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ANÁLISIS
Cibersociedad
Matar al mensajero. En memoria de Julio A. Parrado y José Couso
Javier Villate 15/04/2003, 21:47:51
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Desde el primer día de la guerra contra Irak, los militares ``aliados'' han intentado controlar los movimientos y la información transmitida por los corresponsales de guerra. Y para ello, han llegado a detener, maltratar, expulsar, amenazar, disparar y bombardear, con resultado de muertes, a los periodistas independientes.

El 7 de marzo, Julio A. Parrado era alcanzado por un misil iraquí al sur de Bagdad. Junto a él, también murió el enviado especial del semanario alemán Focus, Christian Liebig. Los dos eran periodistas ``incorporados'' en la Tercera División de Infantería del ejército norteamericano. En el ataque también perecieron dos soldados estadounidenses.

Al día siguiente, José Couso, cámara de Telecinco, era asesinado por la tripulación de un tanque norteamericano que disparó un proyectil de fragmentación contra el Hotel Palestina, en Bagdad, donde trabajaban varios periodistas extranjeros. El cámara ucraniano Taras Protsyuk, de Reuters, murió en el acto y otros tres trabajadores de esa agencia de noticias resultaron heridos.

No han sido los únicos. En total, han muerto diez periodistas y un colaborador, ocho han resultado heridos y dos están desaparecidos. Reporteros Sin Fronteras ofrece una estadística, triste pero necesaria, sobre esta lamentable realidad de la guerra.

Pero es preciso subrayar, como hiciera el portavoz de la familia Couso, que aunque todas las muertes son dolorosas, no es lo mismo morir por causa de los combates entre las fuerzas militares que hacerlo por un acto deliberado y, por lo tanto, criminal. En la jerga inmoral de los terroristas y los ``canallas'' que han promovido esta guerra injusta, todo cae bajo el cruel manto de los ``daños colaterales''. Pero cuando el lenguaje no es corrompido por la inmoralidad, todos sabemos distinguir entre unas muertes y otras para emplear, con rigor, el término asesinato y el de crímenes de guerra.

En todo caso, esta profesión, el periodismo, en la que medran tantos empleados sumisos al poder y personas sin escrúpulos, que se autojustifican falazmente para vivir del periodismo basura, es también una profesión dignificada por la gran cantidad de profesionales que buscan honestamente la información veraz y valiosa. Es entonces cuando brilla con todo el esplendor de los mejores valores de nuestra civilización: la verdad, la libertad, el compromiso moral...

Sin esos periodistas, que resultan tan necesarios para la libertad y el progreso moral de la sociedad, nos sería mucho más difícil conocer la verdad y hacernos cargo de nuestra muchas veces lamentable condición humana.

Cuando le preguntaban a Fernando Castelló, presidente de Reporteros Sin Fronteras, en un chat de El Mundo, cuál era la diferencia entre los riesgos que corre un albañil en su trabajo y los de un corresponsal de guerra en el desempeño de su labor profesional, respondió: ``El `accidente laboral' de un periodista mientras desempeña su labor informativa afecta a un derecho del que es simple depositario: el de los ciudadanos a estar informados para ser libres''. Julio A. Parrado y José Couso trabajaban para que todos fuéramos un poco más libres.

``Incorporado'' y controlado, o libre y amenazado

``Muchos periodistas han sido tiroteados, otros han sido interpelados e interrogados durante varias horas, algunos han sido maltratados, golpeados y humillados por las fuerzas de la coalición''. Quien así se expresaba era Robert Ménard, secretario general de Reporteros Sin Fronteras.

El 22 de marzo, un equipo de televisión de la cadena británica ITN se vio sorprendido por los disparos de las fuerzas norteamericanas y británicas en Iman Anas, cerca de Basora, mientras circulaban en dos automóviles civiles claramente identificados con el rótulo ``TV''. El corresponsal Terry Lloyd fue encontrado muerto y el cámara Daniel Demoustier, herido. Otros dos miembros del equipo, el cámara francés Frédéric Nerac y el intérprete libanés Husein Othman, han sido dados por desaparecidos. Reporteros Sin Fronteras (RSF) y la Federación Internacional de Periodistas (FIP) aún siguen esperando las explicaciones solicitadas a las autoridades militares de la llamada ``coalición''. La FIP ha dicho que hay testimonios de testigos que acusan a los Estados Unidos de disparar deliberadamente a vehículos de televisión claramente identificados.

El 25 de marzo, cuatro periodistas no ``incorporados'' en las unidades militares de la coalición --Dan Scemama, de la televisión Canal Uno de Israel; Boaz Bizmuth, del diario israelí Yediot Aharonot, y Luis Castro y Victor Silva, de la Radio Televisión Portuguesa-- fueron detenidos por las tropas norteamericanas mientras dormían en un lugar situado a unos 110 kilómetros al sur de Bagdad, entre las ciudades de Kerbala y Najaf.

Aunque llevaban consigo los carnés de prensa, los militares les acusaron de espionaje y los detuvieron durante más de 48 horas. Durante ese tiempo, fueron amenazados, maltratados y encerrados e incomunicados en un todoterreno durante 36 horas, sumiendo a sus medios y familias en una gran inquietud. ``Los soldados norteamericanos han decidido que éramos terroristas y espías, y nos han tratado como tales'', ha dicho Dan Scemama. ``Quieren que todos los periodistas que están en Irak tengan cerca un capitán encargado de supervisar las imágenes que transmiten y esta es, sin duda, la razón por la que nos han tratado de forma tan cruel''.

Cuando fueron detenidos, los periodistas se dirigían hacia el sur desde Bagdad, después de que las fuerzas norteamericanas les dijeran que no podían trabajar en la zona sin la protección adecuada contra ataques químicos. Según cuentan los propios periodistas, los militares les obligaron a tumbarse boca abajo en el suelo. Castro afirmó que los militares les pisaron las manos y les mantuvieron en el suelo durante más de 30 minutos.

Cuando Castro pidió que le dejaran telefonear a sus familiares, los soldados le arrojaron al suelo y le colocaron sus botas sobre las manos, cuello y espalda. Luego, le patearon y rompieron las costillas, por lo que tuvo que ser hospitalizado después de que les expulsaran del país. Durante ese calvario, algunos de ellos fueron esposados y a todos les mantuvieron sin comida, les confiscaron las cámaras, los teléfonos y el coche.

Estos y otros periodistas han subrayado que los militares norteamericanos hacían todo lo posible para que ningún reportero pudiera moverse de forma independiente en Irak. Numerosos testimonios de periodistas en Kuwait han insistido en que colegas suyos no ``incorporados'' en las unidades militares han sido interrogados durante horas, amenazados y finalmente expulsados por soldados británicos y norteamericanos cuando intentaban pasar la frontera entre Kuwait e Irak.

Este fue el caso de Phillip Smucker, periodista del Christian Science Monitor y veterano corresponsal en el extranjero que trabajaba también para el Daily Telegraph de Londres. Smucker fue detenido el 27 de marzo y expulsado a Kuwait, tras haber viajado por el sur de Irak junto a una unidad de marines norteamericanos, pero no ``incorporado'' en ella. Según el Washington Post, mientras era conducido a la frontera con Kuwait, los militares le negaron todo contacto con su familia y su periódico.

Megan Fox, portavoz de la Oficina de Relaciones Públicas del Departamento de Defensa de Estados Unidos, dijo que, durante una entrevista concedida por Smucker a la CNN el 26 de marzo, el periodista había revelado información sensible. Sin embargo, Paul Van Slambrouck, editor del Monitor, escribió poco después del incidente que había leído ``la transcripción de la entrevista con la CNN y que no nos pareció que desvelara nada que no fuera ya ampliamente conocido''. Slambrouck añadió que Smucker había realizado una entrevista similar en la Radio Pública Nacional de Estados Unidos el día anterior sin ningún problema.

La FIP ha protestado por las restricciones impuestas a los periodistas que no viajan ``incorporados'' en las unidades militares y por lo que considera una ``discriminación inaceptable'', como también lo es el control militar impuesto sobre los medios de comunicación.

Christophe Maria Fröhder, de 60 años, corresponsal de guerra freelance, que trabaja para el primer canal de la televisión alemana ARD y varias veces premiado en su país, ha cubierto numerosos conflictos, desde el de Vietnam en 1969 hasta el de Irak, pasando por Camboya, Somalia, Bosnia y Kosovo. Fröhder ha contado que sus contactos militares le dijeron que las tropas no iban a tener ninguna consideración con la prensa. El ejército había seleccionado novecientos periodistas --seiscientos, según otras fuentes-- para que ejercieran su labor ``incorporados'' en unidades militares bajo su control y protección, y los que no estuvieran ``incorporados'' --alrededor de tres mil en toda la región-- podrían equipararse a combatientes o blancos normales. Terrible presagio de lo que más tarde habría de sucederles a los periodistas asesinados por las bombas norteamericanas en las oficinas de Al Yazira y en el hotel Palestina.

En una entrevista con la radio irlandesa, la veterana corresponsal de guerra de la BBC Kate Adie afirmó que el Pentágono es ``completamente hostil a la libre difusión de la información''. Adie contó cómo un alto oficial le había dicho en el Pentágono que si las señales de satélite de las emisoras eran detectadas por el ejército, serían objetivos a destruir, aunque hubiera allí periodistas. ``Están avisados'', dijo el oficial.

Por su parte, los periodistas ``incorporados'' en las unidades militares han estado severamente controlados. Richard Gaisford, reportero ``incorporado'' de la BBC, dijo que ``tenemos que pasar controles con cada información. Y el capitán, que es el oficial de enlace con los medios, pasará la información al coronel y este a los cuarteles generales de la brigada''.

Y cuando no eran los militares, eran los propios medios para los que trabajaban u otros los que se encargaban de censurar o ignorar las informaciones que no entraban en el guión.

William Branigin, corresponsal de Washington Post, envió su crónica sobre la matanza de civiles por soldados norteamericanos que tuvo lugar en un puesto de control militar en las afueras de Najaf, y de la que fue testigo ocular. Según su relato, los soldados no realizaron los disparos de advertencia, que su capitán les ordenó por radio desde su puesto de mando, a una camioneta que se acercó al control. ``¡Acaban de matar a una familia porque no hicieron un disparo de advertencia en su momento!'', gritó el oficial.

El Washington Post publicó en la Web el relato de Branigin la noche del 31 de marzo y apareció en la versión impresa del diario el 1 de abril. La mayoría de los medios norteamericanos ignoraron el relato de Branigin y volcaron en sus páginas y en las pantallas la versión oficial: los soldados les ordenaron que pararan, no pararon, hicieron varios disparos de advertencia, no pararon, dispararon al radiador, no pararon... finalmente tuvieron que abrir fuego contra la camioneta con el trágico resultado de diez personas muertas, siete de ellas mujeres y niños. Ni siquiera el ponderado y crítico New York Times se hizo eco del reportaje de Branigin. Pero lo que es peor es que el mismo Washington Post prefirió ignorar el 2 de abril su propia información publicada el día anterior y dio una versión menos inquietante.

Trabajadores de TVE han denunciado la manipulación y la censura que se ha practicado en ese canal televisivo público antes y durante la guerra de Irak.

Bombas contra la prensa

El Ministerio de Información iraquí ha sido objeto de varios bombardeos en las madrugadas del 29 y el 30 de marzo. En los tejados de este edificio, los corresponsales de los medios de comunicación extranjeros habían instalado un campamento de tiendas de campaña, el cual fue seriamente dañado en el primer ataque. Los periodistas habían abandonado sus puestos menos de una hora antes de los bombardeos, que podían haber causado numerosas víctimas.

En la noche del 25 al 26 de marzo, la televisión iraquí fue bombardeada por las fuerzas anglo-americanas. Los locales quedaron muy dañados y la programación quedó interrumpida durante varias horas. Responsables de la coalición declararon que esta operación tenía como objetivo eliminar el sistema de comunicación de Sadam Husein con el pueblo y el ejército iraquíes. Incluso el mismo Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, dijo el 23 de marzo que las fuerzas de la coalición podían atacar las oficinas de la televisión y la radio iraquíes. Estas declaraciones fueron efectuadas después de que la televisión iraquí difundiera las polémicas imágenes de los soldados norteamericanos capturados y los cuerpos ensangrentados de otros. Todo ello muestra que la televisión iraquí fue deliberadamente bombardeada.

Reporteros Sin Fronteras pidió a la Comisión Internacional de Establecimiento de Hechos que investigara estos hechos, ya que podían ser constitutivos de un delito de violación del derecho internacional humanitario. ``Un medio de comunicación no es un objetivo militar según el derecho internacional, sus equipos e instalaciones son bienes civiles y están protegidos como tales por la Convención de Ginebra. Solo una investigación objetiva e imparcial podrá determinar si hubo o no violación de la Convención de Ginebra'', manifestó Robert Ménard.

En términos similares se expresó la Federación Internacional de Periodistas. ``Este ataque requiere una investigación de las Naciones Unidas. Es un acto de violenta censura que viola la Convención de Ginebra''. La FIP dijo que las alegaciones de los portavoces del Centro de Mando estadounidense pretendiendo que la cadena de televisión formaba parte de ``los elementos claves de mando y control del régimen'' no tenían ningún fundamento. Para esta organización, el ataque fue una furiosa respuesta a la emisión por esta televisión de las mencionadas imágenes. Según la FIP, no se puede pretender que la televisión iraquí fuera un objetivo militar y ``solo las instituciones que estén siendo utilizadas para fines militares pueden ser objetivos legítimos en tiempos de guerra''.

El conocido canal de televisión Al Yazira ha sido objeto de un hostigamiento permanente. El 28 de marzo, un cámara y su equipo recibieron los disparos de tanques británicos mientras filmaban una distribución de alimentos organizada por el gobierno iraquí en Basora. Akil Abdel Reda, camarógrafo del canal, que entonces se dio por desaparecido, estuvo retenido durante doce horas por las fuerzas de la coalición.

El 2 de abril, la oficina que Al Yazira tenía en Basora fue atacada por un obús, según el canal, de forma directa y deliberada. El 7 de abril, un automóvil de este canal fue alcanzado por disparos de las tropas norteamericanas en una autopista, en las afueras de Bagdad, a pesar de ir claramente identificado con las siglas de la televisión.

Pero lo peor llegó la mañana del 8 de abril. Las bombas de la coalición cayeron sobre las oficinas de Al Yazira en Bagdad y mataron al corresponsal Tariq Ayub, palestino de nacionalidad jordana, e hirieron gravemente al cámara Zuhair al-Iraqi. Un colega de ambos, Maher Abdullah, recordaba después cómo vieron el disparo del avión norteamericano tras dar un brusco giro y descender súbitamente hacia el edificio.

``El avión estaba volando tan bajo que los que estaban en la planta de abajo pensaron que iba a aterrizar en el tejado. Oímos cómo disparaba el cohete. Fue un golpe directo. El misil explotó contra nuestro generador eléctrico. Tariq murió casi en el acto. Zuhair quedó herido''.

No pudo tratarse de un error. Al Yazira había comunicado al Pentágono en varias ocasiones cuáles eran las localizaciones de sus oficinas en Bagdad y en todo Irak. Además, habían colocado grandes pancartas en las fachadas de las oficinas con la inscripción ``TV''.

Conviene recordar que Al Yazira ya fue bombardeada por las fuerzas norteamericanas en la capital de Afganistán, Kabul, en 2001. Reporteros Sin Fronteras ha pedido explicaciones y la realización de una investigación sobre estos hechos, como ya hiciera después del bombardeo de las oficinas de la televisión iraquí.

En una carta dirigida a Kenneth Keith, presidente de la Comisión Internacional Humanitaria para el Establecimiento de Hechos, Robert Ménard expone: ``El 1 de abril, Reporteros Sin Fronteras se dirigió a usted, tras el bombardeo de la televisión iraquí. Nuestra organización deseaba que usted ejerciera su debida iniciativa para que la Comisión Internacional de Establecimiento de Hechos pudiera investigar sobre las violaciones de la Convención de Ginebra cometidas contra periodistas y medios de comunicación que actualmente cubren el conflicto''. Más adelante manifiesta: ``Hoy, y sin haber tenido respuesta de su parte, Reporteros Sin Fronteras le requiere de nuevo para que la Comisión entienda, sin esperar más, sobre las nuevas exacciones cometidas en Irak''.

Ese mismo día, 8 de abril, un tanque norteamericano lanzó su bomba asesina contra el Hotel Palestina y mató a José Couso y al cámara ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters, mientras filmaban al tanque. Otros periodistas de Reuters resultaron heridos.

La mentira

``El tanque fue el blanco del disparo de un cohete anticarro y de otras armas procedentes del hotel. Contestó solo una vez'', declaró el general Buford Blount, comandante de la Tercera División de Infantería de Estados Unidos. Según su versión de los hechos, había francotiradores en el hotel. Mentira.

Un vídeo de más de cuatro minutos filmado por el canal francés France 3, así como los testimonios de los periodistas, indican que, en el momento de los hechos, la situación en la zona era tranquila y reinaba el más absoluto silencio, y que el tanque Abrams se tomó su tiempo para apuntar y ajustar el cañón antes de disparar contra el hotel. No hubo ataques previos contra el tanque.

Joseba Iriondo, corresponsal de Euskal Irrati Telebista en Bagdad, ha confirmado todos estos extremos y ha subrayado que la sofisticada tecnología de los tanques Abrams norteamericanos, que él mismo ha podido conocer de cerca, incluye sistemas de visión e identificación de objetos tales que cree imposible confundir a una persona con una cámara de TV con un francotirador. Él no se lo cree y nosotros tampoco.

``En estos momentos, solo podemos sospechar y acusar el ejército norteamericano de haber usado a los periodistas como blancos, deliberadamente y sin aviso previo. Será el ejército norteamericano quien tenga que aportar la prueba de que no se trató de un acto deliberado, destinado a disuadir e impedir que los periodistas continúen trabajando en Bagdad'', manifestó Robert Ménard, secretario general de Reporteros Sin Fronteras.

En referencia a este asesinato y al perpetrado el mismo día contra Al Yazira, Aidan White, secretario general de la FIP, dijo: ``No existe ninguna duda de que todos estos ataques han sido dirigidos contra los periodistas. Si es así, hay graves y serias violaciones de la ley internacional''. Tras mostrar su repugnancia por estos asesinatos, White enfatizó que ``los responsables deben ser llevados ante la justicia''.

Siguiendo con su papel vergonzante en esta guerra ilegal, injusta e inmoral, el gobierno español, por medio del Ministerio de Defensa, se atrevió a participar en la mentira y a repetir, con acento tejano, la voz de su amo. El 6 de abril, un portavoz de ese ministerio manifestaba que la coalición había declarado ``objetivo militar'' al Hotel Palestina, argumentando que allí se reunían algunos responsables iraquíes, y que los periodistas que trabajaban en él habían sido advertidos. Mentira. Una mentira tras otra. Una de dos: o se bombardeó el hotel porque se había disparado desde él contra el tanque, o se bombardeó el hotel porque era un objetivo militar. Pero las dos cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Aunque sí pueden ser falsas al mismo tiempo.

En el colmo de la desfachatez y de la falta de pudor y vergüenza, el gobierno español recomendaba a los medios de comunicación españoles que retiraran a sus corresponsales de Bagdad ``ante el temor de que puedan ser utilizados por el bando iraquí como objetivos militares''.

El hostigamiento de las autoridades iraquíes

Algunos lectores de mis anteriores artículos sobre esta guerra creen que no he sido imparcial. Pues bien, ¿cuál ha sido la actitud de las autoridades iraquíes con los periodistas extranjeros?

Para Alberto Sotillo, enviado especial a Bagdad de El Correo, ``el ejército iraquí, hasta ahora, no ha jugado tan sucio ni ha acercado sus armas a estos dos recintos'', en referencia a los hoteles Palestina y Sheraton.

Paradójicamente, el gobierno iraquí sí ha hostigado al canal Al Yazira, llegando a prohibirle seguir con su labor informativa en Bagdad. La televisión árabe molestaba a unos y a otros. Pero al menos los iraquíes no les bombardearon hasta la muerte.

Sin embargo, Reporteros Sin Fronteras ha protestado por el trato dado por las autoridades iraquíes a los periodistas extranjeros en Bagdad.

``Las autoridades iraquíes tienen una actitud escandalosa, de desprecio y hostil, hacia los periodistas extranjeros que están cubriendo la guerra desde Bagdad y las demás ciudades del país'', dijo Robert Ménard.

Cuatro periodistas fueron acusados de espionaje y encarcelados durante una semana. Diez periodistas fueron expulsados del país.

El 2 de abril, el gobierno iraquí prohibió al corresponsal de Al Yazira en Bagdad, Diyar al-Omari, que continuara con su trabajo y ordenó a otro reportero del canal, Tayssir Allouni, que abandonara inmediatamente el país.

Ese mismo día, las autoridades iraquíes expulsaron del país a cuatro periodistas acusados de espionaje, después de haberlos mantenido en la cárcel durante una semana. Dos de ellos eran corresponsales del diario neoyorquino Newsday; los otros dos eran fotógrafos independientes.

Otros periodistas fueron detenidos y confinados en varios hoteles antes de ser expulsados del país. Se dio la circunstancia de que algunos de ellos fueron previamente perseguidos por la policía militar británica y estadounidense tras su entrada en Irak por la frontera kuwaití.

Que la prensa ha sido siempre algo molesto para los dictadores es algo bien sabido y en torno a lo cual no hay polémica. Pero resulta mucho más complicado mostrar y demostrar que, lamentablemente, muchos periodistas también resultan molestos para los gobiernos ``democráticos'' que dirigen operaciones criminales contra un país para invadirlo, ocuparlo y someterlo a sus intereses. Son tan molestos que los matan a cañonazos.

Matar al mensajero... y al mensaje

Un senador norteamericano dijo, en plena Primera Guerra Mundial, que la primera víctima en todo conflicto bélico es la verdad.

En esta guerra brutal, las tropas norteamericanas y británicas, y los gobiernos que las mandan, no solo han pretendido matar la verdad, sino también a sus mensajeros. Los bombardeos contra Al Yazira y el hotel Palestina son, sin duda alguna, crímenes de guerra. Los responsables de esos crímenes son criminales de guerra y deberían ser juzgados por ello.

Todos hemos muerto un poco en Irak. Algunos han muerto abatidos por las bombas asesinas. Otros, en particular los ciudadanos de Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Australia y otros países de esa infame ``coalición'' de la muerte hemos quedado lisiados moralmente. Si toda una generación quedó marcada por la barbarie de las dos guerras mundiales y del nazismo, si otra generación creció y tuvo que superponerse a la guerra genocida contra Vietnam, ahora otra generación tendrá que descubrir qué ha sucedido realmente durante estos días en Irak, escribir la verdadera historia de las bombas, de los más de mil --¿cuántos más?-- civiles muertos y las decenas de miles de heridos, de los que caerán cuando los fragmentos de las bombas de racimo que han quedado esparcidos por todo el país exploten, tal vez por el inocente juego de un niño, de los que seguirán muriendo por los efectos letales del uranio empobrecido cargado en las bombas de 1991 y quién sabe si en las de 2003, de los que caerán cuando estallen las luchas entre las etnias y las creencias que la nueva pax americana será incapaz de encauzar, porque su emperador de Washington es incapaz de resolver pacíficamente los conflictos, de los espurios intereses políticos y económicos que están en la raíz de esta guerra de ocupación, de los que han enterrado la verdad en sus salas de prensa y en sus salas de redacción, de los que han enterrado su conciencia moral en un oscuro calabozo de su corazón...

No podemos devolver a la vida a Julio A. Parrado ni a José Couso, ni a tantos otros periodistas muertos en suelo iraquí, ni a las víctimas civiles inocentes de esta barbarie, pero tenemos la obligación, para con ellos, para con el pueblo iraquí y para con nosotros mismos, de devolver la vida a la verdad por la que aquellos murieron. Nunca les olvidaremos.

Otros artículos de Javier Villate relacionados con la guerra de Irak publicados en DiarioRed:


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Comentarios

Claro, claro, y en cambio los irakíes eran unos angelitos con los periodistas, porque Vd, por ejemplo, despacha con benevolencia lo ocurrido a los de Newsday, entre los que omite señalar que uno de ellos también era español, concretamente de Barcelona.

Pero para que se entienda lo ocurrido en Irak hay que explicarlo todo. Entre otras cosas, que los enviados extranjeros:

- tenian que someterse a una férrea censura en hasta tres fases, que incluía escenas "montadas" en hospitales, particularmente en los primeros días en los que antes de dejar filmar los iraquies tiraban sangre al suelo

- para poder permanecer en el país y no ser expulsados, todos los periodistas extranjeros tenían que pagar "sobornos" de 150 USD por persona y 100 por cámara y por ordenador, algo que sería inaceptable en cualquier lugar pero que por lo visto no le molesta a Vd en este caso. Y ello por no hablar de acosos, robos de material y ordenadores, cuando oficiales del régimen de Saddam entraban en plena noche en las habitaciones de los periodistas en el Hotel Palestina y se llevaban esos equipos con la amenaza de que si se quejaban serían expulsados (y eso incluye al enviado del NY Times -el diario más en contra de la guerra en los EE.UU) tal como narraba hace unos días; igual que narraba "recolecciones" del viceministro de informacion (no el pirao, no, su ayudante) el día antes de la caída de Bagdad, que recolectó entre los periodistas presentes 200,000 dólares en efectivo con el persuasivo argumento de un arma en la mano. Se supone que más de un medio español pagó, porque eran mayoría entre los que quedaban

- tenian que ir acompañados en todo momento por un oficial del ministerio de informacion que les decía con quien hablar y a donde ir... algo que prácticamente ningun medio español comentaba pero que desvirtua todas esas imágenes de iraquies jurando defender al de la boina con su vida. La mayoría de medios NOS ESTABAN ENG´ÑANDO TRANSMITIENDO UNA INFORMACION ABSOLUTAMENTE DISTORSIONADA, al callar algo que, de saberse, haría interpretar esa informacion de manera muy distinta

- curiosamente, ¿sabe Vd quien fue uno de los pocos que denunciaron estas cosas? Pues nada menos que los de Tele 5, es decir, Jon Sistiaga y ***José Couso*** si, el mismo. Qué curioso que los malditos yanquis asesinaran precisamente a uno de los que más claro hablaban de las atrocidades del régimen de Saddam y de los atentados a la libertad de informacion de los medios extranjeros por parte de las "autoridades" irakíes. ¡Con la de periodistas anti-americanos que había pululando por all!í. Si es que los americanos además de malos malísimos son una pandilla de idiotas, claro.

En definitiva, señor villate, puedo comprender que quiera Vd convertirse en una especie de versión hispana de Noam Chomsky, el santón de la progresía desnortada. Pero por lo menos mantenga un poco la apariencia de objetividad, aunque sólo sea un poquito. Y recuerde que cuando uno acusa a alguien de asesinato debe hacerlo con pruebas: por algo se inventó la expresión "presunto", y es que se es inocente hasta que no se DEMUESTRA lo contrario, y eso no sólo vale para sus amigos, querido sr. Villate. Vale para todos.

Enviado por Kemasdá <label for= - 26/04/2003, 16:43:57

Esta será la última vez que me moleste en replicar a este dechado de
objetividad que es un tal "Kemasdá".

Me recuerda --aunque me temo que con una perspectiva justamente situada
en el extremo opuesto-- a esos otros que, cuando he denunciado la falta
de libertades en el régimen del dictador Castro, me tiran de las orejas
por mi falta de objetividad y callar sobre los altos niveles de
asistencia sanitaria y educación alcanzados en Cuba, sobre todo en
comparación con otros países de su entorno.

En los dos casos, a mis críticos no les interesa la objetividad, sino
glorificar a la dictadura castrista o a la barbarie bushiana. Es bien
conocido y manido su recurso: "oiga, usted solo menciona lo que le
interesa y se olvida de...". Como si lo que otros hacen mal o unos
mismos hacen bien sirviera de excusa para lo que se hace rematadamente
mal. Porque quienes todavía no hemos sacrificado nuestra moral en los
altares de la fidelidad a un régimen u otro sabemos distinguir.
Distinguimos entre el "presunto" --algo tengo que aprender del tal
"Kemasdá", caramba-- asesinato de periodistas y los controles. Aunque
nos opongamos a todas las violaciones de los derechos humanos, todavía
no hemos perdido nuestra capacidad para distinguir entre controlar a
alguien y eliminarlo.

Kemasdá es tan burdo que me riñe por mi falta de objetividad, ya que no
he hablado de "presunto" asesinato. Y termina: "se es inocente hasta que
no se DEMUESTRA lo contrario, y eso no solo vale para sus amigos,
querido Sr. Villate. Vale para todos". Pues vale, Kemasdá, digamos que
también vale para Vd. ¿No debería Vd. haber utilizado la palabrita de
marras --el mágico término "presunto" que cierra y abre las puertas de
la objetividad-- en, al menos, dos de sus párrafos unas cuantas veces?
Porque los "sobornos", los "acosos", los "robos de material y
ordenadores", las "amenazas", los controles llevados a cabo por las
autoridades iraquíes sobre con quién debían hablar y a dónde debían ir
los periodistas, etc., etc. de los que Vd. habla serán, digo yo,
"presuntos" hasta que no se demuestre lo contrario. ¿O lo que debe valer
para todos, según Vd., no vale para Vd.? ¿Me he explicado o se lo
explico en arameo? La honestidad consiste en buscar la verdad.

Enviado por Javier Villate - 27/04/2003, 21:08:52

Querido Villate: no tienes remedio. Parece extrañarte que cuando alguien acusa a otro de falta de objetividad, le esté diciendo que no es objetivo... vaya vaya.

Y en una nueva vuelta de tuerca, me acusas de caer en lo que te critico. Así que, para tí, superexperto de lo que ha ocurrido en Iraq, ¿no es cierto que los de newsday estuvieron detenidos? ¿no es cierto lo del papel de los oficiales del ministerio de informacion en la tarea de os corresponsales extranjeros? ¿estaba mintiendo Jon Sistiaga y José Couso? ¿estás acaso dando a entender que José Couso estaba mintiendo? ¿por qué lo haría?

¿no te sirven las pruebas testificales? ¿en base a qué, entonces, te permites calificar de asesinato lo que ocurrió en el Hotel Palestina? ¿¿podrías hacer públicas las pruebas documentales (ya que por lo que dices las testificales no te sirven) de que dispones?

Como hacéis todos los fanáticos cuando os acusan de no aportar pruebas, intentáis dar la vuelta a esa acusación proyectándola a quienes denuncian vuestra marrullería moral. según tú tengo que "probar" esas acusaciones que están en todas las hemerotecas y en archivos audiovisuales accesibles hasta a niños de parvulario, y que tú desconoces (u ocultas para que no te estropee tu diatriba). No tienes más que salir del cerco de tu miopía informativa y leer más, no sólo a los ridículos Chomsky o Fisk. Lee más. Y no me hagas trabajar para cubrir tu holgazanería informativa. Me dices que la honestidad es buscar la verdad, pero luego resulta que pretendes que te la den hecha.

Por cierto que en el juego ridículo del "y tú más" sobre lo que es presunto y lo que no, es muy caricaturizarlo. No me has llamado "preunto Kemasdá", todo y no tener pruebas de que soy quien soy. Y te recomiendo firmes tus bodrios como "presunto Villate" hasta que no demuestres fehacientemente que quien escribe eres tú.

Aunque no me va a importar demasiado, porque tú quizás no me respondas, pero no lo sabré porque no pienso leerte (¿o debo decir "presuntamente leerte?)

Enviado por Kemasdá <label for= - 28/04/2003, 14:12:37

Entre los nutridos ejemplos de botaratería que he encontrado en la Red, debo reconocer que Kamasdá es uno de los más notables. Llevo leyendo al señor Villate varios años y pese a que he disentido con él en numerosas ocasiones, su trabajo merece el respeto intelectual a quien escribe con honestidad. En este caso, además, con razón. De ahí a leer los dislates del botarate de Kemasdá hay un trecho. Se puede ser más sofista, marrullero e irrespetuoso de la verdad, pero ciertamente no tan desconsiderado y parcial. Característica que encuentro en muchos de entre aquellos que defienden a capa y espada esta guerra, no sé por qué extraña razón. Que se aplique su nombre, que refleja fielmente su actitud: que más da que mueran periodistas, que más da que se destruya la verdad, que más da que se pisotee el derecho internacional, que más da...

Enviado por Perico - 03/05/2003, 9:54:03

Mis cumplidas felicitaciones al Sr. Villate por su artículo tan pleno de su acostumbrada objetividad y valentia ; Lo que no puedo decir lo mismo de los distorcionadores e insolentes comentarios del tal Kemasdá ,

Enviado por Josema - 05/06/2003, 11:57:56

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