para mí no hay fingimientos;
que, desengañado ya,
sé bien que la
vida
es sueño
--Segismundo
Durante la dominación romana, los primeros cristianos,
influidos por los cultos helénicos, hicieron de una
singular criatura (una garza), un
símbolo viviente de la inmortalidad y la
resurrección. Ya en la mitología del
antiguo Egipto,
el Ave Fénix representaba el Sol, que muere por la noche y renace
por la mañana.
Durante generaciones, se decía que viajaba de Arabia a Heliópolis una vez
cada 500 años, estableciendo los
ciclos del Tiempo. Así, Heliópolis llegó a ser el centro de
regulación del calendario. También se le asoció al
planeta Venus, del que se pensaba era guía del
Sol, e incluso al pájaro de fuego de la mitología
aborigen americana. Al resurgir de un huevo primigenio,
otro simbolismo atribuido al Ave Fénix es la
esperanza, aquello que nunca debe morir
en las personas.
Lo mismo que aflora hoy, minutos antes de
su nuevo Renacimiento con la actual versión, con una simple
búsqueda de "diariored" en
archive.org.
Un silencio respetuoso ante el oficio del periodista empujado a
escribir, gratis, por vocación y
pese al
Nasdaq, en una publicación independiente, sin ánimo de
lucro, a fin de que a cada artículo le acompañe una serie viva de
comentarios, tan larga e intensa como la breve pero frenética historia de la
Infosfera.
Al menos en lengua castellana, pocos periódicos digitales pueden
proclamar, como éste, el hecho de haber nacido Inmortal. Capaz de resucitar.
Y la razón que lo explica no es otra que lo
que en su día nos advirtió Calderón: ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.