Nuevos Caminos e innovaciones
Por supuesto hay muchos nuevos caminos que se abren en el entorno de este fenómeno
y que pueden convertirse en autopistas en un visto y no visto. A través
del teléfono móvil, por ejemplo, ya se puede mandar un mensaje
de texto o una imagen, si se dispone de un móvil con cámara, a
un número determinado para publicarlo automáticamente en la web.
Ya han surgido varias aplicaciones para los moblogs (o “mobile weblog”
como se ha denominado inicialmente a los blogs construidos a partir de móviles/celulares
que permiten la movilidad en el mantenimiento de la bitácora no sólo
si se trata de un fotoblog como hasta ahora, sino también si alimentamos
textualmente la misma). Otro tanto ocurre con otras opciones como mlogs
, Foneblog , Kablog
(que permite colocar o publicar mensajes desde la PDA u ordenador de mano) o
Moblogger , que permite enviar
y publicar automáticamente correos electrónicos.
El caso es que estas dos nuevas vías de acceso al fenómeno estudiado
son sin duda advertencias evidentes del estremecimiento al que nos referíamos
en el inicio de esta comunicación. Por un lado, han comenzado a surgir
los medios de comunicación (digitales tan sólo por el momento)
que pretenden aprovechar las sinergias de este fenómeno convirtiendo
a viandantes armados de teléfonos móviles en corresponsales permanentes
repartidos por el mundo y dispuestos a asumir su papel de fotoperiodista amateur
que capte lo que sólo la casualidad de la presencia en un lugar determinado
en el momento apropiado puede permitir. Accidentes, manifestaciones, cortes
de tráfico y sucesos de todo tipo están comenzado ya a ser cubiertos
en un primer momento por la fuerza ingente de dispuestos colaboradores que armados
de teléfonos móviles con cámara interactúan con
el diario que les ofrece la posibilidad de ser periodistas por un instante.
El conocido intento del diario surcoerano “Oh, my news” es probablemente
un ejemplo que no tardará en ser imitado y mejorado, hasta construir
un modelo de negocio y de sistema periodístico, probablemente tan atractivo
como eficiente en el futuro cercano.
La posibilidad de publicar mensajes desde las PDA (ordenador de mano o “handheld”)
o desde el mismo teléfono (a la vista de las muchas opciones que en este
sentido ofrecen ya teléfonos con el sistema operativo Symbian) inauguran
otro camino tan complementario como esperanzador.
Y lo más importante es que las innovaciones no se reducen al hardware
y su interacción con el fenómeno. En el ámbito conceptual,
en el del software de esa sociedad del conocimiento que empieza a construirse,
se plantean conceptos que merecen un análisis más profundo como
los denominados “permalinks” (enlaces permanentes de los comentarios
de una bitácora). El concepto de enlace permanente (“permalink”)
opuesto al enlace temporal y virtual que supone la página devuelta de
una consulta a una base de datos es un terreno que merece una reflexión
profunda, por lo que de vuelta a las raíces supone y por lo que de asentamiento
estructural plantea en estos momentos de crecimiento insostenible de los sitios
webs denominados dinámicos, que devuelven páginas de supervivencia
temporal limitada en el cibermundo a la memoria RAM de nuestro ordenador.
Más interés aún despiertan en nuestro superficial análisis
innovaciones como las referencias externas o “tracbacks”, un ingenioso
sistema para crear intercambios de audiencia que supone un paso adelante y un
complemento más de los tradicionales anillos de páginas o las
listas de favoritos (blogrolling). Un paso adelante, pero que incorpora capacidades
de interacción y referenciales que aún no han sido tan siquiera
investigadas ni planteadas, aunque si parece que intuidas por la comunidad de
“bloggers”.
Y más interés todavía podría hacer surgir la sindicación,
piedra angular de muchas posibilidades revolucionarias. A través de RSS
un weblog puede generar un código que clasifica cada mensaje (o posteo,
si preferimos americanizar el lenguaje) por título, descripción
y/o enlace directo. Desde BlogStreet
o blogmatrix, por ejemplo,
podemos añadir un feed (o, mejor dicho, una fuente) de tipo RSS a la
bitácora, para permitir de esta forma que los agregadores de contenidos
(como se les denomina) nos clasifiquen, E incluso empiezan a ponerse de moda
los programas como Feedreader que permiten
estar al tanto de cómo se actualizan varios blogs sin tener que visitarlos,
en lo que no es sino el aprovechamiento de una vieja herramienta que ha cobrado
nueva vitalidad.
Lo mejor y lo más recurrente
En este momento parece aún pronto para poder afrontar lo que sería
un análisis profundo del fenómeno porque aún nos encontramos
en una fase de propuestas ocurrentes que en forma habitual de decálogo
se nos presentan periódicamente al estilo de las propuestas que pretenden
mantenernos a la moda en tal o cual aspecto de la cultura de masas.
Una de las propuestas más aplaudidas en este sentido han sido los “Diez
consejos para una bitácora mejor” propuestos originalmente
por Rebecca Blood. La autora redactó
este texto para el welt am sonntag de marzo
de 2003 y no tardó en verse en la blogosfera una versión
en español, realizada por José
Luis Orihuela, otro conocido estudioso y animador del mundo de las bitácoras
hispanas.
Y estas propuestas pueden servirnos bien para entender las necesidades a que
se enfrentan los creadores y mantenedores de bitácoras y el estado incipiente
y prácticamente embrionario de una revolución apenas iniciada.
La primera de las propuestas de decálogo exige sencillez y operatividad
(“Escoge una herramienta de actualización que sea fácil
de usar. Prueba varios servicios. Algunos son gratuitos, algunos cuestan un
poco de dinero, pero no te comprometas con una herramienta hasta que hayas tenido
la ocasión de probarla. Escoge aquella que te funcione mejor”)
lo que sin duda constituye la bandera que ha alzado el fenómeno desde
sus propuestas iniciales.
La segunda apunta a la necesidad de seleccionar/editar la profusa información
que puede ocurrírsenos acumular sin ton ni son por la facilidad que se
nos presenta para hacerlo (“Determina tu objetivo. Las bitácoras
se pueden utilizar para filtrar información, organizar negocios, compartir
noticias familiares, establecer reputaciones profesionales, fomentar el cambio
social y reflexionar sobre el sentido de la vida. Si sabes lo que quieres conseguir
con tu bitácora, podrás comenzar de un modo más enfocado”).
El planteamiento deja claro la necesidad de realizar la acción primigenia
de toda actividad informativa en la Red, tanto desde un punto de vista estrictamente
periodístico como de aquel que no lo sea ni tangencialmente. Y, en este
sentido, la advertencia debería haber calado en audiencias más
amplias en el seno de la comunidad que ejerce responsabilidades en el ámbito
de la comunicación, tanto de sesgo digital como tradicional.
Un tercer planteamiento resulta aún más elocuente. La audiencia
es el centro de atención primordial en una información periodística
o no que pretende ser personalizada y llegar al receptor envuelta en una importante
dosis de satisfacción para sus necesidades informativas, sean primarias,
generales o especializadas (“Conoce a tu público potencial. Te
comportas de modo diferente cuando estás con tus amigos, con tus socios,
con extraños o con tu abuela. Saber para quién estás escribiendo
te permitirá adoptar un tono apropiado). En otras ocasiones (como en
el Congreso Iberoamericano de Periodismo Digital celebrado en Octubre de 2003
en Buenos Aires) ya nos hemos ocupado de la trascendencia que un conocimiento
profundo de la audiencia a la que nos dirigimos debe tener para el periodista
digital. Y también nos hemos referido a como, incomprensiblemente, ni
los periodistas ni los medios digitales están teniendo en cuenta el más
íntimo acercamiento a esa verdad evidente, que todo buen “blogger”
tiene presente en cada uno de sus mensajes o textos.
Pero más elocuente (y dañino para el “stablishment”
periodístico) es el cuarto punto del decálogo (“Sé
real. Incluso una bitácora profesional puede ser atractiva. Evita el
estilo del marketing. Habla con voz real acerca de cosas reales.”) El
fracaso del marketing como referente único en el periodismo digital reciente
es sobradamente conocido por estos pagos y en la práctica totalidad de
las experiencias mundiales conocidas. De hecho, la ausencia de “sinceridad”
periodística y comunicativa en las propuestas de los medios de comunicación
(tanto tradicionales como propiamente digitales) en sus ofertas ciberperiodísticas
parecen sin duda responsables primeros del retraso que acumula el periodismo
digital.
Aunque el quinto de los mandamientos no merece tampoco olvido, por retrotraernos
a la esencia misma del ejercicio periodístico, cuyo olor ha abandonado
hace tiempo las redacciones de todo tipo y condición (digital, impresa,
radiofónica o televisiva) como bien sabemos quienes tuvimos el indudable
honor de impregnarnos de él en nuestra adolescencia o juventud profesional
(“Escribe acerca de lo que amas. Una bitácora es el lugar para
opiniones contundentes, sean acerca de política, música, asuntos
sociales, jardinería o tu profesión. Cuanto más implicado
estés en los temas, más interesante será tu escritura”.)
Y, aunque puedan parecer, evidencias de perogrullo las restantes propuestas
son tan certeras como escasamente puestas en práctica por los medios
periodísticos con presencia digital. El séptimo de los mandamientos
de Rebecca Blood toca la línea de flotación de la información
digital, “no periódica”, en la que la línea cronológica
temporal debe diluirse en la actualización permanente, como todos sabemos,
pero nadie practica (“Actualiza con frecuencia. Los lectores interesados
regresarán a tu sitio si es probable que encuentren algo nuevo. No necesitas
actualizar diariamente, pero procura publicar varias veces a la semana.”).
Y qué decir de la séptima: credibilidad. Ese bien tan escaso,
como elusivo (“Construye tu credibilidad. Esfuérzate por ser sincero.
Respeta a tu público y a tus colegas bloggers. Comprende que en Internet,
tus palabras pueden permanecer para siempre, tanto si las has publicado tú
como si han sido archivadas en otro sitio”). Rebecca incluso recuerda
que en el Weblog Handbook propuso un conjunto de normas éticas para bitácoras,
que ya invitaba a reflexionar y a la coherencia.
El octavo de los puntos es tan directo como primigenio para todo periodista
que tenga la más mínima memoria histórica (“Enlaza
a tus fuentes. La Web permita una transparencia que ningún otro medio
puede igualar. Cuando enlazas a una noticia, un ensayo, un documento oficial,
un discurso o un artículo de otro blogger, das acceso a tus lectores
a tus fuentes primarias, permitiéndoles realizar juicios documentados”.)
El noveno de los mandamientos de Rebecca estremece ese sentido que es el menos
común de cuantos nos atribuimos: “Enlaza a otras bitácoras.
Tus lectores pueden agradecer que les presentes aquellas bitácoras que
más disfrutas leyendo. La Web es un medio democrático y los bloggers
amplifican las voces de cada uno cuando se enlazan entre sí. Si enlazas
generosamente a otras bitácoras, extiendes las bases de la red de información
y contactos sociales que estamos creando juntos en la Web”. Aunque parezca
increíble, parece desaparecido de los medios de comunicación estables
y asentados el más elemental de los principios en la Red (compartir).
Tal parece que se han retrotraído a la infancia y han olvidado la primera
lección del colegio internauta, el cambio drástico que supone
la Red: Antaño si contabas lo que sabías permitías a los
demás competir contigo. Actualmente, si sustraes la información
que posees tan sólo te sustraes de la realidad, porque la información
que has conseguido la obtienen inmediatamente los demás por otras fuentes.
Máxime en un mundo donde fluye la información con tanta rapidez
y ductilidad. Y quien contiene la información se enfrenta a la posibilidad
de que le ocurra lo que al río que taponamos con presas débiles
e imposibles: acaba fluyendo, pero entonces arrastra y devasta cuanto encuentra
a su paso.
Rebecca culmina su decálogo con otra muestra más de sentido común,
con una llamada a la paciencia. Esa paciencia desterrada de nuestras redacciones
que hace caer en errores patéticos tanto a periodistas bregados como
a becarios con deseos de acelerar su carrera. Los ejemplos vendrán a
la mente de cualquiera que sea lector habitual tanto de la prensa escrita como
de la digital. (“Sé paciente. La mayor parte de las audiencias
de las bitácoras es pequeña, pero con tiempo y actualizaciones
regulares tu audiencia crecerá. Es posible que nunca llegues a tener
más de algunos centenares de lectores, pero la gente que regrese a tu
sitio regularmente lo hará porque está interesada en lo que tienes
que decir”.)
Y, finalmente, la autora ofrece el único consejo que tiene sentido en
esta profesión que el primer director-periodista que tuvimos calificaba
sin cesar en el centro de la redacción como la “manera más
divertida de pasar hambre”. (“¡Diviértete! Tanto si
tu bitácora es un hobby como una herramienta profesional, te dará
mayores satisfacciones si te permites experimentar un poco. Incluso una bitácora
temática mejora con un poco de fantasía de vez en cuando”.)