En este contexto, uno ve con sorpresa no exenta de hilaridad
la proposición de ley para aprobar un estatuto del periodista
profesional que Izquierda Unida ha presentado en el Congreso de los
diputados. Propuesta que mezcla el más rancio intervencionismo con
prácticas franquistas y una intencionalidad política que roza el
esperpento para invitar descaradamente a la censura pura y dura. Por no
extenderme recomiendo tres buenas reflexiones al respecto (aquí, aquí, y aquí).
Por resumirlo en pocas frases: sólo será periodista aquel que así
quede acreditado por un "consejo de información" (del que habrá 18 en
todo el estado). El carnet podrá no ser renovado al cabo de un plazo (o
lo que es lo mismo, te pueden revocar tu carnet de periodista), y los
directores de medios o incluso de "páginas y sitios" (sic) deberán ser
periodistas acreditados. En fin…
Se da la circunstancia de que el arriba firmante, licenciado en Derecho, es desde hace más de seis años director de un
medio online sin ánimo de lucro.
Es decir, que ni tengo una empresa, ni soy empleado ni hay ningún papel
que lo demuestre. Sin embargo actúo como profesional del periodismo en
diversos medios, congresos, en mi propio diario y nadie –espero– podría
negarme el carácter de profesional de la información.
Freelance,
si se quiere. ¿Acaso alguien va a intentar coartar mi derecho a dirigir
un medio o escribir en otros en virtud de que un consejo me otorgue un
carnet?
¿Qué ocurre con los miles de weblogs, páginas informativas,
diarios online amateur o profesionales dirigidos por no periodistas?
¿Dejarán de recibir la consideración de medios? ¿Estarán fuera de la
ley?
Resumo aquí una problemática que los señores de IU han sido
completamente incapaces de plasmar en su pobre, corporativista y
anacrónica propuesta, que por encima de todo ataca a la Red y a todo
aquello en lo que hemos avanzado (sin ánimo de volver atrás) en el
mundo del periodismo digital en estos años. La revolución ya ha
comenzado, no hay forma de pararla y la realidad social dicta que
estatutos como el propuesto son regresivos y reaccionarios, propios de
otra época, y que en lugar de defender al periodista atacan al
ciudadano con derecho a crear su publicación cuando quiera sin que
ninguna ley se lo pueda impedir o considerarle como periodista de
segunda categoría.
Ponerle puertas al campo es estéril y contraproducente. Y si esta
ley sale adelante ocurrirá exactamente lo mismo que está ocurriendo con
la famosa LSSI: será una ley polémica que jamás se aplicará en el mundo
real. Y si no, al tiempo. Yo, por mi parte, prefiero cambiar el
principio general del derecho y decir que la ignorancia de esta ley no
exime de su incumplimiento. Porque pienso hacer ambas cosas: ignorarla
e incumplirla.