mándala o mandala. (Del sánscr. máṇḍala,
disco, círculo).
1. m. En el
hinduismo y en el budismo, dibujo complejo, generalmente circular,
que representa
las fuerzas que regulan el universo
y que sirve como
apoyo de la meditación.
Para quienes vivimos de
manejar información, del bit [antaño
átomo] como materia prima,
lo que hoy resumimos como aprender a aprender se
ha convertido en un requisito. En un cimiento, un
fundamento para participar en el mercado con alguna garantía.
Hacerse con este conocimiento
[empieza a llamarse skill] quizá
sea hoy, de hecho, el eje de partida, la base de cualquier master en el oficio del periodista.
A pocos oficios les coge (en sentido tanto español como argentino) tan de lleno.
Porque el periodismo es un
oficio, no una profesión, como tan machaconamente se sigue insistiendo en
facultades, másters y seminarios del periodismo latino. La objetividad, el
4º poder, los rumores. Cierto que todo ello merece atención y esfuerzo, pero
mejor primero debiéramos enfocarlo en el difuso mapa de todo lo
que está pasando -en
y alderedor de- este planeta llamado Infoesfera. Es
decir, centrando las tesis y el debate en la fulminante y
progresiva dependencia de aquel viejo oficio en el
asentamiento de la Red. Cada día
más desde que comenzó el advenimiento digital.
Apenas un lustro
conviviendo con el Fenómeno, y ya sabemos que hoy
todavía hemos de empezar a pensar en reinventar el
producto.
Quizá por el tamaño del entuerto
pretendamos distraernos tan a menudo sobre si ya
cobra éste o el otro siquiera para
apaciguar los encendidos ánimos, en privado, del consejo
de administración.
Pues señores y señoras
consejeros, en la Red el sentido común dice que el valor
de la actualidad, tan abundante, cada día más
rebosante, tiende a cero. Incluso, hay
lunáticos en algunos foros y revistas tipo Wired que
aseguran que también en la prensa de papel, el producto Actualidad quiere ser
gratis. Y no sólo el tipo Metro o 20Minutos; no,
toda la prensa, como desde siempre, también lo
ha sido en la radio y la televisión.
Nos recomiendan superar
esta
tormentosa relación con el medio Internet para adaptarnos al
principio de la realidad. Suelen mostrarse indulgentes porque cierto es que el
hipervínculo no pasa todas las décadas. Ni siglos.
Un buen número de
reporteros y otros generadores de contenido en absoluto lo
interpretan como el Fin. Al contrario, es el principio de la
multimedia. Larga y dura travesía del desierto mediante, la Red nos brinda la
oportunidad, nos obliga a propiciar un renacimiento del longevo oficio de contar
historias. Estamos abocados a gestionar el cambio.
Porque
no saber usar Internet, en el día a día de la
redacción significa haberse quedado en alguna estación, flequillo erguido, tras
el centelleante paso de aquel viejo tren.
No hace mucho
hemos
publicado los
resultados de un
amplio estudio,
con datos y opiniones acerca de cómo los periodistas, aquí y ahora,
usan Internet. Viene a constatar [como
si fuera necesario], que la digitalización
nos ha modificado la manera de hacer las cosas,
prácticamente todas las cosas. Apegados
al móvil y al correo, nos crece el ancho de banda.
Nos desbordan los flujos incontrolables de información.
Nos marcan las pautas de comportamiento los 7 días, las 24 horas.
Nos ha llevado al ciclo sin fin de estar
aún más actualizados, ser más interactivos, emitir
múltiples mensajes escritos y personalizados.
Aunque
el
teletipo sobre la presentación de ese estudio se centrara en que el
periodismo digital potencia la inmediatez de la información, su
contextualización e interacción con el lector, y en citar las declaraciones de
los representantes de los grandes periódicos, lo que a muchos asistentes
(estudiantes de periodismo del San Pablo-CEU de Madrid) más les sorprendió fue
el desenfadado de tú a tú ('y cuidadín que digo lo que quiero') de un
aparentemente pequeño periódico digital, mantenido sin recursos y por amor al
oficio, como periodistadigital,
que vino a recordar aquello de que el hipervínculo socava las jerarquías.
Ya nos lo anunciaron en los
albores de la sociedad interconectada, allá por 1968, cuando en la ARPA Information Processing Techniques Office (IPTO), en el Departamento de Defensa
de EE.UU., reflexionaron sobre cómo los ordenadores habrían de contribuir a la
comunicación entre humanos.
La
comunicación es un proceso creativo interactivo.
Los tiempos de respuesta han de ser cortos para hacer la conversación libre y
fácil. Las redes más grandes se compondrían de redes regionales más pequeñas.
Las comunidades se formarían por la afinidad y los intereses comunes...
En efecto,
hoy vemos lo fácil,
lo necesariamente fácil, que nos resulta mantener
esas múltiples conversaciones con los
lectores (ya no audiencia), en tempos que no hubiéramos imaginado en la
era de los medios de comunicación de masas, cuando
Internet no era “real”.
Y los periodistas no tenían weblogs
propios, ni leían confidenciales, ni buscaban en google, o urdían la trama, en
una las múltiples listas de
correo especializadas, para denunciar a una agencia de relaciones públicas por enviar correo
comercial sin su consentimiento.
O cuando en las grandes empresas cotizadas en Bolsa, los
directores de relaciones con
inversores entraban y salían del despacho sin pensar jamás en la web. En una
época en la que la inmediatez no se
había instalado aún.
Pero entonces, como hoy, también quedaba casi todo por
hacer.
Porque la
información resulta fiable dependiendo de la fuente. Y es
precisamente el director de comunicación, como explica Pepe Cervera, quien se
ha de convertir en la fuente "si tú lo que quieres es dirigir la información
sobre la empresa, es más inteligente ayudar y guiar al periodista que no pararlo
y bloquearlo. El dircom hace el papel de un portero de fútbol,
que para los goles, cuya mentalidad es balón que viene, balón que paro, mientras
su verdadera función tendría que ser la de ayudar al periodista”...
"Porque la
información ha pasado de ser un bien escaso, de fuentes cerradas, a un bien
abundante, de fuentes abiertas," apunta el veterano Miguel Ormaetxea,
artífice del portal de la
Asociación de Periodistas de Información Económica.
"Y a todos nos conviene evitar el riesgo de que al final se dé la
gran paradoja de cómo la era de la hiper-información se convirtió
en la era de la desinformación”.
Quizá no haya opción, si hoy,
con un sencillo blog
gratuito, todos y cada uno de nosotros podemos ser
editores, y sumarnos a los más de 500.000 correponsales
que sólo en EE.UU., cuaderno de bitácora especializado e
independiente en mano, ya conforman un nuevo medio
de comunicación con un potencial descontrolado
que ya hubiera querido para sí, en su día, la fabulosa imprenta.
La híperespecialización,
¿inducirá a un periodismo de mayor calidad y rigor?,
¿primará el análisis?. Opiniones tenemos todos, porque
ya nadie puede negar que los paradigmas en cuestión son muchos, y
muy fundamentales.
José Luis Orihuela los sintetiza, en
formato de agradecer, en
De Maguncia a Telépolis,
para que quienes vivimos de esto reflexionemos sobre las claves
de este viaje. De esta locomotora en frenética marcha.
Empezando por
obviar a Perogrullo, recordar
aquellos días lluviosos del dominante modelo del “uno-a-muchos”,
dibujar el paisaje soleado del nuevo "muchos entre
muchos, y además, de uno en uno", y decidir
sin pestañear inventar nada menos que
otro mándala.