Otro cantar se respiraba apenas unos días antes de la última Nochevieja del
milenio, cuando, en lugar de planes de acción en toda regla, nos confortábamos
con aquellos cánticos de sirena y largos brindis al sol. Parecía como si esta
sociedad española finimilenaria, de la noche al día, se hubiera convertido, de
súbito, en una gran mina de oro a los pies del Rey Salomón, un nuevo continente
llamado Jauja.
Para de pronto, hacer todo lo contrario. Como el péndulo. Amanecer para lamentar
y repetir N veces que ayer hubo demasiados titulares inflados sobre Internet.
Como si no hubiera más conclusiones. Hoy Internet está presente en la mayoría de
los hogares "pudientes" del sur de Europa, incluida la España rural. Pero en los
mass media apenas ya se escuchan los ecos de aquella Revolución.
Mientras, la realidad sigue en el término medio, donde el fenómeno digital no
cesa de influir en nuestro cotidiano día a día. Ya vivimos en red, inmersos en una dinámica que
ha venido para quedarse definitivamente, para marcarnos las pautas. Un fenómeno que nos obliga a trabajar y
estudiar mucho más que antes. A vivir más intensamente, sin apenas tiempo para
llorar por haber dejado de lanzar las campanas al vuelo. Aquí no cabe el
desánimo. Porque queda casi todo por hacer, igual que a finales del siglo
pasado.
Y si hay que remontarse a la Gran Burbuja, siquiera por hacer memoria y obtener
conclusiones edificantes, al menos acallemos al político que sale a la palestra para simplificarnos el análisis de quiénes fueron los buenos y los malos de la Película, como en los filmes más casposos de Hollywood.
Sobre todo cuando el tema de fondo es la responsabilidad del más-que-preocupante retraso tecnológico que aqueja los pulmones de la socio-economía española, mucho más allá de IPCs coyunturales.
Un error histórico de tamañas consecuencias no puede despacharse a la ligera, tomando cafelitol, con comentarios simplistas y pseudo-sarcásticos sobre el puñado de imberbes jóvenes casi-empresarios, "esos ingenuos emprendedores que hace unos veranos lucían blancas sonrisas, y se intercambiaban polos y gorras repletos de uves dobles y puntoscom.
Pues díganos, ¿en qué ha quedado el Programa Info XXI?,?¿Dónde están los síntomas del cambio hacia las bondades de la Unión
digital Europea, prometidas tras el Consejo Europeo de Lisboa, cuando los
Quince establecieron para la UE el objetivo de convertirse en la economía basada en el conocimiento más dinámica del mundo para 2010?.
Porque apenas ojeando la prensa de hoy, los titulares se los sigue llevando el mismo Ministerio español de Ciencia y Tecnología, aunque sea para aparecer el primero de la fila a la hora de reconocer el viejo secreto a
voces, la "obsolescencia" de su propio Programa Info XXI, toda vez que ya renunciera públicamente, a los pocos meses de exponerlo, a su propio objetivo de alfabetizar digitalmente a 1 millón de españoles. O a formar a 14.000 parados en tecnologías de la información, un plan que ni siquiera llegó a ponerse en marcha.
Mientras un informe de la OCDE apunta que España no llegará a ponerse al nivel de Estados Unidos en desarrollo tecnológico hasta dentro de 50 años (un cálculo bastante optimista), el bisoño Ministerio sale en la prensa por presentar una web para dar a conocer los derechos y obligaciones de la controvertida LSSIce, y por pedir "propuestas imaginativas" a la nueva Comisión de Estudio para sacar a España de los puestos de cola sobre la Sociedad de la Información.
Pero, ¿es que no era suficientemente imaginativo y del todo factible, hace
apenas unos meses, la conexión por el Protocolo Internet a más de 400 millones de hispano-parlantes en más de 20 países de todo el globo?. ¿Qué ha pasado en España, al contrario que en muchos otros países de su entorno, para arrojar estos pésimos índices de penetración de Internet, superando en toda Europa sólo a Grecia y Portugal? Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, esta España que se ve a sí misma moderna y prometedora, permanece estancada, en comparación con el resto del mundo, en el puesto 26 de 200 posibles en cuanto al desarrollo tecnológico, por debajo de países (para reconocimiento de éstos) del otro lado del Telón de Acero, como la República Checa.
¿Qué significan actualmente, a oídos de un adolescente andaluz o gallego, las palabras del presidente José María Aznar durante el lanzamiento del Plan Info XXI, el pasado 24 de enero de 2001?. Leyó sereno: “Estamos, efectivamente, ante un momento de profundas transformaciones tecnológicas de alcance mundial, comparables probablemente a la que supusiera la imprenta o la máquina de vapor en su momento. Son cambios que están afectando a los modos tradicionales de vivir de las personas, a sus formas de trabajar o de disfrutar del tiempo libre, al modo de relacionarse y de comunicarse con los demás. Lo hemos llamado Sociedad de la Información; pero quizá hubiera sido más ajustado a la realidad denominarlo Sociedad de las Oportunidades.”
Dime con qué conexión andas
Según más de un usuario, una clave mayúscula de este fracaso radica en el elevado coste de las conexiones en España, al tiempo que son muy deficientes. Paradójicamente, quizá esta misma deficiencia explique el que España sea hoy, según Nielsen, el segundo país europeo en penetración de la banda ancha, con un 2'2% de líneas ADSL, y un 2% de los hogares conectados. Sólo Alemania lo supera con un 4'3% de líneas, y un 6% de los hogares con Internet de alta velocidad.
Así, pese a que España sea de los lugares más caros de Europa a la hora de
conectarse a Internet, o a que más de 250.000 habitantes de zonas rurales sigan "funcionando" con líneas TRAC, la aceptación de los servicios de banca electrónica también es extraordinaria en el contexto de la Unión. Hasta un 30'7% de los internautas españoles la usan, según OpiNet, lo que les coloca en el cuarto lugar en desarrollo del home banking europeo.
Pero la carencia de conexiones Buenas, Bonitas y Baratas, denunciada desde hace años por los todos los colectivos internautas, induce al creciente pesimismo en el comercio electrónico español, un mercado del que recientemente salió corriendo una multinacional francesa de grandes supermercados, porque entre sus 7 millones de navegantes, sólo uno de cada 10 compra online. Según AECE, los principales frenos son "la falta de información, la ausencia de
ventajas por comprar online, y el recelo hacia los sistemas de pago".
Sancho y Quijote, Quijote y Sancho. En ese mercado también se da, a un mismo tiempo, la espectacular penetración de la telefonía móvil, con 31 millones de usuarios: 3 de cada 4 habitantes.
Por no exaltar, siempre sin olvidarse de la ansiada equiparación de precios con las conexiones europeas, las esperanzas en la banda ancha y en los contenidos multimedia, en la conexión permanente sin hilos, en el avance incontestable de Linux, o en las preguntas en voz alta sobre el software libre, y la liberación que dice sentir el vecino cuando anoche se instaló el OpenOffice.
El mismo tipo afable que repite que hoy en día, igual que cuando descorchamos una botella en la última Nochevieja del milenio para despedir al efímero Efecto 2000, la táctica más "imaginativa", la madre del cordero, es que los gobernantes fomenten, con nuestros dineros, una Internet más buena, más segura y más barata.