debido a las políticas
censoras de algunos gobiernos, autoritarios algunos,
teóricamente democráticos otros.
La censura y las
direcciones IP compartidas
En febrero de 2002, la legislatura del estado de Pensilvania
aprobó una ley para recabar la colaboración de los
PSIs en la lucha contra la
pornografía infantil.
La ley en cuestión obliga a todos los PSIs de Pensilvania a ``eliminar o
impedir el acceso a materiales de pornografía infantil que
residan en, o sean accesibles a través de, su servicio'' para
los ciudadanos del estado. Para ello, el fiscal general del
estado y los fiscales de distrito podrán emitir órdenes de
bloqueo de URLs específicas que
deberán ser cumplidas con prontitud por los PSIs de Pensilvania.
Pero lo que aquí nos interesa es cómo esta ley exige que los
PSIs bloqueen el acceso a
ciertos contenidos y las consecuencias que tal hecho puede
tener. Esto se entenderá mejor si tomamos como ejemplo uno de
los URLs que el fiscal general
de Pensilvania ha dicho que debe ser bloqueado:
www.terra.es/personal8/jenout/, una página personal alojada
en Terra. Y una buena forma de comprender dichas
consecuencias es haciéndonos eco de la respuesta de WorldCom a la orden que le
remitió el fiscal general de Pensilvania el pasado 17 de
septiembre de 2002, por la cual este PSI debía bloquear el acceso a cinco
URLs, entre ellas la mencionada
de Terra. Esta respuesta es un ejemplo de claridad sobre los
problemas técnicos y las consecuencias sociales que el
cumplimiento de dicha orden implica. Merece la pena
reproducir algunos fragmentos:
``(...) no es
técnicamente factible para WorldCom bloquear el acceso a un
sitio en base a su URL si ese
sitio no está alojado en nuestra red. La única solución
técnicamente factible para que WorldCom bloquee el acceso a
tal sitio es mediante el null routing de la dirección IP del sitio, es decir, instruyendo
a los encaminadores (routers) de nuestra red de
Internet para que descarten todos los paquetes IP destinados a esa dirección IP''.
WorldCom sigue explicando que, cuando un usuario teclea en
su navegador web un URL, el
navegador utiliza el Sistema de Nombres de Dominios (SND), que es algo parecido a una serie
de listines telefónicos para Internet, con el fin de buscar
la parte del nombre de dominio del URL que corresponde a una dirección
IP. Por tanto, no es
técnicamente factible bloquear el acceso a estos URLs utilizando el SND.
``Y aunque
fuera técnicamente factible eliminar un nombre de dominio
de los servidores SND de
WorldCom, esta solución no bloquearía el acceso de los
usuarios al URL en cuestión,
de la misma forma que tachar un nombre de un listín
telefónico no impide que la gente llame a ese número de
teléfono. Los usuarios podrían, simplemente, utilizar un
listín telefónico diferentes (por ejemplo, un
resolver SND) o llamar al número directamente
utilizando la dirección IP en
lugar del nombre de dominio''.
Esto supone que para bloquear el acceso a un sitio web
determinado, WorldCom y cualquier PSI debe bloquear, también, el acceso
a todos los sitios web alojados bajo la misma dirección IP.
Por otro lado, WorldCom subraya que tampoco es técnicamente
factible bloquear el acceso a un sitio web solamente a los
suscriptores de su servicio que residen en Pensilvania. Para
bloquear el acceso de los ciudadanos de Pensilvania a un
sitio web debe asimismo bloquear el acceso al mismo de todos
los suscriptores de WorldCom de Estados Unidos.
¿Por qué es esto así? Benjamin Edelman ha realizado un estudio sobre las direcciones IP compartidas. Del mismo se desprende
que un 87 por ciento de los nombres de dominio activos
comparten sus direcciones IP con
uno o más dominios adicionales, y más de dos terceras partes
lo comparten con 50 o más dominios adicionales. Es decir, es
algo habitual en Internet que una única dirección IP albergue varios sitios web y
nombres de dominio distintos que, también muy frecuentemente,
nada tienen que ver entre sí. Un ejemplo muy claro de esto es
el mencionado de Terra. Y esto significa que si un PSI recibe una orden de bloquear el
acceso a www.terra.es/personal8/jenout/, para cumplirla
deberá bloquear el acceso a los miles de páginas web
personales que están alojadas en Terra, con la dirección
IP de este portal. Pero otro
tanto sucede con una mayoría de los sitios web y portales más
populares. Por ejemplo, Yahoo alberga 74.000 sitios web en
una única dirección IP,
Tucows.com utiliza una única dirección IP para 68.000 dominios, etc.
Por consiguiente, leyes como la de Pensilvania y filtros
instalados en los PSIs que
operan en base a direcciones IP
suponen, en la práctica, el bloqueo del acceso a miles de
sitios web que no tienen ninguna relación con el editor del
sitio web cuestionado y/o con los contenidos del mismo. Una
censura injustificada y posiblemente ilegal se instalaría en
la misma infraestructura de la red.
Los ejemplos de
China y Arabia Saudí
Edelman ha estudiado los sistemas de filtrado de contenidos
instalados en China y Arabia Saudí.
En el país árabe encontró un sistema de filtrado
muy efectivo implementado en base a servidores proxy centralizados por los que
pasa todo el tráfico de la Internet del país. La Unidad
de Servicios de Internet (USI) del gobierno opera los enlaces de
alta velocidad que conectan al país con la red global. Aunque
los usuarios saudíes pueden suscribirse a cualquiera de los
PSIs que hay en el país, todo el
tráfico de Internet pasa por los servidores proxy de la USI, que lleva a cabo
el filtrado de los contenidos en base a direcciones IP. Si la página web solicitada por el
usuario se encuentra en la lista negra del gobierno, su
acceso será bloqueado.
El caso chino es más complejo, debido tanto a
las dimensiones de la Internet de este gigantesco país como a
los intereses del gobierno de no quedar desconectado de la
revolución de las comunicaciones, la tecnología y la economía
digitales. Estas necesidades e intereses chocan con la
política dictatorial del gobierno en materia política e
ideológica.
En todo caso, Edelman y su equipo intentaron acceder a
200.000 sitios web, de los cuales 19.032 fueron inaccesibles
en múltiples ocasiones. Al igual que en Arabia Saudí, el
gobierno chino utiliza un sistema de filtrado basado en
direcciones IP centralizado
mediante servidores proxy que
funcionan como pasarela central de todo el tráfico de
Internet.
En muchos casos, tanto en China como en los países
occidentales cuyos PSIs bloquean
el acceso a algunas direcciones IP, al usuario no se le informa sobre
lo que está sucediendo. Puesto que, de hecho, varios
problemas pueden ocasionar que una página web sea inaccesible
(congestión de la red, servidores mal configurados,
encaminadores defectuosos o fuera de servicio, etc.), el
usuario puede llegar a una conclusión equivocada sobre los
motivos por los que no puede acceder a una determinada página
web. La censura resulta ser oculta e inadvertida.
El Centro Berkman está desarrollando una aplicación que los internautas pueden
descargar y que permitirá comprobar qué está filtrado en una
localización concreta de la red, remitiendo los resultados al
Centro para su análisis y documentación.
Es importante que los internautas se percaten de que el
filtrado de Internet es un fenómeno cada vez más extendido.
Empresas, bibliotecas, escuelas, otros puntos de acceso
público, PSIs, gobiernos...
están filtrando los contenidos de Internet por una variedad
de motivos. En algunos casos puede ser algo razonable, pero
en todo caso debería ser algo transparente y sujeto a
procedimientos de regulación pública que permita garantizar
que los derechos fundamentales --como el de la libertad de
expresión y de acceso a la información-- no resulten
lesionados. Al mismo tiempo, es igualmente importante que
reconozcamos que estos filtros y controles suponen un cambio
en la arquitectura tradicional de Internet y que ese cambio
puede implicar, como mínimo, un recorte fundamental de la
autonomía del individuo para decidir por sí mismo sobre la
información a la que quiere tener acceso. Cuestiones ambas de
demasiada trascendencia para que se deje en manos de
gobiernos, instituciones o entidades privadas, sin que los
propios ciudadanos puedan hacer oír su voz. La arquitectura
tecnológica de Internet --espero que haya quedado claro-- no
es una cuestión meramente técnica, sino básicamente política
y afecta directamente a la democratización de nuestras
sociedades.
Este dilema es similar al de que fue primero el huevo o la gallina, Pero para evitarlo se debería poder enrutar de alguna manera por ejemplo: la pornografía y el spam, porque sus dueños es indudable que penetran nuestra privacidad, y la dañan, me ha costado más de un mes bloquear un aviso de Agrandar el Pene que llega especificamente al e-mail de mi esposa, y todavía no estoy seguro de haberlo logrado. Si resolvemos eso, se acabó la excusa para la censura de la cual soy enemigo, ya que comienza con algo aparentemente bueno y deseable y termina cuando nos dicen como y cuando dormir comer, e ir al baño, sin ir más lejos, SI FRENAMOS A LOS DELINCUENTES OFICIALES, FRENAMOS ALOS DELINCUENTES ENCUBIERTOS QUE DESEAN LA SENSURA SOLO PARA LOGRAR SUS FINES, gracias y chau.
Es necesario acelerar la implementación del IPv6 de forma que cada dispositivo, ordenador, persona, ... tenga su propia IP, de forma que si alguien genera Spam, pueda ser localizado facilmente para impedir que vuelva a hacerlo. Para si alguien viola nuestra privacidad que también sea más fácil saber quien fue, cosas que ahora facilmente son ocultables, y que sin duda con el IPv6 también se podrá hacer, pero creo que cosas como el spam, la pornografia, ... serán más fáciles de perseguir.
Saludos
David Carrero Fernández-Baillo
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