Desde el primer día de la guerra contra Irak, los
militares ``aliados'' han intentado controlar los
movimientos y la información transmitida por los
corresponsales de guerra. Y para ello, han llegado a
detener, maltratar, expulsar, amenazar, disparar y
bombardear, con resultado de muertes, a los periodistas
independientes.
El 7 de marzo, Julio A. Parrado era alcanzado por un misil
iraquí al sur de Bagdad. Junto a él, también murió el enviado
especial del semanario alemán Focus, Christian Liebig. Los dos
eran periodistas ``incorporados'' en la Tercera División de
Infantería del ejército norteamericano. En el ataque también
perecieron dos soldados estadounidenses.
Al día siguiente, José Couso, cámara de Telecinco, era
asesinado por la tripulación de un tanque norteamericano que
disparó un proyectil de fragmentación contra el Hotel
Palestina, en Bagdad, donde trabajaban varios periodistas
extranjeros. El cámara ucraniano Taras Protsyuk, de Reuters,
murió en el acto y otros tres trabajadores de esa agencia de
noticias resultaron heridos.
No han sido los únicos. En total, han muerto diez periodistas
y un colaborador, ocho han resultado heridos y dos están
desaparecidos. Reporteros Sin Fronteras ofrece una estadística, triste pero necesaria, sobre
esta lamentable realidad de la guerra.
Pero es preciso subrayar, como hiciera el portavoz de la
familia Couso, que aunque todas las muertes son dolorosas, no
es lo mismo morir por causa de los combates entre las fuerzas
militares que hacerlo por un acto deliberado y, por lo tanto,
criminal. En la jerga inmoral de los terroristas y los
``canallas'' que han promovido esta guerra injusta, todo cae
bajo el cruel manto de los ``daños colaterales''. Pero cuando
el lenguaje no es corrompido por la inmoralidad, todos sabemos
distinguir entre unas muertes y otras para emplear, con rigor,
el término asesinato y el de crímenes de guerra.
En todo caso, esta profesión, el periodismo, en la que medran
tantos empleados sumisos al poder y personas sin escrúpulos,
que se autojustifican falazmente para vivir del periodismo
basura, es también una profesión dignificada por la gran
cantidad de profesionales que buscan honestamente la
información veraz y valiosa. Es entonces cuando brilla con todo
el esplendor de los mejores valores de nuestra civilización: la
verdad, la libertad, el compromiso moral...
Sin esos periodistas, que resultan tan necesarios para la
libertad y el progreso moral de la sociedad, nos sería mucho
más difícil conocer la verdad y hacernos cargo de nuestra
muchas veces lamentable condición humana.
Cuando le preguntaban a Fernando Castelló, presidente de
Reporteros Sin Fronteras, en un chat de El Mundo, cuál era la diferencia entre los
riesgos que corre un albañil en su trabajo y los de un
corresponsal de guerra en el desempeño de su labor profesional,
respondió: ``El `accidente laboral' de un periodista mientras
desempeña su labor informativa afecta a un derecho del que es
simple depositario: el de los ciudadanos a estar informados
para ser libres''. Julio A. Parrado y José Couso trabajaban
para que todos fuéramos un poco más libres.
``Incorporado'' y
controlado, o libre y amenazado
``Muchos periodistas han sido tiroteados, otros han sido
interpelados e interrogados durante varias horas, algunos han
sido maltratados, golpeados y humillados por las fuerzas de
la coalición''. Quien así se expresaba era Robert Ménard, secretario general de
Reporteros Sin Fronteras.
El 22 de marzo, un equipo de televisión de la cadena
británica ITN se vio sorprendido por los disparos de las
fuerzas norteamericanas y británicas en Iman Anas, cerca de
Basora, mientras circulaban en dos automóviles civiles
claramente identificados con el rótulo ``TV''. El
corresponsal Terry Lloyd fue encontrado muerto y el cámara
Daniel Demoustier, herido. Otros dos miembros del equipo, el
cámara francés Frédéric Nerac y el intérprete libanés Husein
Othman, han sido dados por desaparecidos. Reporteros Sin
Fronteras (RSF) y la Federación
Internacional de Periodistas (FIP) aún siguen esperando las
explicaciones solicitadas a las autoridades militares de la
llamada ``coalición''. La FIP ha dicho que hay testimonios de
testigos que acusan a los Estados Unidos de disparar
deliberadamente a vehículos de televisión claramente
identificados.
El 25 de marzo, cuatro periodistas no ``incorporados'' en
las unidades militares de la coalición --Dan Scemama, de
la televisión Canal Uno de Israel; Boaz Bizmuth, del diario
israelí Yediot Aharonot, y Luis Castro y Victor Silva, de la
Radio Televisión Portuguesa-- fueron detenidos por las
tropas norteamericanas mientras dormían en un lugar situado a
unos 110 kilómetros al sur de Bagdad, entre las ciudades de
Kerbala y Najaf.
Aunque llevaban consigo los carnés de prensa, los militares
les acusaron de espionaje y los detuvieron durante más de 48
horas. Durante ese tiempo, fueron amenazados, maltratados y
encerrados e incomunicados en un todoterreno durante 36
horas, sumiendo a sus medios y familias en una gran
inquietud. ``Los soldados norteamericanos han decidido que
éramos terroristas y espías, y nos han tratado como tales'',
ha dicho Dan Scemama. ``Quieren que todos los periodistas que
están en Irak tengan cerca un capitán encargado de supervisar
las imágenes que transmiten y esta es, sin duda, la razón por
la que nos han tratado de forma tan cruel''.
Cuando fueron detenidos, los periodistas se dirigían hacia
el sur desde Bagdad, después de que las fuerzas
norteamericanas les dijeran que no podían trabajar en la zona
sin la protección adecuada contra ataques químicos. Según
cuentan los propios periodistas, los militares les obligaron
a tumbarse boca abajo en el suelo. Castro afirmó que los
militares les pisaron las manos y les mantuvieron en el suelo
durante más de 30 minutos.
Cuando Castro pidió que le dejaran telefonear a sus
familiares, los soldados le arrojaron al suelo y le colocaron
sus botas sobre las manos, cuello y espalda. Luego, le
patearon y rompieron las costillas, por lo que tuvo que ser
hospitalizado después de que les expulsaran del país. Durante
ese calvario, algunos de ellos fueron esposados y a todos les
mantuvieron sin comida, les confiscaron las cámaras, los
teléfonos y el coche.
Estos y otros periodistas han subrayado que los militares
norteamericanos hacían todo lo posible para que ningún
reportero pudiera moverse de forma independiente en Irak.
Numerosos testimonios de periodistas en Kuwait han insistido
en que colegas suyos no ``incorporados'' en las unidades
militares han sido interrogados durante horas, amenazados y
finalmente expulsados por soldados británicos y
norteamericanos cuando intentaban pasar la frontera entre
Kuwait e Irak.
Este fue el caso de Phillip Smucker, periodista del
Christian Science Monitor y veterano corresponsal en el
extranjero que trabajaba también para el Daily Telegraph de
Londres. Smucker fue detenido el 27 de marzo y expulsado a
Kuwait, tras haber viajado por el sur de Irak junto a una
unidad de marines norteamericanos, pero no ``incorporado'' en
ella. Según el Washington Post, mientras era conducido a la
frontera con Kuwait, los militares le negaron todo contacto
con su familia y su periódico.
Megan Fox, portavoz de la Oficina de Relaciones Públicas del
Departamento de Defensa de Estados Unidos, dijo que, durante
una entrevista concedida por Smucker a la CNN el 26 de marzo,
el periodista había revelado información sensible. Sin
embargo, Paul Van Slambrouck, editor del Monitor, escribió
poco después del incidente que había leído ``la transcripción
de la entrevista con la CNN y que no nos pareció que
desvelara nada que no fuera ya ampliamente conocido''.
Slambrouck añadió que Smucker había realizado una entrevista
similar en la Radio Pública Nacional de Estados Unidos el día
anterior sin ningún problema.
La FIP ha protestado por las restricciones impuestas a los
periodistas que no viajan ``incorporados'' en las unidades
militares y por lo que considera una ``discriminación
inaceptable'', como también lo es el control militar impuesto
sobre los medios de comunicación.
Christophe Maria Fröhder, de 60 años, corresponsal de guerra
freelance, que trabaja para el
primer canal de la televisión alemana ARD y varias veces
premiado en su país, ha cubierto numerosos conflictos, desde
el de Vietnam en 1969 hasta el de Irak, pasando por Camboya,
Somalia, Bosnia y Kosovo. Fröhder ha contado que sus contactos militares le
dijeron que las tropas no iban a tener ninguna consideración
con la prensa. El ejército había seleccionado novecientos
periodistas --seiscientos, según otras fuentes--
para que ejercieran su labor ``incorporados'' en unidades
militares bajo su control y protección, y los que no
estuvieran ``incorporados'' --alrededor de tres mil en
toda la región-- podrían equipararse a combatientes o
blancos normales. Terrible presagio de lo que más tarde
habría de sucederles a los periodistas asesinados por las
bombas norteamericanas en las oficinas de Al Yazira y en el
hotel Palestina.
En una entrevista con la radio irlandesa, la
veterana corresponsal de guerra de la BBC Kate Adie afirmó
que el Pentágono es ``completamente hostil a la libre
difusión de la información''. Adie contó cómo un alto oficial
le había dicho en el Pentágono que si las señales de satélite
de las emisoras eran detectadas por el ejército, serían
objetivos a destruir, aunque hubiera allí periodistas.
``Están avisados'', dijo el oficial.
Por su parte, los periodistas ``incorporados'' en las
unidades militares han estado severamente controlados.
Richard Gaisford, reportero ``incorporado'' de la BBC, dijo
que ``tenemos que pasar controles con cada información. Y el
capitán, que es el oficial de enlace con los medios, pasará
la información al coronel y este a los cuarteles generales de
la brigada''.
Y cuando no eran los militares, eran los propios medios para
los que trabajaban u otros los que se encargaban de censurar
o ignorar las informaciones que no entraban en el guión.
William Branigin, corresponsal de Washington Post, envió su
crónica sobre la matanza de civiles por
soldados norteamericanos que tuvo lugar en un puesto de
control militar en las afueras de Najaf, y de la que fue
testigo ocular. Según su relato, los soldados no realizaron
los disparos de advertencia, que su capitán les ordenó por
radio desde su puesto de mando, a una camioneta que se acercó
al control. ``¡Acaban de matar a una familia porque no
hicieron un disparo de advertencia en su momento!'', gritó el
oficial.
El Washington Post publicó en la Web el relato de Branigin
la noche del 31 de marzo y apareció en la versión impresa del
diario el 1 de abril. La mayoría de los medios
norteamericanos ignoraron el relato de Branigin y volcaron en
sus páginas y en las pantallas la versión oficial: los
soldados les ordenaron que pararan, no pararon, hicieron
varios disparos de advertencia, no pararon, dispararon al
radiador, no pararon... finalmente tuvieron que abrir
fuego contra la camioneta con el trágico resultado de diez
personas muertas, siete de ellas mujeres y niños. Ni siquiera
el ponderado y crítico New York Times se hizo eco del
reportaje de Branigin. Pero lo que es peor es que el mismo
Washington Post prefirió ignorar el 2 de abril su propia
información publicada el día anterior y dio una versión menos
inquietante.
Trabajadores de TVE han denunciado la manipulación y la censura
que se ha practicado en ese canal televisivo público antes y
durante la guerra de Irak.
Bombas contra la
prensa
El Ministerio de Información iraquí ha sido objeto de varios
bombardeos en las madrugadas del 29 y el 30 de marzo. En los
tejados de este edificio, los corresponsales de los medios de
comunicación extranjeros habían instalado un campamento de
tiendas de campaña, el cual fue seriamente dañado en el
primer ataque. Los periodistas habían abandonado sus puestos
menos de una hora antes de los bombardeos, que podían haber
causado numerosas víctimas.
En la noche del 25 al 26 de marzo, la televisión iraquí fue
bombardeada por las fuerzas anglo-americanas. Los
locales quedaron muy dañados y la programación quedó
interrumpida durante varias horas. Responsables de la
coalición declararon que esta operación tenía como objetivo
eliminar el sistema de comunicación de Sadam Husein con el
pueblo y el ejército iraquíes. Incluso el mismo Secretario de
Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, dijo el 23 de
marzo que las fuerzas de la coalición podían atacar las
oficinas de la televisión y la radio iraquíes. Estas
declaraciones fueron efectuadas después de que la televisión
iraquí difundiera las polémicas imágenes de los soldados
norteamericanos capturados y los cuerpos ensangrentados de
otros. Todo ello muestra que la televisión iraquí fue
deliberadamente bombardeada.
Reporteros Sin Fronteras pidió a la Comisión Internacional
de Establecimiento de Hechos que investigara estos hechos, ya
que podían ser constitutivos de un delito de violación del
derecho internacional humanitario. ``Un medio de comunicación
no es un objetivo militar según el derecho internacional, sus
equipos e instalaciones son bienes civiles y están protegidos
como tales por la Convención de Ginebra. Solo una
investigación objetiva e imparcial podrá determinar si hubo o
no violación de la Convención de Ginebra'', manifestó Robert
Ménard.
En términos similares se expresó la Federación Internacional
de Periodistas. ``Este ataque requiere una investigación de
las Naciones Unidas. Es un acto de violenta censura que viola
la Convención de Ginebra''. La FIP dijo que las alegaciones
de los portavoces del Centro de Mando estadounidense
pretendiendo que la cadena de televisión formaba parte de
``los elementos claves de mando y control del régimen'' no
tenían ningún fundamento. Para esta organización, el ataque
fue una furiosa respuesta a la emisión por esta televisión de
las mencionadas imágenes. Según la FIP, no se puede pretender
que la televisión iraquí fuera un objetivo militar y ``solo
las instituciones que estén siendo utilizadas para fines
militares pueden ser objetivos legítimos en tiempos de
guerra''.
El conocido canal de televisión Al Yazira ha sido objeto de
un hostigamiento permanente. El 28 de marzo, un cámara y su
equipo recibieron los disparos de tanques británicos mientras
filmaban una distribución de alimentos organizada por el
gobierno iraquí en Basora. Akil Abdel Reda, camarógrafo del
canal, que entonces se dio por desaparecido, estuvo retenido
durante doce horas por las fuerzas de la coalición.
El 2 de abril, la oficina que Al Yazira tenía en Basora fue
atacada por un obús, según el canal, de forma directa y
deliberada. El 7 de abril, un automóvil de este canal fue
alcanzado por disparos de las tropas norteamericanas en una
autopista, en las afueras de Bagdad, a pesar de ir claramente
identificado con las siglas de la televisión.
Pero lo peor llegó la mañana del 8 de abril. Las bombas de
la coalición cayeron sobre las oficinas de Al Yazira en
Bagdad y mataron al corresponsal Tariq Ayub, palestino de
nacionalidad jordana, e hirieron gravemente al cámara Zuhair
al-Iraqi. Un colega de ambos, Maher Abdullah, recordaba
después cómo vieron el disparo del avión norteamericano tras
dar un brusco giro y descender súbitamente hacia el edificio.
``El avión estaba volando tan bajo que los que estaban en la
planta de abajo pensaron que iba a aterrizar en el tejado.
Oímos cómo disparaba el cohete. Fue un golpe directo. El
misil explotó contra nuestro generador eléctrico. Tariq murió
casi en el acto. Zuhair quedó herido''.
No pudo tratarse de un error. Al Yazira había comunicado al
Pentágono en varias ocasiones cuáles eran las localizaciones
de sus oficinas en Bagdad y en todo Irak. Además, habían
colocado grandes pancartas en las fachadas de las oficinas
con la inscripción ``TV''.
Conviene recordar que Al Yazira ya fue bombardeada por las
fuerzas norteamericanas en la capital de Afganistán, Kabul,
en 2001. Reporteros Sin Fronteras ha pedido explicaciones y
la realización de una investigación sobre estos hechos, como
ya hiciera después del bombardeo de las oficinas de la
televisión iraquí.
En una carta dirigida a Kenneth Keith, presidente
de la Comisión Internacional Humanitaria para el
Establecimiento de Hechos, Robert Ménard expone: ``El 1 de
abril, Reporteros Sin Fronteras se dirigió a usted, tras el
bombardeo de la televisión iraquí. Nuestra organización
deseaba que usted ejerciera su debida iniciativa para que la
Comisión Internacional de Establecimiento de Hechos pudiera
investigar sobre las violaciones de la Convención de Ginebra
cometidas contra periodistas y medios de comunicación que
actualmente cubren el conflicto''. Más adelante manifiesta:
``Hoy, y sin haber tenido respuesta de su parte, Reporteros
Sin Fronteras le requiere de nuevo para que la Comisión
entienda, sin esperar más, sobre las nuevas exacciones
cometidas en Irak''.
Ese mismo día, 8 de abril, un tanque norteamericano lanzó su
bomba asesina contra el Hotel Palestina y mató a José Couso y
al cámara ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters,
mientras filmaban al tanque. Otros periodistas de Reuters
resultaron heridos.
La mentira
``El tanque fue el blanco del disparo de un cohete anticarro
y de otras armas procedentes del hotel. Contestó solo una
vez'', declaró el general Buford Blount, comandante de la
Tercera División de Infantería de Estados Unidos. Según su
versión de los hechos, había francotiradores en el hotel.
Mentira.
Un vídeo de más de cuatro minutos filmado por el canal
francés France 3, así como los testimonios de los
periodistas, indican que, en el momento de los hechos, la
situación en la zona era tranquila y reinaba el más absoluto
silencio, y que el tanque Abrams se tomó su tiempo para
apuntar y ajustar el cañón antes de disparar contra el hotel.
No hubo ataques previos contra el tanque.
Joseba Iriondo, corresponsal de Euskal Irrati Telebista en
Bagdad, ha confirmado todos estos extremos y ha subrayado que
la sofisticada tecnología de los tanques Abrams
norteamericanos, que él mismo ha podido conocer de cerca,
incluye sistemas de visión e identificación de objetos tales
que cree imposible confundir a una persona con una cámara de
TV con un francotirador. Él no se lo cree y nosotros tampoco.
``En estos momentos, solo podemos sospechar y acusar el
ejército norteamericano de haber usado a los periodistas como
blancos, deliberadamente y sin aviso previo. Será el ejército
norteamericano quien tenga que aportar la prueba de que no se
trató de un acto deliberado, destinado a disuadir e impedir
que los periodistas continúen trabajando en Bagdad'',
manifestó Robert Ménard, secretario general de Reporteros Sin
Fronteras.
En referencia a este asesinato y al perpetrado el mismo día
contra Al Yazira, Aidan White, secretario general de la FIP,
dijo: ``No existe ninguna duda de que todos estos ataques han
sido dirigidos contra los periodistas. Si es así, hay graves
y serias violaciones de la ley internacional''. Tras mostrar
su repugnancia por estos asesinatos, White enfatizó que ``los
responsables deben ser llevados ante la justicia''.
Siguiendo con su papel vergonzante en esta guerra ilegal,
injusta e inmoral, el gobierno español, por medio del
Ministerio de Defensa, se atrevió a participar en la mentira
y a repetir, con acento tejano, la voz de su amo. El 6 de
abril, un portavoz de ese ministerio manifestaba que la
coalición había declarado ``objetivo militar'' al Hotel
Palestina, argumentando que allí se reunían algunos
responsables iraquíes, y que los periodistas que trabajaban
en él habían sido advertidos. Mentira. Una mentira tras otra.
Una de dos: o se bombardeó el hotel porque se había disparado
desde él contra el tanque, o se bombardeó el hotel porque era
un objetivo militar. Pero las dos cosas no pueden ser ciertas
al mismo tiempo. Aunque sí pueden ser falsas al mismo tiempo.
En el colmo de la desfachatez y de la falta de pudor y
vergüenza, el gobierno español recomendaba a los medios de
comunicación españoles que retiraran a sus corresponsales de
Bagdad ``ante el temor de que puedan ser utilizados por el
bando iraquí como objetivos militares''.
El hostigamiento de
las autoridades iraquíes
Algunos lectores de mis anteriores artículos sobre esta
guerra creen que no he sido imparcial. Pues bien, ¿cuál ha
sido la actitud de las autoridades iraquíes con los
periodistas extranjeros?
Para Alberto Sotillo, enviado especial a Bagdad de El
Correo, ``el ejército iraquí, hasta ahora, no ha jugado tan
sucio ni ha acercado sus armas a estos dos recintos'', en
referencia a los hoteles Palestina y Sheraton.
Paradójicamente, el gobierno iraquí sí ha hostigado al canal
Al Yazira, llegando a prohibirle seguir con su labor
informativa en Bagdad. La televisión árabe molestaba a unos y
a otros. Pero al menos los iraquíes no les bombardearon hasta
la muerte.
Sin embargo, Reporteros Sin Fronteras ha protestado por el trato dado por las
autoridades iraquíes a los periodistas extranjeros en Bagdad.
``Las autoridades iraquíes tienen una actitud escandalosa,
de desprecio y hostil, hacia los periodistas extranjeros que
están cubriendo la guerra desde Bagdad y las demás ciudades
del país'', dijo Robert Ménard.
Cuatro periodistas fueron acusados de espionaje y
encarcelados durante una semana. Diez periodistas fueron
expulsados del país.
El 2 de abril, el gobierno iraquí prohibió al corresponsal
de Al Yazira en Bagdad, Diyar al-Omari, que continuara
con su trabajo y ordenó a otro reportero del canal, Tayssir
Allouni, que abandonara inmediatamente el país.
Ese mismo día, las autoridades iraquíes expulsaron del país
a cuatro periodistas acusados de espionaje, después de
haberlos mantenido en la cárcel durante una semana. Dos de
ellos eran corresponsales del diario neoyorquino Newsday; los
otros dos eran fotógrafos independientes.
Otros periodistas fueron detenidos y confinados en varios
hoteles antes de ser expulsados del país. Se dio la
circunstancia de que algunos de ellos fueron previamente
perseguidos por la policía militar británica y estadounidense
tras su entrada en Irak por la frontera kuwaití.
Que la prensa ha sido siempre algo molesto para los
dictadores es algo bien sabido y en torno a lo cual no hay
polémica. Pero resulta mucho más complicado mostrar y
demostrar que, lamentablemente, muchos periodistas también
resultan molestos para los gobiernos ``democráticos'' que
dirigen operaciones criminales contra un país para invadirlo,
ocuparlo y someterlo a sus intereses. Son tan molestos que
los matan a cañonazos.
Matar al
mensajero... y al mensaje
Un senador norteamericano dijo, en plena Primera Guerra
Mundial, que la primera víctima en todo conflicto bélico es
la verdad.
En esta guerra brutal, las tropas norteamericanas y
británicas, y los gobiernos que las mandan, no solo han
pretendido matar la verdad, sino también a sus mensajeros.
Los bombardeos contra Al Yazira y el hotel Palestina son, sin
duda alguna, crímenes de guerra. Los responsables de esos
crímenes son criminales de guerra y deberían ser juzgados por
ello.
Todos hemos muerto un poco en Irak. Algunos han muerto
abatidos por las bombas asesinas. Otros, en particular los
ciudadanos de Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Australia
y otros países de esa infame ``coalición'' de la muerte hemos
quedado lisiados moralmente. Si toda una generación quedó
marcada por la barbarie de las dos guerras mundiales y del
nazismo, si otra generación creció y tuvo que superponerse a
la guerra genocida contra Vietnam, ahora otra generación
tendrá que descubrir qué ha sucedido realmente durante estos
días en Irak, escribir la verdadera historia de las bombas,
de los más de mil --¿cuántos más?-- civiles muertos
y las decenas de miles de heridos, de los que caerán cuando
los fragmentos de las bombas de racimo que han quedado
esparcidos por todo el país exploten, tal vez por el inocente
juego de un niño, de los que seguirán muriendo por los
efectos letales del uranio empobrecido cargado en las bombas
de 1991 y quién sabe si en las de 2003, de los que caerán
cuando estallen las luchas entre las etnias y las creencias
que la nueva pax americana será
incapaz de encauzar, porque su emperador de Washington es
incapaz de resolver pacíficamente los conflictos, de los
espurios intereses políticos y económicos que están en la
raíz de esta guerra de ocupación, de los que han enterrado la
verdad en sus salas de prensa y en sus salas de redacción, de
los que han enterrado su conciencia moral en un oscuro
calabozo de su corazón...
No podemos devolver a la vida a Julio A. Parrado ni a José
Couso, ni a tantos otros periodistas muertos en suelo iraquí,
ni a las víctimas civiles inocentes de esta barbarie, pero
tenemos la obligación, para con ellos, para con el pueblo
iraquí y para con nosotros mismos, de devolver la vida a la
verdad por la que aquellos murieron. Nunca les olvidaremos.
Otros artículos de
Javier Villate relacionados con la guerra de Irak publicados en
DiarioRed:
Claro, claro, y en cambio los irakíes eran unos angelitos con los periodistas, porque Vd, por ejemplo, despacha con benevolencia lo ocurrido a los de Newsday, entre los que omite señalar que uno de ellos también era español, concretamente de Barcelona.
Pero para que se entienda lo ocurrido en Irak hay que explicarlo todo. Entre otras cosas, que los enviados extranjeros:
- tenian que someterse a una férrea censura en hasta tres fases, que incluía escenas "montadas" en hospitales, particularmente en los primeros días en los que antes de dejar filmar los iraquies tiraban sangre al suelo
- para poder permanecer en el país y no ser expulsados, todos los periodistas extranjeros tenían que pagar "sobornos" de 150 USD por persona y 100 por cámara y por ordenador, algo que sería inaceptable en cualquier lugar pero que por lo visto no le molesta a Vd en este caso. Y ello por no hablar de acosos, robos de material y ordenadores, cuando oficiales del régimen de Saddam entraban en plena noche en las habitaciones de los periodistas en el Hotel Palestina y se llevaban esos equipos con la amenaza de que si se quejaban serían expulsados (y eso incluye al enviado del NY Times -el diario más en contra de la guerra en los EE.UU) tal como narraba hace unos días; igual que narraba "recolecciones" del viceministro de informacion (no el pirao, no, su ayudante) el día antes de la caída de Bagdad, que recolectó entre los periodistas presentes 200,000 dólares en efectivo con el persuasivo argumento de un arma en la mano. Se supone que más de un medio español pagó, porque eran mayoría entre los que quedaban
- tenian que ir acompañados en todo momento por un oficial del ministerio de informacion que les decía con quien hablar y a donde ir... algo que prácticamente ningun medio español comentaba pero que desvirtua todas esas imágenes de iraquies jurando defender al de la boina con su vida. La mayoría de medios NOS ESTABAN ENG´ÑANDO TRANSMITIENDO UNA INFORMACION ABSOLUTAMENTE DISTORSIONADA, al callar algo que, de saberse, haría interpretar esa informacion de manera muy distinta
- curiosamente, ¿sabe Vd quien fue uno de los pocos que denunciaron estas cosas? Pues nada menos que los de Tele 5, es decir, Jon Sistiaga y ***José Couso*** si, el mismo. Qué curioso que los malditos yanquis asesinaran precisamente a uno de los que más claro hablaban de las atrocidades del régimen de Saddam y de los atentados a la libertad de informacion de los medios extranjeros por parte de las "autoridades" irakíes. ¡Con la de periodistas anti-americanos que había pululando por all!í. Si es que los americanos además de malos malísimos son una pandilla de idiotas, claro.
En definitiva, señor villate, puedo comprender que quiera Vd convertirse en una especie de versión hispana de Noam Chomsky, el santón de la progresía desnortada. Pero por lo menos mantenga un poco la apariencia de objetividad, aunque sólo sea un poquito. Y recuerde que cuando uno acusa a alguien de asesinato debe hacerlo con pruebas: por algo se inventó la expresión "presunto", y es que se es inocente hasta que no se DEMUESTRA lo contrario, y eso no sólo vale para sus amigos, querido sr. Villate. Vale para todos.
Esta será la última vez que me moleste en replicar a este dechado de
objetividad que es un tal "Kemasdá".
Me recuerda --aunque me temo que con una perspectiva justamente situada
en el extremo opuesto-- a esos otros que, cuando he denunciado la falta
de libertades en el régimen del dictador Castro, me tiran de las orejas
por mi falta de objetividad y callar sobre los altos niveles de
asistencia sanitaria y educación alcanzados en Cuba, sobre todo en
comparación con otros países de su entorno.
En los dos casos, a mis críticos no les interesa la objetividad, sino
glorificar a la dictadura castrista o a la barbarie bushiana. Es bien
conocido y manido su recurso: "oiga, usted solo menciona lo que le
interesa y se olvida de...". Como si lo que otros hacen mal o unos
mismos hacen bien sirviera de excusa para lo que se hace rematadamente
mal. Porque quienes todavía no hemos sacrificado nuestra moral en los
altares de la fidelidad a un régimen u otro sabemos distinguir.
Distinguimos entre el "presunto" --algo tengo que aprender del tal
"Kemasdá", caramba-- asesinato de periodistas y los controles. Aunque
nos opongamos a todas las violaciones de los derechos humanos, todavía
no hemos perdido nuestra capacidad para distinguir entre controlar a
alguien y eliminarlo.
Kemasdá es tan burdo que me riñe por mi falta de objetividad, ya que no
he hablado de "presunto" asesinato. Y termina: "se es inocente hasta que
no se DEMUESTRA lo contrario, y eso no solo vale para sus amigos,
querido Sr. Villate. Vale para todos". Pues vale, Kemasdá, digamos que
también vale para Vd. ¿No debería Vd. haber utilizado la palabrita de
marras --el mágico término "presunto" que cierra y abre las puertas de
la objetividad-- en, al menos, dos de sus párrafos unas cuantas veces?
Porque los "sobornos", los "acosos", los "robos de material y
ordenadores", las "amenazas", los controles llevados a cabo por las
autoridades iraquíes sobre con quién debían hablar y a dónde debían ir
los periodistas, etc., etc. de los que Vd. habla serán, digo yo,
"presuntos" hasta que no se demuestre lo contrario. ¿O lo que debe valer
para todos, según Vd., no vale para Vd.? ¿Me he explicado o se lo
explico en arameo? La honestidad consiste en buscar la verdad.
Querido Villate: no tienes remedio. Parece extrañarte que cuando alguien acusa a otro de falta de objetividad, le esté diciendo que no es objetivo... vaya vaya.
Y en una nueva vuelta de tuerca, me acusas de caer en lo que te critico. Así que, para tí, superexperto de lo que ha ocurrido en Iraq, ¿no es cierto que los de newsday estuvieron detenidos? ¿no es cierto lo del papel de los oficiales del ministerio de informacion en la tarea de os corresponsales extranjeros? ¿estaba mintiendo Jon Sistiaga y José Couso? ¿estás acaso dando a entender que José Couso estaba mintiendo? ¿por qué lo haría?
¿no te sirven las pruebas testificales? ¿en base a qué, entonces, te permites calificar de asesinato lo que ocurrió en el Hotel Palestina? ¿¿podrías hacer públicas las pruebas documentales (ya que por lo que dices las testificales no te sirven) de que dispones?
Como hacéis todos los fanáticos cuando os acusan de no aportar pruebas, intentáis dar la vuelta a esa acusación proyectándola a quienes denuncian vuestra marrullería moral. según tú tengo que "probar" esas acusaciones que están en todas las hemerotecas y en archivos audiovisuales accesibles hasta a niños de parvulario, y que tú desconoces (u ocultas para que no te estropee tu diatriba). No tienes más que salir del cerco de tu miopía informativa y leer más, no sólo a los ridículos Chomsky o Fisk. Lee más. Y no me hagas trabajar para cubrir tu holgazanería informativa. Me dices que la honestidad es buscar la verdad, pero luego resulta que pretendes que te la den hecha.
Por cierto que en el juego ridículo del "y tú más" sobre lo que es presunto y lo que no, es muy caricaturizarlo. No me has llamado "preunto Kemasdá", todo y no tener pruebas de que soy quien soy. Y te recomiendo firmes tus bodrios como "presunto Villate" hasta que no demuestres fehacientemente que quien escribe eres tú.
Aunque no me va a importar demasiado, porque tú quizás no me respondas, pero no lo sabré porque no pienso leerte (¿o debo decir "presuntamente leerte?)
Entre los nutridos ejemplos de botaratería que he encontrado en la Red, debo reconocer que Kamasdá es uno de los más notables. Llevo leyendo al señor Villate varios años y pese a que he disentido con él en numerosas ocasiones, su trabajo merece el respeto intelectual a quien escribe con honestidad. En este caso, además, con razón. De ahí a leer los dislates del botarate de Kemasdá hay un trecho. Se puede ser más sofista, marrullero e irrespetuoso de la verdad, pero ciertamente no tan desconsiderado y parcial. Característica que encuentro en muchos de entre aquellos que defienden a capa y espada esta guerra, no sé por qué extraña razón. Que se aplique su nombre, que refleja fielmente su actitud: que más da que mueran periodistas, que más da que se destruya la verdad, que más da que se pisotee el derecho internacional, que más da...
Mis cumplidas felicitaciones al Sr. Villate por su artículo tan pleno de su acostumbrada objetividad y valentia ; Lo que no puedo decir lo mismo de los distorcionadores e insolentes comentarios del tal Kemasdá ,