Lo estamos viendo con el software de escritorio. Lo estamos viendo con las aplicaciones web libres que se instalan por millares y amenazan a los grandes (en breve, un artículo al respecto). Lo estamos viendo con el RSS (que sin duda merece otro artículo). Los weblogs, los wikis, el XML, el periodismo participativo, los bookmarks sociales, las Creative Commons, las comunidades tipo Flickr,
etc… Quienes hemos vivido siempre en este mundillo no damos abasto, nos
faltan horas al día para mantenernos actualizados. La innovación
surgida de la muchedumbre
supera con creces nuestra capacidad de digestión. Aún así, voy a hacer
un esfuerzo en las próximas semanas por hacer un resumen breve y
(espero) didáctico para que el lector vea una simple foto de todo lo
que está pasando.
Y esta semana le toca el turno a
Firefox. Sí, ya he hablado muchas veces del navegador alternativo a
Microsoft
que le come terreno a pasos agigantados. Seguro que el lector está
harto de leer el palabro allá donde va. Pero si aún no ha instalado
esta pieza de software, más vale que se de prisa ante el riesgo que
corre de convertirse en el hombre desactualizado, de pasar al otro lado
de esa otra frontera digital. La frontera entre quienes navegan en un
viejo 600 frente al último modelo de descapotable de lujo. Elija el
descapotable: es gratis, le conviene y le ayudará a no quedarse
obsoleto.
Lo que está pasando con Firefox es que el fenómeno está superando
con creces lo que sus creadores habían planeado en un principio. Por
supuesto que Firefox es revolucionario. Pero la posibilidad que tiene
de ser “extendido” a través de desarrollos de terceros es la que está
provocando una avalancha de desarrollos que empiezan a cambiar
dramáticamente nuestra forma de navegar. Las
extensiones de Firefox
que han ido surgiendo o evolucionando en los últimos meses empiezan a
convertir el navegador en una herramienta todoterreno con múltiples
niveles de interacción, algo que con otros navegadores es imposible o
sencillamente caro.
Una vez que instalemos Firefox instalar extensiones es sencillo y
automático. El propio navegador se encargará de actualizarlas cuando
salga una nueva versión. Algunos ejemplos de extensiones muy útiles y
que en poco tiempo resultarán imprescindibles:
-
Tab Browser Extensions:
si la navegación con pestañas es uno de los aspectos más atractivos del
Firefox, con esta extensión llevaremos nuestra navegación a un estadio
superior. El nivel de funcionalidad que añade este sencillo software es
tan grande que resulta complicado volver a navegar sin él tan pronto
nos habituamos (en Firefox claro, volver al jurásico Explorer ya es
jugarse el pellejo virtual). Si somos adictos a la navegación esta
extensión es imprescindible.
-
Scrapbook: hay aplicaciones de este tipo como
Onfolio
(que vale unos 100$) para Explorer, pero poca falta hace pagar con algo
como Scrapbook. Si necesitamos una herramienta de documentación o
queremos guardar páginas, textos o archivos adjuntos de las webs en las
que vayamos navegando, Scrapbook guarda y organiza toda esa información
para poder buscarla cuando la necesitemos. Extremadamente fácil de usar
(basta con arrastrar el texto o página a una barra lateral) y de una
utilidad ilimitada para cualquier internauta concienzudo a la hora de
buscar información y querer organizarla.
-
Adblock: muy útil para retirar la publicidad de las páginas que visitemos.
-
Flashblock: si nos molesta el omnipresente Flash podemos bloquearlo y activarlo a voluntad con esta extensión.
Y
muchas más extensiones
(en la variedad está el gusto) para todo tipo de tareas dentro del
navegador. Ahora bien, la última extensión que hace furor en el
ciberespacio es un módulo llamado
Greasemonkey,
que básicamente nos permite, a través de pequeños scripts, alterar la
apariencia de las páginas que visitemos, ampliar sus funcionalidades,
presentar la información de manera diferente y, en definitiva, cambiar
la web a nuestro gusto. Incluso han surgido herramientas, como
Platypus,
para automatizar la creación de esos scripts sin conocimientos de
programación. Y aquí las posibilidades, como la propia web, son
ilimitadas. Cientos de scripts,
aquí. Para todo tipo de páginas.
Por ejemplo, este script
compara automáticamente precios mientras miramos libros en
Amazon
con otras tiendas y nos devuelve los resultados en pantalla. En
apariencia pareciera que la propia Amazon nos informa de los precios de
su competencia. Con
este otro podemos cambiar por completo la apariencia de los resultados de Google. Entre la lista de
cientos de scripts probablemente haya decenas que nos interesen y mejoren nuestra navegación.
Y esto no ha hecho más que empezar. El día de mañana la navegación
será de los usuarios, mandará quien pilote el navegador. Los días de
imponer estándares o formas de navegar han pasado a mejor vida.
Bienvenidos a un nuevo concepto de web en el que el software libre ha
impuesto su ley y los usuarios van decidiendo en masa desertar de un
software mediocre, inseguro y controlado por una
empresa elefantiásica.
Y nadie dice que Firefox sea el paradigma de seguridad, porque nadie
está libre de pecado. Pero solucionan sus bugs en días. Microsoft tarda
meses.
Firefox no puede por más que arrasar. Navegar ya nunca será lo mismo.