El día 25 de octubre se celebró el "Día de Internet"
en España, una celebración que vino acompañada de numerosos actos e
informaciones acerca de la Red. Es una iniciativa aparentemente privada
y que nos mueve a quienes llevamos años y años "evangelizando"
públicamente sobre este invento a un clamoroso "¡ya era hora!"
esperanzado de que hay quienes se preocupan por impulsar estos temas en
nuestro país. Así que voy a hacer unas cuantas reflexiones sobre la
maltratada sociedad de la información en España y el susodicho día.
La
historia de la Sociedad de la Información en nuestro país es la
historia de un despropósito, casi desde sus inicios. Al principio
marcada por cuestiones de infraestructuras y por el monopolio de
Telefónica, trasladado a las opciones de conexión y la tardía llegada
del ADSL. Más tarde destrozada por el pésimo despegue del comercio
electrónico, la burbuja, la desastrosa liberalización telefónica y
Terra. Siempre lastrada por el lamentable registro de I+D de nuestro
país, estructural y difícil de resolver por ningún gobierno, como
prueban los últimos presupuestos generales. La crisis y los sucesivos
ministros de los dos últimos gobiernos no hicieron sino acentuar esta
lamentable situación. El actual gobierno no ha hecho nada para que
podamos ser algo más optimistas al respecto. Más bien han seguido con
la tónica mediocre, con aciertos esporádicos como si sonase la flauta
por casualidad.
A día de hoy España sigue a la cola de la
Sociedad de la Información de los países desarrollados (y tras algunos
que ni siquiera lo son), y la Internet española está muy lejos de los
referentes internacionales. No despuntamos en nada pero lo cierto es
que al menos se observa un cierto progreso con el que, a trancas y
barrancas, avanzamos desde la cola del pelotón.
En el
ámbito de las infraestructuras la progresión en el últimos años ha sido
espectacular. Hemos pasado de una conexión estándar de 256 kilobits por
segundo a una de 1024, y la eclosión de la competencia real por parte
de Jazztel, Ya.com o Wanadoo ha animado un mercado en el que
velocidades de 4 megas ya están al alcance de la mano y la promesa del
ADSL2 nos promete velocidades de 20 megas a precios asequibles. Estamos
detrás de los países más desarrollados pero no excesivamente lejos de
una banda ancha decente. Las infraestructuras siguen siendo una
preocupación, pero no son la principal, hay potencial para mucho.
El
comercio electrónico también ha progresado, pero sin rasgos de
brillantez. Hay muchas tiendas online y tienen su mercado, pero
carecemos de referentes, de evangelizadores, de vanguardistas y de
innovadores. Vamos a la cola y las grandes empresas internacionales
tipo Amazon siguen ignorando a España, que todavía es un país con
numerosos rasgos hostiles al comercio online. Sería muy interesante
conocer la cifra de negocio de Amazon en España, indicativa de hasta
qué punto el proteccionismo estatal sobre el precio de los libros o la
escasa preparación logística condiciona la venida de un gigante que
serviría de plataforma privilegiada para el mundo hispanohablante. Otro
tren perdido.
En el ámbito de la empresa ha habido tímidos
avances, quitando el paréntesis de la crisis, y cada vez existe más
conciencia de lo crucial de la inversión en tecnologías de la
información como clave para el aumento de la productividad. Pero no es
suficiente. La productividad en España sigue en niveles irrisorios.
Sorprende encontrar en 2005 directivos con nula preparación que todavía
desdeñan Internet, sinónimo para ellos de burbuja, y no quieren saber
nada de ciertos cambios cruciales en su sector. "Para qué invertir si
mis resultados van bien" es una de esas frases previas a la muerte de
cientos de industrias a lo largo de los siglos, y una lección que
aparentemente no se termina de aprender en las escuelas de negocios.
Falta preparación. Falta inversión. Falta cultura.
Y la
Administración ha avanzado tímidamente, pero aún está lejos de la total
administración electrónica que nos prometíamos en el 2000.
El
día de Internet no va a resolver nada de esto, claro. Pero tal vez
sirva para darnos cuenta de que esta realidad tiene a día de hoy una
base de millones de personas en nuestro país, cada día menos reacias a
consumir en la Red. Tal vez sirva para concienciar de que el reto es
formidable de cara al futuro porque la Red será ominipresente y la Web
2.0 promete permitirnos utilizarla con la misma comodidad que nuestros
programas de escritorio. Y tal vez demuestre que esto no es una moda
pasajera ni un invento para geeks. Es el futuro, sin más.
Y
sólo me guardo una sugerencia para la organización (a la que felicito
sin ambages), y es que en próximas ediciones se abra la organización a
internautas voluntarios que quieran evangelizar, salir a la calle,
organizar lanpartys locales en instalaciones cedidas por
ayuntamientos, y enseñar a los no iniciados las bondades de la Red.
Estoy seguro de que muchos internautas se sumarían al reto. A mí,
veterano internauta de a pie, me hubiera encantado
colaborar este mismo año, sin ir más lejos.