Analizamos en cuatro entregas el fenómeno de los weblogs: posibilidades, herramientas, presente y futuro de una de las herramientas que está revolucionando la Red.
Hay algo que está estremeciendo los cimientos más asentados del
mundo periodístico y sin embargo apenas está recibiendo la atención
merecida, tanto desde una perspectiva plenamente periodística como sociológica.
No obstante, aún parece pronto para abordar realmente su trascendencia
futura y, sobremanera, para poder analizar sus aportaciones con la frialdad
que permite la distancia y la comprobación fehaciente de algunas propuestas
que se nos apuntan tan destacadas como revolucionarias en aspectos que van de
lo meramente informativo a las características poliédricas de
esta red de redes en constante expansión. Algo que hace prever que ese
elemento al que hacemos referencia puede traer para el periodismo digital, el
ciberperiodismo, o como quiera que lo llamemos o lo llamen, una gran revolución
en la forma en que se crea, difunde y recibe la información. Por ahora
son sólo estremecimientos que la intuición hace asociar con grandes
cosas por venir. Pero el tiempo vuela y ese algo al que nos referimos amenaza
con dotar a nuestras vidas de mayor riqueza informativa de la que jamás
hubiéramos soñado. Ese algo hasta ahora innombrado en esta comunicación,
como innombrable resulta en los circulos del periodismo tradicional salvo riesgo
de cometer herejía, es la irrupción de los weblogs, de las bitácoras,
de los blogs en cualquiera de sus variaciones y mutaciones crecientes. Algo
que hasta ahora se ha asociado al fenómeno de la muerte del periodismo,
a la desaparición del periodista por el proceso simple de conversión
de todos cuantos escriben en la red con la periodicidad descrita en una bitácora
(sea cual sea, pero con una linealidad cronológica irrenunciable) en
intermediarios de información. Pero esa asociación responde sin
duda a un error de planteamiento, porque el periodismo en la Red hace ya tiempo
que no responde a las clasificaciones del periodismo tradicional, poniendo en
cuestión verdades como la pirámide invertida o la clasificación
en géneros más o menos estables y de contornos muy definidos que
hasta ahora nadie había puesto en duda durante muchas décadas.
Y por tanto, la figura de un periodista, entendido como intermediario de una
información (adquirida en forma presencial la mayoría de las veces)
ha dejado paso hace ya tiempo a la figura del periodista/editor, que deja de
ser el “observador” del hecho que después narra empleando
el género más adecuado (crónica, reportaje, entrevista...)
para pasar a suplantar al editor/corrector, que selecciona y escoge contenidos
para además proceder a continuación a darles la forma apropiada
(no necesariamente ortográfica y gramaticalmente hablando, pero también)
que será aquella a la que acceda el destinatario final de esa información,
de esos contenidos.
El problema que nos plantea la irrupción de los weblogs a quienes ejercemos
la profesión periodística tiene más que ver, por tanto,
con la consideración del fenómeno como una amenaza por los estamentos
profesionales más asentados que con las aportaciones que está
ya ofreciendo el fenómeno a campos como la evolución de los géneros
en el ámbito del periodismo digital o la irrupción de nuevas técnicas
de interrelación informativa o de interactividad con el receptor de la
información. Y mientras ese problema se acentúa, la dificultad
primaria de acotar la materia de investigación se muestra ingente en
esta ocasión por la anárquica creación y desarrollo que
está teniendo el fenómeno y por el hecho incluso de la tradicional
dificultad hispana por traducir a nuestro idioma con urgencia y acierto terminologías
anglosajonas, al estilo de nuestros vecinos galos, en lugar de aceptar sin miramientos
el término extranjero sin por ello tener que rasgarnos las vestduras.
El caso es que por alguna extraña razón hay elecciones tan casuales
como acertadas y semánticamente tan ricas y polisémicas que parecen
inevitablemente destinadas a causar sensación. Y eso es lo que ha ocurrido
en este caso, y sin que sirva de precedente en lo relacionado con la terminología
y su matrimonio con las teconologías en el ámbito de los hablantes
españoles (que no hispanos), con el weblog y con su traducción
(semántica que no literal) española: Bitácora ha sido el
nombre impulsado por un blog del mismo título y que como diario de navegante
ha calado entre la élite de viejos usuarios del explorador-navegador
que impulsó el desarrollo vivido en el cambio de siglo por el World Wide
Web (evidentemente, hablamos del Navigator de Netscape). Weblog es una palabra
compuesta que nos habla de un fichero (log) donde se acumulan las entradas a
un servidor para consultar un sitio web determinado y de la Red de redes basada
en el estandar “html” como lenguaje. Y ha pasado a designar un sitio
web propiamente dicho que viene a ser el “log” de nuestra actividad
en la red, recogiendo entradas que recopilan nuestra visita a otras páginas
o simples acontecimientos de la vida cotidiana o profesional por nosotros redactados
o surgidos de reflexiones más o menos profundas. Aunque si se trata de
conseguir una definición verdaderamente ajustada podemos participar antes
en auténticos debatese sobre este extremo partiendo de todo tipo de consideraciones
(teóricas, personales, históricas, socioeconómicas, tecnoculturales,
etc..), que recuerdan a las soflamas tan habituales en los inicios de Internet
y aún persistentes en los foros y grupos de noticias. Lo más fácil
y socorrido en ámbitos cibernéticos es acudir a la versión
hispana de la wikipedia
(un proyecto de enciclopedia “libre” surgida en mayo de 2001 a partir
de un proyecto internacional anterior administrado por voluntarios). La definición
por la que opta nuestra hispana Wikipedia es la que nos lleva a denominar como
weblog a un “sitio web donde se recopilan cronológicamente mensajes
de uno o varios autores, sobre una temática o a modo de diario personal".
Los weblogs comparten elementos comunes, como una lista de enlaces a otros weblogs,
un archivo de entradas anteriores, enlaces permanentes para que se pueda citar
una anotación o una función para añadir comentarios".
Claro que tan simple apunte evoluciona con la misma celeridad con que crecen
las bitácoras en la red y que llevan a sitios como Perseus
, a hablar a fecha de Diciembre de 2003 de la existencia de 3,3 millones de
weblogs activos, una cifra que duplica la de los abandonados. Si a ello añadimos
que los bloggers o usuarios que hacen pinitos (y lo que no son pinitos) periodísticos
alcancen la cifra de 52,000
sólo en los estados Unidos, el panorama no parece nada desalentador y
habla bien claro y alto de la revolución a la que estamos asistiendo.
Si hace unos años quien no tenía dirección de correo no
existía y quien no disponía de página personal propia no
era nadie en el mundo virtual o digital, quien no alimente una bitácora
a estas alturas no vive con la intensidad debida la Red. O tal vez sí,
porque la bitácora se ha estado mostrando como un fenómeno que
termina retroalimentándose y quedando en manos de quien hace de ella
una forma de interacción con la Red o quien simplemente se divierte:
dos cuestiones para las que hace falta mucho tiempo y ociosidad abundante, en
detrimento de otras labores probablemente más necesarias como la investigación
o el análisis (nótese por ejemplo, que a estas alturas de nuevo
milenio aún no existen modelos claros y asentados de análisis
de estructuras o de contenidos por más que la usabilidad como disciplina
haya registrado importantes y destacados avances).
Por más que busquemos otros referentes, lo que no tendríamos dificultad
alguna para hacer, una bitácora no es más que una página
web personal, temática o no, en la que anotamos como si de un diario
se tratara cuantas referencias de interés encontramos en Internet o en
la vida real, ayudadas o no por fotos, audios o vídeos. Estamos por tanto
ante una “simple página personal” como las muchas producidas
desde que la Web irrumpió con fuerza en nuestras vidas a mediados de
los 90, con la única salvedad de que se ha impuesto la organización
cronológica por encima de otras estructuras posibles de gestión
de los contenidos en ella alojados. De hecho, aunque los weblogs sigan admitiendo
estructuras temáticas más o menos organizadas, la organización
cronológica de los “posts” (mensajes) que vamos dejando en
ese espacio siguen siendo el pilar sólido en torno al cual se construyen
todos los receptáculos de nuestra bitácora.
Esta consideración se reafirma incluso cuando ahondamos en la tipología
de los weblogs. Porque una bitácora también puede convertirse
en un diario digital llevado por un hombre-orquesta o por un colectivo al estilo
colaborativo de Barrapunto.
Aunque en torno a si Barrapunto o su versión anglosajona originaria (Slashdot)
son o no son un blog, una bitácora, hay debates abundantes entre quienes
animan y ejercitan el desarrollo de este fenómeno en España. Basta
acercarse por algunos ardientes debates producidos en la primavera de 2003 en
lugares como el que alimenta Terremoto
para observar que ha sido un verdadero temblor de tierra cada intento de analizar
“científicamente” el fenómeno como intentaron por
aquellas fechas los dos “papers” españoles seleccionados
para la conferencia BlogTalk:
El primero, titulado Blogging
and the eCommunication Paradigms: 10 principles of the new media scenario,
fue objeto de un interesante análisis en The
Coming Of Communication Agents. Pero fue el titulado Do
we live in a small world? Measuring the spanish-speaking Blogosphere el
que generó abundantes intervenciones de las que algunas se recogen en
luna página de Blogalia titulada Comentarios
'Estudio de la blogosfera hispana'. Pero no queremos profundizar aquí
en un debate que se adivina eterno, sino tan sólo referenciarlo como
evidencia de la dificultad existente para acercarse aún con rigor al
hecho a cuyo análisis (aún superficial) pretendemos animar.
En la próxima entrega veremos las principales herramientas que nutren
y enriquecen la blogosfera.
Menos perorata y más ir al meollo de la cuestión!! Sería más útil ir a definir que es un weblog, para que sirve, porque es tan conocido,... pero todo esto directamente!! No hay nada de "chicha" hasta la línea 20-25!!!
Lo más interesante de un weblog para un periodista es la posibilidad de informar sin ningún tipo de represión o censura. En los medios de comunicación tradicionales hay que limitarse a seguir una línea editorial y cualquier información que se contradiga con ésta, se excluye instantáneamente del medio. Por eso el weblog es el medio que realmente permite a los periodistas ejercer plenamente su derecho más importante, la libertad de expresión.
El periodista capaz de desarrollar una audiencia fiel, puede ganar dinero con su blog. Si el periodista 1) se dedica a un tema en concreto 2) sabe algo del funcionamiento buscadores y 3) consigue por encima de, digamos, 500 visitas únicas al día (hay que ser algo más que interesante pero no brillante), puede utilizar el sistema de Adsense de Google para rentabilizar su trabajo. Lo bonito de esto no es sólo en la falta de editores y comerciales pero también en que un artículo se rentabiliza día tras día sin fecha de caducidad.
Hola, estoy haciendo una tesis doctoral sobre los confidenciales en la red. Me gustaría conocer vuestra opinión sobre las diferencias entre éstos y las weblogs, así como saber si sois lectores de diarios con información confidencial. Muchas gracias (respuesta a mi e mail)
Estoy de acuerdo con Paula, por que los que nos dedicamos al periodismo nos podemos sentir presionados por la repercusión que nuestros articulos puedan causar en la opinión pública, y las consecuencias que estas puedan acarrear. Yo mismo me dedico a pubicar en mi blog varios artículos que son rechazados por algunos diarios de tirada nacional o incluso que yo no los llevo a la editorial para que no tengan que ser despreciados por miedo a lo que estos causen "estragos" en lo que la gente piense.
Un beso...
Agur.