Muchos conocidos me preguntan por qué sigo dirigiendo DiarioRed.com.
Llevo cinco de los seis años de vida de este medio haciéndome cargo de
la publicación y cada día hay menos razones "racionales"
para seguir dirigiendo DiarioRed: mayor responsabilidad profesional, nuevas
iniciativas personales, más años encima y por supuesto menos tiempo
libre para dirigir la que me gustaría definir como la publicación
amateur más profesional de la Red. Nunca he ingresado un sólo
euro en mi cuenta corriente proveniente de DiarioRed, y sin embargo parece un
precio a pagar bastante barato a cambio de haber sido una parte de la historia
de la Internet hispana. Y sólo siento que la dedicación no pueda
ser mayor.
En 1997 creo que debí ser uno de los primeros lectores de Las
Noticias [en la ReD], el nombre bajo el que Alberto Pena
fundó lo que hoy es DiarioRed el 25 de agosto del 97. En un momento en
que había muy pocas páginas en la Red, y eran casi todas personales
y estáticas, me sorprendió encontrar una publicación digital
centrada en el análisis, semanal y en apariencia profesional. Y muy alejada
en concepto de Noticias.com, una publicación que jamás
me impresionó lo más mínimo (sigue sin hacerlo) por anticuada
y básicamente pobre en criterio (cierto es que su sucesora, Noticiasdot.com,
ha mejorado ese aspecto, aunque siga conservando conceptos muy tradicionales).
Y es que en el 97 no se podía pedir peras al olmo, y sólo había
lugar para pioneros, first-adopters y bichos raros, que todos lo éramos un poco,
además de fanáticos que vivimos la revolución en primera
fila con asombro y entusiasmo.
Desde entonces hasta ahora hemos vivido todos los avatares de Internet hasta
el momento actual, crítico para el futuro de la Red tal y como la conocemos.
Y no sólo hemos sido testigos, sino que en muchos casos también
hemos sido actores a la hora de denunciar, informar o polemizar. DiarioRed se
ha enfrentado con telefónicas, ministerios, sgaes, empresas irresponsables,
editores sin ética, y otros especimenes sin arrugarse y dando
lecciones de periodismo independiente para quien quiera tomarlas. Nuestra prioridad
no ha sido salir cada día o cada semana, sino que cada cosa que dijéramos
tuviera sentido, criterio y calidad, aunque fuera de mes en mes. Un medio amateur
en la Red no es algo fácil de mantener si se quiere guardar la calidad
del material y mantener el respeto del lector y la coherencia.
Desde el 98 adoptamos el espíritu combativo e independiente que creíamos
necesario para mantener la independencia de la Red. Lo que hemos descubierto,
con el tiempo, es que la lucha por mantener Internet como un medio abierto a
la creatividad, la innovación y la libertad se hace más complicada
y crucial cada día que pasa, razón por la cual medios como el
nuestro son imprescindibles en un mundo donde el pensamiento único hace
estragos por doquier.
Si hay que hacer una recapitulación de los últimos seis años
podemos hacer un breve resumen bastante orientativo: 1997 era un periodo pre-histórico
como ya he dicho. En 1998 se avanzó considerablemente, la Red ya era
suficientemente importante como para tener una cierta repercusión. Las
movilizaciones de agosto y septiembre en defensa de una tarifa plana sacaron
definitivamente del armario a la comunidad internauta y facilitaron que unos
cuantos aventureros fundaran la malograda Asociación de Internautas,
que posteriormente se ha arrogado una representatividad de la que carece. En
el panorama tecnológico, otro aventurero, Mikel Amigot, empezaba a construir
su área de influencia en la comunidad a través de un medio llamado
"La Brújula", que probablemente alcanzó
su mejor momento en el mismo 98 y desde entonces entró en una decadencia
profesional permanente hasta alcanzar las infinitas cotas de mediocridad actuales.
Los 15 minutos de gloria de Amigot, eso sí, fueron intensos, informativa
y lucrativamente hablando.
El 99 fue el año del boom. De Infovía se pasó a Infovía
Plus, aparecieron los portales, Terra salió a Bolsa, comenzó la
fiebre del oro y gran parte de nuestras energías se fueron a denunciar
el oportunismo y la especulación de la Internet empresarial, que no conducía
a nada bueno. Desde el último trimestre del 99 en DiarioRed advertimos
e incluso pusimos fecha al estallido de la burbuja bursátil de Internet:
marzo de 2000. Nuestras advertencias cayeron en saco roto, pero durante esos
meses fuimos testigos de una de las épocas más vergonzosas de
la economía de mercado en los últimos tiempos: el hundimiento
de la vieja economía (sí, sí, de la vieja), ciega e ignorante ante una
revolución que se les había venido encima y que ignoraban como
afrontar. La vieja economía fracasó a manos de la nueva porque
la especulación, el oportunismo y la estafa no son rasgos que se lleven
bien con los mercados transparentes. A pesar de ello, muchos celebraron el fracaso
de las puntocom como si la nueva economía hubiese perdido una guerra
que en realidad ganó, como estamos comprobando en el largo plazo.
Toda la época de las puntocom supuso algo más. El mundo de los
contenidos, en el 97 reducido a los ghettos de la Red, pasó a ser su
rey, y surgieron cientos de portales o publicaciones empresariales.
Los medios pequeños parecíamos condenados a la desaparición,
en parte porque muchos de nuestros colaboradores fueron contratados por estos
portales, y el amor al arte tiene el límite del horario laboral. Tras
el batacazo de los contenidos -a la vista de su pobre calidad fue tan predecible
como el de las empresas que los sustentaban- los medios pequeños no sólo
se han multiplicado sino que se han convertido en legión, una tendencia
que en España no tiene aún carácter masivo pero que es
de esperar que crezca en los próximos meses o años.
Desde finales del 2000 hasta ahora hemos entrado en la estabilización
del fenómeno Internet a nivel social, pero en bastantes convulsiones
a nivel jurídico, político e incluso económico. A nivel
jurídico y político porque da la impresión de que tras
el 11 de septiembre de 2001 todo vale y quien ose alzar la voz es un peligroso
subversivo. Eso está facilitando la aprobación de leyes que pueden
suponer graves amenazas para la privacidad, la libertad de expresión,
la propia filosofía de la Red y el libre intercambio, o que pueden tener
terribles consecuencias para el mundo de la propiedad intelectual. A nivel económico,
al tiempo que se entorpece y se deja de estimular el comercio electrónico
(un arma cargada de futuro que en España y Latinoamérica nos hemos
empeñado en descargar permanentemente), lo cierto es que su crecimiento
a nivel mundial no hace sino evidenciar que en Internet había mercado,
pero faltaban madurez y sentido común.
En el campo de la publicación online desde 2001, los weblogs han sido, son y serán
los que den de que hablar, y una fuente de estímulo intelectual de
masas
como ha habido pocas a lo largo de la historia. Pero incluso en este campo se
puede y se debe mejorar. No sólo hay que acercar más esa herramienta
al mundo de la empresa o la Administración, también hay que mejorar
las herramientas y ponerlas al servicio de todos a través del software
libre, porque se trata de una de las grandes bazas del internauta de a pie frente
a la Internet oficial que nos van a intentar imponer en los próximos
años.
Los últimos seis años han sido los del nacimiento de un fenómeno
revolucionario que DiarioRed ha encarnado desde ese mismo 25 de agosto de 1997,
y que han sentado las bases para el desarrollo de un medio que no ha mostrado
aún ni una centésima parte de lo que puede llegar a ser y ya nos
maravilla por sus posibilidades. En los próximos seis años veremos
mucho más y mejor. Y también tendremos que hacer frente a los
retos del futuro frente a gobiernos y empresas. Yo espero poder seguir haciendo
"periodismo libre" de la mano de DiarioRed, que es lo único
que he querido hacer todos estos años.