El lanzamiento por parte de Apple de un iPod Video
ha venido acompañado de otro anuncio de bastante más calado, y es que
iTunes (la exitosa tienda de música online de Apple) empieza a vender vídeos y capítulos de series de televisión americanas como "Perdidos" o "Mujeres desesperadas". Y lo hacen a través de un acuerdo con la ABC
, que pondrá los capítulos a disposición de los internautas al día
siguiente de su emisión. A efectos del mercado la oferta no tiene
especial interés: el fichero estará protegido por DRM y el precio (dos
dólares por capítulo) es bastante alto, así que muchos internautas
seguirán descargando los capítulos del programa P2P de turno. Lo
importante del anuncio es que por fin una cadena de televisión renuncia
a parte de su queso publicitario a cambio de ingresar por un pay-per-view a través de Internet. Y esto es el comienzo del fin.
Porque seamos claros y directos: la televisión, tal y como la
conocemos, se muere. No, no es un cambio que vaya a suceder de hoy a
mañana, tenemos muchos años por delante de modelo televisivo actual.
Pero eventualmente este modelo se morirá, por pura lógica de mercado.
Analicemos el modelo actual: el televidente se sienta frente a la
televisión y tiene una oferta limitada en múltiples dimensiones:
limitada en cuanto a número de canales. Si quiere más canales tiene que
abonarse a alguna solución de pago que le ofrezca mayor número de
opciones, pero que adolecerá del resto de defectos de la televisión.
Limitada
por el horizonte temporal de la "programación". ¿Qué es la
programación? Lo que un puñado de expertos en cada cadena estiman que
es el mínimo común denominador que va a aceptar un porcentaje mayor de
la audiencia. Es decir, en la cadena de fulanito tienes un reality show
a las 22.00. Si no te gusta vete a otro sitio. Si no te gusta lo de
ningún sitio vete a la cama. Y si te gusta lo de fulanito pero tienes
que darle un paseo al perro olvídate, no vas a ver ese programa jamás,
porque es ahora o nunca. Y sí, ya sé que existen los vídeos, pero esos
también se van a morir tal y como los conocemos. Y son un engorro.
También
está limitada por la oferta. Como la programación se hace para el
mínimo común denominador lo habitual es encontrar programas de una
calidad más que discutible, y es difícil encontrar buenas series en
buenos horarios, o que no sean sistemáticamente marginadas por la
contraprogramación en aras a la mediocridad reinante.
Finalmente,
está limitada por la publicidad (en las televisiones en abierto al
menos), que para muchos televidentes son unas imágenes acompañadas de
ruidos, muy molestas pero perfectamente inútiles que las cadenas tienen
a bien intercalar en los programas que vemos, haciéndonos perder un
valioso tiempo. En países como Estados Unidos ver una película,
programa o serie se convierte en un acto muy cercano al heroísmo.
Al
final, como televidentes, acabamos viendo programas que no queremos
ver, en horarios en que no queremos verlos (so pena de perdernos el
programa), y bombardeados por publicidad que añade un 33% de tiempo a
la visualización del programa. ¿Piensa alguien que este esquema tiene
algún futuro? Lo sorprendente es haber llegado hasta aquí.
El
caso es que del modelo broadcast estamos pasando paulatinamente a un
modelo broadband (banda ancha), en el que la oferta de televisión no
estará limitada por concesiones administrativas ni por costosas
infraestructuras de emisión de señales analógicas o digitales. No. El
futuro de la televisión pasa por la banda ancha, los protocolos IP, la
imagen comprimida, y la oferta ilimitada.
Olvidemos la televisión de hoy e imaginemos. Ya hay ofertas de televisión IP (Imagenio
de Telefónica, sin ir más lejos, a la que se van a sumar varios
operadores de ADSL españoles), pero todas ellas reproducen los esquemas
tradicionales (la dichosa programación), pese a que incorporan inventos
interesantes como el vídeo bajo demanda. Son comienzos prometedores.
Pero más adelante empieza lo interesante. Algunas ideas para hacer
boca: nuestros patrones de consumo permitirán que a través de filtros
sociales se creen televisiones a la carta. Toda la televisión será bajo
demanda, aunque podremos optar por ver programas en directo. O no. El
vídeo (no será vídeo, se llama Personal Video Recorder y es un
disco duro con enorme capacidad de almacenamiento) será prescindible
porque tendremos acceso a una ingente cantidad de programas de los
últimos meses (o años), series, documentales o películas. Y no las
películas de estreno limitadas que ofrecen ahora los operadores, sino
las miles de películas que hoy podemos comprar en Amazon en DVD. Y sí,
el DVD también se morirá porque los soportes ya no tienen sentido en la
nueva era. Tras el CD veremos la muerte del DVD. La publicidad
evolucionará. La televisión personalizada permitirá ofrecer publicidad
de forma más certera. Y si no quieres publicidad simplemente pagarás un
poco más por ver tu programa. Las plataformas serán eso, plataformas,
así que en lugar de pedir una licencia administrativa para emitir
tendrás que llegar a un simple acuerdo comercial con la plataforma que
te proporcione la infraestructura de emisión digital. Nada que ver con
las mal llamadas "plataformas" de hoy, que son de oferta cerrada a
mayor gloria de grupos multimedia favorecidos por las concesiones
administrativas.
Todo esto puede sonar a ciencia ficción a
día de hoy. No lo es. Hay docenas de empresas trabajando con este
concepto y dispuestas a revolucionar la televisión. Puede tardar
todavía un buen número de años, pero este cambio llegará. El anuncio de
Apple es un primer paso. La rudimentaria televisión IP que se oferta
hoy, el segundo. La televisión digital terrestre, la televisión por
satélite y todos los inventos encaminados a perpetuar la televisión del
pasado son plataformas transitorias.
Las televisiones han
vivido hasta ahora a una sorprendente distancia de las tecnologías IP,
pero me pregunto si son conscientes de que el cambio, al igual que en
los periódicos o las radios, llegará eventualmente a las televisiones.
Y me pregunto si la estrategia, como casi todos los sectores abocados a
una reconversión por el advenimiento de la Red, va a ser también
defensiva y hostil. Me temo que sí.