Mi
trabajo, ciertamente, no es evitar que eso vuelva a suceder. Hace más
de tres años publiqué un artículo titulado Micromundos (la nueva rebelión de las masas)
en el que hacía un repaso de la situación de ese momento y apuntaba a
los micromundos, micromercados y microcontenidos como tendencias de
futuro desde una sociedad de masas en franca redefinición.
Tres años después cualquiera de mis expectativas se ha visto
superada por los hechos. La blogosfera ha estallado hasta niveles
inimaginables, el comercio electrónico de nicho es una tendencia
innegable en la Red y la redefinición del papel del marketing, tanto en
Internet como fuera de ella, es un hecho que sólo unos pocos se
atreverán a negar. La publicidad de masas se bate en retirada por la
fuerza, dado que la influencia de los medios de masas también empieza a
desdibujarse. Más de una vez he hablado y leído sobre la máxima: “una
persona, un mercado”, algo que hoy todavía no es una realidad pero que
cada vez está más cerca. Los nichos se han multiplicado como esporas.
Hoy deberían ser la gran preocupación de los medios de masas para
reconvertirse a algo diferente. Obviamente, no lo están haciendo.
Las implicaciones de esta realidad son enormes y dudo que quepan
en este artículo, así que voy a hacer un esfuerzo por resumirlas:
Los mercados imperantes en la sociedad de masas se mueren
Tal vez no hoy. Tal vez no mañana. Pero pronto, y para siempre. La
industria discográfica es el mejor exponente de ello. Ahora dicen que
la bajada de un 15,7% de ventas en música grabada se debe a la piratería.
Pero el problema real del mundo discográfico no es la piratería: el
problema es que su modelo de negocio se está muriendo sin que ellos se
preocupen de otra cosa más que de atacar a sus consumidores, que vieron
el cambio hace años. Acabar con la piratería es posible, evitar la
muerte del mercado discográfico no. ¿Por qué no buscan soluciones?
Pero este no es el único mercado que tiene una grave amenaza sobre
su cabeza. La industria cinematográfica ya anda preocupada por las
ventas de DVDs y el descenso en la afluencia a las salas de cine. Las
televisiones deberían estar preocupadas por los descensos en sus
audiencias. Y no son los únicos, aunque probablemente sí los más
relevantes.
Los nichos ya pesan más que el consumo masivo
El fenómeno se ha dado en llamar
“the long tail” (el articulo de
Wired hace una muy buena explicación, y también hay
un weblog
y un libro en preparación al respecto), y hace alusión a la asíntota
que tiende al infinito en una gráfica de mercado. Hasta ahora esa
“cola” se despreciaba en términos económicos, pero de pronto ha
empezado a tener importancia. ¿Por qué? Pues porque esa cola de consumo
ha empezado a resultar, en muchas ocasiones, más importante que el
producto vendido masivamente de forma generalista. Y naturalmente es
más rentable, pues ya carece de costes de promoción. Básicamente este
fenómeno, espoleado a partir de weblogs, redes sociales o
recomendaciones a través de Amazon, facilita que consumamos productos
que se adecuen más con nuestros gustos, aunque no estén pensados como
producto masivamente promocionado. En un sitio como
Amazon
es muy fácil que compremos un libro o una película de hace años, o un
libro reciente pero muy especializado pensado para pequeñas audiencias
(o no tan pequeñas). En un sitio como
Netflix
(videoclub online) es fácil que alquilemos películas de las que nunca
habíamos oído hablar gracias a las recomendaciones basadas en las
preferencias de otros usuarios. Y en
iTunes acabaremos comprando música no “
mainstream” por las mismas razones. Así se van creando nichos. Sin marketing de ningún tipo.
Esto debería hacer reflexionar a los mercados que he mencionado
antes. Tal vez la vía de escape para la industria discográfica sea
acabar con la industria discográfica tal y como hoy la conocemos. Si no
puedo comprar un disco de 1982 de un artista poco conocido lógicamente
me iré a la Red a piratearlo. Y si me venden el último hit a 15 euros,
también. ¿Por qué no tengo ambos, y a precios razonables? Los 550
millones de canciones vendidas en iTunes no son un accidente.
Lo mismo para la industria del cine: cuanto antes pongan miles y
miles de películas online a precios razonables antes acabarán con el
pirateo. Queremos ver las películas cuando deseamos, donde deseamos, y
tantas veces como deseamos, y no pagar cuatro veces el precio de la
entrada para ver un DVD. Para eso lo compramos pirata. Televisión: tres
cuartos de lo mismo. Si ponen nuestra serie favorita a las 2 de la
madrugada nos la bajaremos de Internet (¿para qué grabarla?). La Red
nos lo ha puesto mucho más fácil a la hora de consumir ocio cuando nos
de la gana y no cuando nos impongan una programación hecha para el
mínimo común denominador de la sociedad. Que cada vez es más bajo.
Esta situación ha venido para quedarse. El mundo ya ha
cambiado, ¡estúpidos! Cuanto antes os deis cuenta de que el consumidor
ha decidido por vosotros por culpa de vuestra indefinición menos lo
sufrirán vuestros mercados. Y si no os dais cuenta tanto peor para
vosotros. Porque los consumidores no vamos a renunciar a nada. El
problema no es la piratería, el problema es el inmovilismo ante los
evidentes cambios de hábitos de los consumidores. Con pataletas
estúpidas como la de Guisasola lo único que van a conseguir es retrasar temporalmente una muerte inevitable.