Medios acorralados
La última década ha resultado traumática para los imperios
de la prensa tradicional, y el trauma se ha acrecentado en los últimos
cinco años desde la aparición de Internet. Al descenso en la venta
de periódicos en términos relativos se han sumado tres grandes
tendencias que han conseguido acorralar a los medios tradicionales hasta el
punto de temer por su futuro en términos de poder, influencia y negocio.
Las tres batallas se han perdido hasta la fecha, y la pérdida de papeles
ya empieza a ser patente y tiene como resultado la aparición de soluciones
como la ya mencionada: cuando el negocio ve amenazada su existencia, se recurre
a la propiedad intelectual y se exige a los anunciantes (que se gastan millones
en publicidad en su medio) que paguen el chocolate del loro por fotocopias.
La primera batalla es la de los medios gratuitos,
que en España se ha librado recurriendo a medidas proteccionistas que
han convertido el kiosco en una reserva natural, y que no han conseguido evitar
que los diarios gratuitos (20minutos
y Metro en España, entre otros) asciendan en los rankings de
audiencia hasta superar a los medios de siempre en tirada y lectores. Primera
batalla perdida.
La segunda batalla es la crisis de la publicidad,
propiciada en parte por Internet y por la crisis económica, pero que
está removiendo los cimientos de una industria hasta ahora acomodada
pero que vive una auténtica reconversión encaminada a reconducir
el marketing de masas hacia acciones más efectivas, presupuestos más
racionales y modelos más serios y alejados del dispendio generalizado
de la segunda mitad de los años 90. Segunda batalla perdida.
Y la tercera batalla es Internet. Aquí
es donde se destapan todas las cajas de los truenos, porque si con los otros
fenómenos se puede convivir, en el de Internet no sólo no ha funcionado
absolutamente nada hasta la fecha, sino que además resulta que el futuro
pasa por la Red, donde los competidores crecen como
setas, comoditizan el producto, ponen en evidencia a los medios tradicionales,
se adelantan en las exclusivas, viven en la edición permanente y se pavonean
ante el gigante con desparpajo y desvergüenza. En Internet no ha funcionado
tener el producto en abierto, no funciona tenerlo bajo suscripción (y
además se paga un precio muy alto en términos de influencia y
alcance) y además los medios contemplan atónitos cómo unos
recién llegados roban audiencia cada día, cómo miles de
personas abren nuevas publicaciones en forma de weblogs individuales
y se atreven a competir con los de siempre en calidad de información
o amplitud de conocimientos (con notable éxito), y cómo su modelo
tradicional, basado en ciclos informativos propios del siglo XX y en esquemas
de poder anacrónicos, se viene abajo.
Más madera, es la guerra
Ante este panorama, no resulta sorprendente todo lo que está sucediendo.
En Dinamarca el pasado año se dictó la primera
sentencia
contra una empresa que se dedicaba a hacer "deep linking"
ofreciendo vínculos "profundos" (o sea, normales y corrientes)
a publicaciones danesas. Más o menos lo que viene haciendo un servicio
como News.Google.es
desde hace poco en nuestro país. Un grave delito, como podrá el
lector comprobar haciendo una visita al magnífico buscador. Esa es la
forma de terminar con Internet, destruir el hipervínculo
con toda la maldad que encarna. ¿El próximo objetivo de Gedeprensa?
El año pasado los medios digitales se decidieron a cerrar sus ediciones
en la Red a la vista de la sequía publicitaria de Internet. El primero
en hacerlo fue El Mundo,
que cerró la versión digital de su edición de papel y dejó
abierto el resto de la web. Posteriormente El
País cerró completamente su sitio web, renunciando
al tráfico de 300 millones de hispanohablantes para crear el "club
de los mejor informados", una institución pensada (suponemos)
para personas que desconocen Internet y el universo de información que
supone. Tras la estela de El País siguieron otros medios.
Las cifras de esta aventura son evidentes: nadie ha hecho públicas sus
cifras de suscriptores porque son ínfimas, el negocio no se ha enderazado,
se ha perdido el alcance mundial propio del medio y la audiencia ha caido en
picado. La aparición de Google News en español
no hace sino dar la puntilla. Prisacom ofrecía en el
primer semestre del 2002 5,25 millones de euros en pérdidas. En 2003,
con El País bajo pago la cifra de pérdidas era de 5,15 millones
de euros. Impresionante mejora para tan gran apuesta. Como para sentirse orgullosos
(y muy atemorizados).
En ese escenario surge Gedeprensa. En principio para dedicarse
al boyante mundo de las fotocopias y los resúmenes de prensa, donde al
parecer están lidiando con bastantes más molinos de viento que
los esperados, pero con más aspiraciones a largo plazo. Es decir, que
ante los tres grandes retos de la prensa gratuita, la crisis de publicidad e
Internet, los cinco grandes grupos de medios contraatacan con el férreo
control de sus derechos de autor. Brillante apuesta, pero efímera, estéril,
poco rentable y sin futuro en un panorama que, tarde o temprano, acabará
con la propiedad intelectual tal y como la conocemos.
Pero Gedeprensa parece estar ahí para algo más. El siguiente
paso es Internet, el hipervínculo, y la guerra abierta contra los agregadores
de información tipo iMente
que se ganan la vida con una magnífica tecnología de inteligencia
que va mucho más allá del contenido.Pero... ¿hasta donde
están dispuestos a llegar?
El caso de PeriodistaDigital.com, el primer paso
David Rojo, director de Periodistadigital.com,
probablemente pase a la historia como el anticristo de los periodistas digitales.
Tras su reciente polémica por el caso de Tony Alexander King
se ganó un linchamiento público digno del propio King. La polémica
se vió de pronto mezclada con la hostilidad de los medios tradicionales,
cuya doble moral se podría dejar en evidencia a poco que tirásemos
de hemeroteca o echásemos algunos vistazos a sus ejemplares de cada día.
No seré yo quien defienda a Rojo, pero sí quien ataque las incoherencias,
la doble moral y la franca decadencia de ciertas cabeceras hostiles. Que no
vengan a darnos lecciones si no saben predicar con el ejemplo.
A la semana de dicha polémica El País y El
Mundo (dos de los medios agrupados en una Gedeprensa envuelta en líos
legales que les impide actuar en la actualidad), aprovechando el linchamiento
público a Rojo que ellos mismos habían alentado, le reclamaron
que dejase de reproducir sus artículos y dejase de poner hipervínculos
profundos a sus viñetas humorísticas. Aparentemente, en PeriodistaDigital
podemos encontrar reproducidos diversos artículos (ejemplos aquí,
aquí
o aquí)
de las ediciones de pago de estos medios, acogiéndose al derecho
de cita y a la regulación del "resumen de prensa")
así como links a las imágenes de las viñetas humorísticas,
no a las páginas html que las contienen (publicidad incluida), lo cual
supone un lucro cesante directo para las empresas editoras, según ellas
mismas (un
ejemplo aquí).
Lo que no sabían los responsables de Prisacom y Elmundo.es
es que estaban dando el primer paso de la batalla contra el hipervínculo,
y aunque sobre el fondo jurídico se podría discutir largamente
(derecho de cita y revista de prensa vs. derecho de reproducción, y vínculo
profundo con lucro cesante) y yo mismo podría dar un dictamen jurídico
negativo, lo cierto es que dudo mucho que la causa contra PeriodistaDigital,
arbitraria, hecha por razones más políticas que de negocio y con
afán ejemplarizante, prospere y llegue a algo. Será la primera
batalla perdida y otra más en la lucha latente de la propiedad intelectual.
Lo que sí han conseguido ha sido sembrar la dicotomía y empezar
a prepararnos para la guerra abierta entre medios digitales y medios tradicionales,
una guerra que dictará el futuro de Internet y el futuro del periodismo
tal y como lo conocemos. Y poco importará que David Rojo
sea un "periodista maldito", por suerte o desgracia lucha
en mi bando y aunque su batalla no es la mía, la guerra que late tras
ella sí lo es.
A fin de cuentas...
En los próximos diez años se librará la guerra por el
liderazgo informativo de Internet, y las perspectivas no son nada halagüeñas
para los medios tradicionales: pierden influencia, comparativamente pierden
calidad, pulso, convierten sus cabeceras en bazares ambulantes, compiten con
la gratuidad (en papel y en digital) sin ofrecer más calidad ni especialización,
ofrecen soportes publicitarios anacrónicos, se cierran a Internet como
vía de futuro y renuncian a un negocio en el que se debe seguir experimentando
y buscando hasta encontrar modelos de negocio válidos.
Los medios digitales son lo contrario, y además son ágiles, poco
costosos y con un infinito mercado de 300 millones de personas por conquistar
en el que está todo por hacer. ¿Hace falta decir que la guerra
está perdida?
La miopía de los editores de siempre parece cegada por el cortoplacismo,
las luchas estériles por los derechos de autor y la
defensa numantina contra una creciente pérdida de poder
e influencia. Les deseo muchísima suerte en su empeño, pero siento
decirles, anticipadamente, que los medios de siempre ya han perdido esa guerra.