Cuando leemos las noticias sobre un atentado en un país que no es el nuestro, normalmente nos sentimos lejos... pero lo ocurrido en Madrid, nos afecta a todos.
El jueves por la mañana comencé mi día como cualquier otro. Encendí el ordenador, y me dirigí a los sitios de noticias argentinos para saber qué sucedía en el mundo. Como siempre, primero fui a prepararme un café, y cuando volví al ordenador, no podía creer lo que las páginas de los principales diarios decían.
Primero sentí estupor, luego temor y preocupación. He tenido la suerte de estar 3 veces en Madrid, y tengo muchos compañeros de trabajo y amigos en la capital de España. Al saber del atentado, pensé en todos ellos, y comencé a enviar mensajes de correo electrónico y a realizar llamadas telefónicas.
Obviamente, las líneas de teléfono se encontraban colapsadas. Todo el mundo quería saber como estaban sus amigos y familiares y era imposible comunicarse. Por suerte, la red comenzó a brindarme respuestas rápidamente gracias al correo electrónico.
De a poco iba recibiendo mensajes donde me confirmaban que estaban bien y que no les había pasado nada. Lo mismo a través de los mensajeros instantáneos, donde muchos amigos me avisaban que no habían sido afectados por el atentado.
Mi mayor preocupación era por aquellas personas que sé que viajan en tren en esos horarios. Uno de ellos, un importante experto antivirus, me dijo que estaba entre lágrimas ya que normalmente toma el tren en ese horario pero milagrosamente había tenido que ir más tarde al trabajo.
Una amiga argentina, que reside en España hace tiempo, tenia que estar en Atocha para tomarse un tren a las 7.50, pero se quedó dormida. Aún hoy está shockeada y da gracias a Dios por ser tan irresponsable.
Pero sé que no todos han tenido suerte. Un amigo de esta amiga argentina falleció en el atentado, y con él otras casi 200 personas, no sólo españolas, sino de todas partes de Europa y América, además de los más de 1,500 heridos.
Pese a los miles de kilómetros que nos separan, el atentado preocupó a gran parte de los argentinos. Como descendientes de españoles que somos, muchos de nosotros tenemos amigos y familiares en España, y durante todo el Jueves fue muy difícil trabajar sin pensar en ellos y sin intentar saber si estaban bien o no.
Aún no pude comunicarme con algunas personas de las que sólo tengo su número telefónico, pese a haber pasado un día, sigue siendo difícil comunicarse con España. Sigo preocupado por ellos, y seguiré intentando contactarlos hasta saber que se encuentran bien.
Pero, como ciudadano del mundo, no sólo me preocupo por ellos, sino también por todos aquellos que han debido sufrir este aberrante hecho, el cual nos atañe a todos, nos toca de cerca o de lejos pero nos toca, y debe preocuparnos ya que aunque vivamos en un mundo tan grande, lo que sucede en cualquier parte de éste influye en nuestras vidas y debe preocuparnos.
Las pistas apuntan a uno ú otro grupo terrorista, buscando un culpable para tanta masacre innecesaria. Es importante encontrar quienes han sido los responsables de este hecho para que paguen con todo el peso de la ley, pero creo que es más importante darnos cuenta que todos somos miembros de la sociedad que ha engendrado a estos inadaptados, y es tarea de todos que un hecho como éste no vuelva a repetirse.
La violencia no conduce a nada, decía mi abuela. Yo creo que si conduce a algo, pero justamente a algo que nadie razonable quiere... a más violencia, y lamentablemente, los únicos que se ven realmente afectados por estos hechos son aquellas personas inocentes que tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado.
Aunque nos separen los kilómetros, desde aquí también lloramos a las victimas, con mucho dolor vemos las imágenes del atentado y las sentimos cerca, y repudiamos el hecho con toda la fuerza que tenemos. No debemos dejar que estos amantes del terror nos detengan, debemos seguir adelante para demostrarles que hagan lo que hagan, seguiremos viviendo igual y algún día, quizás, entenderán que la violencia, como decía mi abuela, no conduce a nada.