Llevamos ya unos diez años de ediciones digitales de
periódicos, y en este tiempo muchos medios impresos no han sido capaces
de reaccionar a la realidad que representa la web ni afrontar los retos
que plantean el consumo digital de información, los gratuitos o la
redefinición de la publicidad. Se han hecho muchos experimentos pero
pocos parecen haber fructificado, y la industria editorial debate ahora
nuevas formas de enfocar una crisis que, tarde o temprano, se cobrará
un buen bocado del mercado actual del sector.
En ese contexto, se están llevando a cabo ciertos experimentos que
permitirán extender el negocio editorial de periódicos o revistas a
soportes de nueva generación que aún no son más que ciencia ficción.
Los ejemplos son muy variados aunque probablemente el que mejor conozco
es
Zinio (
aquí un buen análisis), una suerte de kiosco
online
con centenares de revistas (algunas españolas) que cuenta con un
cliente lector que instalamos en nuestro ordenador y nos permite
suscripción a revistas, y su cómoda lectura en la pantalla de nuestro
ordenador. Llevo un año y medio utilizándolo y las ventajas me parecen
notables frente al papel. Pero este modelo, válido para hoy, no es más
que la transición a algo muchísimo más ambicioso.
Ya hemos comentado alguna vez que en unos años la Red será casi
omnipresente en nuestras vidas y la encontraremos allá donde vayamos en
todo tipo de dispositivos. Así que en el futuro no es descartable que
nuestra suscripción a publicaciones o nuestro acceso al nuevo kiosco
online
sea desde cualquier parte. Los dispositivos de lectura ya están
evolucionado, de la pantalla TFT, que tarde o temprano cansa la vista,
a nuevos formatos como la
tinta electrónica
(con alta resolución pero escasa iluminación), que en pantallas grandes
pero completamente flexibles nos permitirán replicar la experiencia de
lectura del periódico en papel en un soporte digital pero asequible y
de cómoda lectura. Y sí, claro que la web empieza a llevarse lectores
del papel, pero es incapaz de replicar la misma experiencia de lectura.
Internet o lo digital empezarán a robar lectores de papel a manos
llenas cuando el lector pueda leer el periódico o revista digital en el
tren, el avión, el sofá o la cafetería, sin cansar la vista y con la
misma comodidad que hoy lee el papel. El día que eso llegue el papel
seguirá existiendo pero ya no habrá excusa para saltar a lo digital.
Las ventajas serán muy superiores. Y gastaremos menos papel.
Y no, no es ciencia ficción, por más que en Minority Report
apareciera un cacharro que se parecía sospechosamente a lo que acabo de
descubrir. Multitud de fabricantes están trabajando ya sobre este
concepto, la industria editorial ya lo discute y todos son conscientes
de que si esta industria tiene salvación, esa es la vía. Ese es el
nuevo kiosco. Ensayemos con los Zinios de hoy porque mañana serán
legión.