Las startups han vuelto a aparecer en el
horizonte, pero sin financiaciones millonarias y sin espectaculares
salidas a bolsa. La explosión de la banda ancha (cada vez más cerca de ser una realidad
en España con el advenimiento de la competencia real) ha hecho que los
consumidores vayamos perdiendo el miedo a comprar en la Red, y sólo en
España ya se crece por encima de los dos dígitos a pesar de muy mejorable estado de nuestro comercio electrónico.
No debemos desterrar frívolamente el miedo a una nueva burbuja. La acción de
Google rozando los 300 dólares es una noticia
buenimala para
quienes creemos en el comercio electrónico. Y lo digo porque hay tantos
aspectos positivos como negativos. Positivos: los inversores están
recuperando la confianza para invertir en nuevas empresas, Google
responde con hechos (y crecimientos espectaculares) al auge de su
acción, y la empresa estandarte de esta segunda ola tiene unas
perspectivas sólidas y muy claras ambiciones respecto a su modelo de
negocio y su futuro. La acción de Google puede ser una burbuja, pero la
realidad contable de Google es indiscutiblemente brillante. Nada
comparable al
Amazon
de la otra burbuja, paradigma de las pérdidas y modelo a hombros del
cual se pedían financiaciones millonarias para proyectos descabellados
y pérdidas crónicas. Debemos pensar que los inversores han aprendido la
lección.
Negativos: existe el riesgo de que vuelva a surgir un cierto
síndrome de la fiebre del oro, tanto entre inversores individuales como
de capital riesgo. Las perspectivas económicas no son malas y está
claro que la población online crecerá en los próximos años, pero eso no
significa que triunfar en esta nueva era vaya a ser más fácil de lo que
lo fue años atrás. Sigue existiendo el riesgo (yo casi diría que la
certeza) de que muchos millones de dólares invertidos en la nueva ola
de empresas acaben en la basura, y los inversores deben ser conscientes
de ello antes de meter un céntimo en una empresa de nueva creación. La
Red sigue (y seguirá) siendo un campo minado para cualquiera que entre
en ella, porque es un campo de vertiginosa evolución y, en cuanto tal,
impredecible.
Si algo ha demostrado la experiencia de estos diez años de
“Internet en bolsa”, por así llamarla, es que lo mejor es construir los
negocios desde los cimientos. Recordemos
Boo.com, paradigma de lo contrario. Recordemos
Ecuality, el “Amazon español”, víctima del
hype
y de la nefasta gestión. Sin embargo, pequeños negocios que empezaron
en la época de la burbuja han demostrado seriedad, paciencia e
inteligencia en la Red, y ya capitalizan su éxito. En España, por poner
dos ejemplos,
Optize o
DVDgo. En Estados Unidos ya los hay a cientos.
Soy uno de esos muchos consumidores españoles que
compra en el extranjero diez veces más de lo que compra en España en la
Red, pero la realidad es que en todas partes se hace, por lo general,
una mejor Internet a la que se hacía hace 5 años, en todos los
aspectos. Se vende mejor y se vende más. Y hay potencial para un
crecimiento espectacular en los próximos diez años. Espero que no haya
otra burbuja. No la merecemos. Y a pesar de la ineptitud ignorante de
muchos inversores voy a apostar porque no la habrá. En España hace
falta inversión seria y sólidos equipos de gestión para darle la vuelta
a una realidad esquiva. Nos hace falta un Amazon de verdad. De aquí a
diez años todo lo que ha pasado hasta ahora nos parecerá el prólogo
irregular de una brillante novela. Sin burbujas de por medio.