En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra
y pedentones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, posan, sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.
-Antonio Machado
La primera novela social del inventor de Orbajosa, una ciudad imaginaria
concebida como escenario donde evocar al espíritu de la tolerancia, fue
publicada sólo un par de años antes de que Ricardo Bellver presentara en Madrid,
en pleno parque del Retiro, la única estatua en todo el mundo dedicada a Luzbel,
Satanás, el mismísimo Ángel Caído.
Como ocurre hoy, la vida en aquellos siete Reinos de Iberia tampoco era un
sueño. Y el caballero Rey (sobrino de la difunta Doña Perfecta), el labriego
Licurgo, o cualquiera de los ladrones nacidos de la pluma de Pérez Galdós (Gasparón
el Fuerte, el Ahorca-Suegras, Merengue...), probablemente dirían hoy, al leer un
reportaje sobre Atapuerca que, si bien se trata del más extraordinario
yacimiento sobre los orígenes del ser humano en todo el planeta, esa sierra de
Burgos al mismo tiempo no es más que un monte alomado de roca caliza.
Si las piedras hablasen, la Aldea Global entera tendría que escuchar a toda esa
serranía, donde habitaba el abuelo de Europa. De ahí la desprestigiada ciencia
española ha extraído el primer cráneo completo de un homínido pre-neandertal en
todo el registro fósil.
El caso es que el cráneo número 5, inscrito en grandes letras en el álbum de
fotos de la Humanidad, tras cientos de miles de años en las entrañas de la
Tierra, en el misterioso foso de la Sima de los Huesos, hoy se llama Miguelón,
en honor de Induráin, el gran navarro universal, penta-campeón del Tour de
Francia.
En el mismo periódico, una crónica viene a denunciar el amiguismo de la Ciencia
y Tecnología españolas, el compadreo, la burocracia farragosa y desilusionante,
las adjudicaciones de plazas a hidalgos privilegiados y sin apenas talento, y la
esclerosis intelectual de los ideólogos del régimen.
No olvidó recordarnos Pérez Galdós que, en España, la gente vive sólo con la
imaginación. “Llegó el tiempo de que callen cartas y hablen barbas..., que uno
piensa el bayo y otro el que lo ensilla,” advertía el campesino Licurgo,
mientras cerca de la fuente a Luzbel, en el fabuloso parque del Retiro, las
damas aristócratas (las dos P.P. fueron famosas a fines del XIX), se medían en
duelo.
“Si las bendiciones que echaban a su tía Doña Perfecta en tierra hubieran sido
plumas, la señora no habría necesitado más alas para subir al cielo,” resumía el
labriego Licurgo, cuando de camino a Orbajosa, oyeron unos tiros, aunque luego
supieron que no eran disparados por los ladrones (Gasparón el Fuerte, el
Ahorca-Suegras, Merengue y los demás), sino por la propia Guardia Civil, que de
ese modo “quería cortar el vuelo a los cacos que ensartados conducía a la cárcel
de la villa”.
“En El Quijote está la solución a los problemas del mundo," le espetó Gabriel
García Márquez al entonces presidente norteamericano William Jefferson Clinton
antes de que éste, ya plenamente adúltero confeso, ordenara bombardear
Mesopotamia para, de paso, intentar distraer durante unas semanas a su muy
politizada esposa.
Debe España, entonces, releer sin demora a sus clásicos, siquiera para empezar
de súbito a afrontar uno de sus retos más profundamente serios. La novena
economía mundial está suspensa en educación primaria. Es vigésima en los
ránkings de la Sociedad de la Información, y análisis recientes del Foro
Económico Mundial, o de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico, sitúan a la vieja Iberia a la cola de Europa en infraestructura de
tecnologías de la información. Según The Economist, ocupa el puesto 14 de los
Quince en preparación para Internet, y es el último de los países de la OCDE en
inversión tecnológica.
En sus fueros internos, muchos y variados, la vieja Iberia empeieza a
concienciar lo mucho que se juega, y siente temores, porque ya no sirve como
excusa que el advenimiento del Fenómeno Digital llegara “por sorpresa”. En plena
Era de la Des-intermediación, son cada día más vecinos, próximos y lejanos,
reales o pretendidos, quienes evolucionan para dejar de basar sus economías sólo
en la inter-mediación...
Y busca resquicios por los que escapar de su ensimismamiento en
el mundo lineal, a sabiendas que el resto de compañeros de clase desarrolla
imparablemente y sin pestañerar el nuevo universo hiper-textual.
Ser o no ser equivale a estar o no estar en los mercados de la
Información, y -como en los Juegos Olímpicos, lo importante sí es participar.
Sin perder ojo un instante a la multitud de cámaras, verbalizó el presidente
José María Aznar en enero de 2001 que “estamos, efectivamente, ante un momento
de profundas transformaciones tecnológicas de alcance mundial.”
La huella de Alonso Quijano quizá nos hizo obviar que, hoy en
día, esos personajes tan contemporáneos a la España de Pérez Galdós
desafortunadamente vendrían de nuevo a murmurar que -en Madrid- no hay más que pillería.