Porque el problema real no es la sentencia del Tribunal
Supremo americano, que sin desdecirse de anteriores sentencias se
limita a indicar que si los fabricantes del software incitan al pirateo
podrán ser considerados responsables de dicho pirateo. No. El problema
real es que a la industria discográfica le han quitado su queso y sus
responsables están actuando exactamente de la misma forma que uno de
los ratoncitos del libro:
preguntándose donde está y sin hacer nada por encontrar nuevas fuentes
de queso. El problema es que el queso perdido nunca volverá.
Así que poco sentido tiene todo lo que está haciendo la industria
discográfica en contra de los programas P2P, mero exponente de una
realidad social que quiere desintermediar la música, hacerla más libre
y auténtica, sin negarse en absoluto a pagar por ella. Con las
previsibles demandas de las grandes productoras contra los principales
programas P2P nos encontraremos con largos procesos judiciales de
incierta resolución, que para lo único que van a servir es para alargar
la agonía de empresas que deberían apresurarse a reenfocar el núcleo de
su negocio y dejar de dar la espalda a la sociedad de la que viven.
Algunas discográficas ya han perecido de pura miopía. Muchas más pueden
hacerlo si siguen por este camino. Y quienes hace años venimos
vaticinando esta situación somos tachados de peligrosos comunistas. Tal
vez no somos más que realistas.
Pero al hilo de estas noticias llegamos a otro debate, y es el de
la ilegalización de Internet. Si uno sólo de estos programas P2P fuera
ilegalizado por permitir el intercambio de ficheros nos encontraríamos
en una situación realmente grave. Porque tras ilegalizar los P2P habría
que ilegalizar el correo electrónico, los newsgroups y otros servicios
de Internet que permiten el intercambio de ficheros. Como los
protocolos de estos servicios son abiertos, habría que ir a por los
proveedores de servicios de hosting, y de ahí probablemente a los ISPs.
Tampoco se libraría Google del hacha fundamentalista. En conclusión:
habría que ilegalizar Internet. La
SGAE estaría encantada.
Como
encantada está
con las últimas sentencias judiciales. La del P2P, sin favorecerles en
exceso, parece la panacea de la corroboración de sus tesis. La
condena a la
Asociación de Internautas
por alojar una web llamada gráficamente “putasgae” en la que se
injuriaba a miembros de tan excelsa asociación les refuerza en la
convicción de que hay que ir a por los intermediarios. La AI ha sido
torpe y precipitada al alojar una web así, y las injurias tienen
difícil justificación, aun tratándose de personajes tan poco
presentables como los directivos de la SGAE. Pero de ahí a condenar, no
al autor, sino al que aloja la página, media un trecho que espero que
en los recursos se enmiende debidamente. Lo contrario nos llevaría a
que el nada velado deseo de la SGAE –ilegalizar Internet– se lleve a
cabo.
Así que, en conclusión: Uno, el P2P es la encarnación
de una ola imposible de parar y la industria discográfica pierde un
tiempo precioso poniendo demandas a diestro y siniestro.
Y dos, intentar buscar responsabilidades en quien no las tiene en la
publicación de contenidos en la Red es –eso sí– instaurar una ley de la
selva que lo único que haría es acabar con la Red tal y como la
conocemos. Y pese a que, como abogado, creo firmemente que la ley es
capaz de las más terribles aberraciones, también sufre de preocupantes
lagunas. Si en su guerra, perdida de antemano, quieren luchar estas
batallas, tienen por delante una muy difícil tarea. Casi imposible. Y
si no, al tiempo.