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LA TIERRA PROMETIDA, por Jesús Valbuena
Conjugando el verbo Informar
Jesús Valbuena 09/11/2003, 13:29:57
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De cómo crecen los enanos y la presión en la olla del negocio mediático español


Magallanes es ahora un trofeo de carroña

en manos de los indígenas de las Filipinas
que le clavaron en la pierna una flecha envenenada.
De los 237 marineros y soldados que salieron de Sevilla hace 3 años,

han regresado 18.
Llegaron en una sola nave quejumbrosa, 

que tiene la quilla carcomida

y hace agua por los cuatro costados.
Los sobrevivientes.

Estos muertos de hambre que acaban de dar la vuelta al mundo por primera vez.

--Eduardo Galeano.Memorias del fuego. Sevilla, 1522

 

En la mañana de otoño madrileño de hace unos lunes, se celebró en la Universidad un debate ante un auditorio semivacío. El organizador justificaba la falta de aforo por la transmisión en directo por la web. Pero los 30 espectadores comentaban lo virtual, por lo sui generis o peculiar del acto.

Se trataba del "Primer Debate entre Directores de Medios Online", pero sólo de los digitales puros, rezaba la consigna entre líneas.

Sin válvula de escape, en la olla del negocio mediático español aumenta la presión. Las expectativas de la Red no se han cumplido ni de lejos, y para las grandes corporaciones de contenidos (Prisa, Recoletos, Planeta, Godó, Vocento, Zeta, etc.), aquella powerpoint con la suma del castellano como 2º vehículo de comunicación internacional (por ser la lengua nacional de 20 naciones), más el incremento exponencial-negropontiano del número de internautas, debía haberse traducido en nuevos ingresos. En algún tipo de ingresos... Pero, hasta la fecha, todo han sido pingües inversiones. Por no decir gastos, se maldice en los consejos de administración.

El trompazo financiero de estas empresas refleja lo que le ha ocurrido a España como país. Como mercado y pretendido puente entre Europa, Latinoamérica, y también EE.UU. Iberia se encuentra ensimismada, inconsciente de lo mucho que se juega. La España.es sobrevive anclada en el puesto 20 de la Sociedad de la Información.

Lo último ha sido que la OCDE le dé un suspenso en páginas web, según el número de sitios web por cada mil habitantes. En julio de 2002 sólo había 6,6 sitios web por mil habitantes, frente a la media comunitaria de 37,9 sitios. España sólo supera a Portugal, Grecia e Irlanda.

El interés por saber por qué ocurre animaba a asistir al debate. Según varios ponentes, las causas principales son la escasez de ancho de banda / ADSL. La falta de estrategia del Ministerio de Ciencia y Tecnología. La dispersión de ideas. La mala imagen de la Red. La ausencia de administración electrónica. Los existencia de impuestos para el comercio electrónico y la compra de bienes tecnológicos, por encima de la conveniencia de las subvenciones.

Todos damos por descontado que lo peor no es que en el índice de productividad de las empresas españolas no se refleje el impacto de las nuevas tecnologías. Lo peor es que no se atisba talento político para articular un proyecto de solución.

En esta coyuntura, y para el bien común de la comunidad hispana, sería conveniente que las empresas de mass media consiguieran sacarle rédito económico a la Red. En forma de recorte de costes o de aumento de ingresos, sólo cuando ganen dinero dejarán de frenar su desarrollo.

Como creadores [unilaterales] de opinión que son desde que nacieron, lo que interesa a la sociedad es que sus mass media solucionen, cuanto antes, su problema existencial-psicológico de corte monetario con Internet.

Porque cuando el año pasado, el 'periódico español de referencia' sacó pecho, bajo la bandera de la Marca, y cerró sus contenidos para hacerlos de pago, no hizo justicia (como anunció) con el lector del diario en papel. Este año ha perdido ligeramente más que el anterior, siguiendo una vieja estrategia que, en las aldeas de la Palencia rural, denominan hacer un pan con unas hostias.

Mientras, cuando el 2º periódico nacional afirma con rubor que tiene miles de suscriptores de pago, las risitas escépticas no se hacen esperar. Llevamos varios años de pérdidas con Internet, y un futuro inmediato poco prometedor. Y el patio de las nóminas está cada día más revuelto. Es de esperar. Ya sólo faltaba la llegada de news.google.es para terminar de castigar los maltrechos excels de las webs cerradas de los periódicos tradicionales.

Los medios establecidos, para entendernos, tras compartir año tras año las pérdidas en el flujo de sus cajas, se han unido en una sociedad conjunta para gestionar sus derechos de autor. Para cambiar el vigente derecho de cita, y convencer al Tribunal de la Competencia de que el negocio de la actualidad es de facto como el de la música. Ahí vienen, qué diría de esto Bertolt Brecht.

La prensa gratuita, Wired, Google y cientos de miles de weblogs, han dejado meridiano, palmario, nítido claro, que el valor de la información tiende a cero, porque lo abundante siempre resulta barato. Sí, señores magnates de los mass media: también pasa con la prensa de papel. El producto Actualidad quiere ser gratis. Como lo son la radio y la televisión.

Los mercados se han percatado de que nadie será capaz de dominar el medio, salvaje, de Internet. Y de que el fenómeno digital está obligando a los mass media a reinventar sus productos. Por eso hacen oídos sordos al discurso victimista de los periódicos de papel, cuando se lamen las heridas tras caerse de la moto "por culpa de los medios digitales, que sólo van sentados a horcajadas, agarrados a la cintura y el cuello del conductor".

Así llegó hace unas noches un nuevo teletipo sobre "la primera gran víctima de la Red": la revista Penthouse se declara en bancarrota tras grandes pérdidas por auge del porno en Internet.

A más correo basura invadiendo los buzones de consumidores de todas las edades, menos necesidad de pasar vergüenzas en el quiosco para comprar revistas pornográficas. La empresa editora [desde hace cuatro décadas] no puede vencer a más de 300.000 webs de oferta erótica inmediata. "Ya no hay futuro para revistas de este tipo", resume el veterano editor. "Hoy en día la tecnología puede satisfacer todos nuestros deseos".

Mientras, en España, el reciente linchamiento en los mass media a PeriodistaDigital por su exclusiva a un asesino en serie [tras combinar los papeles y códigos deontológicos de un periodista y un abogado], revela, entre otros, el mar de fondo de las redacciones españolas ante el huracán de esta Enredadera.

Ahí queda la demanda conjunta de El País y el Mundo contra este medio digital por abuso de sus contenidos. Aunque demandantes y demandados saben bien que, por muy prietas las filas del poder, el hipervínculo profundo no se puede prohibir. No hay deep linking que valga. Lo que va a haber cada día más, es puro linking, porque precisamente del hecho de estar vinculado emana el poder.

Pero PeriodistaDigital, amén de servir como ejemplo de cómo una 'noticia' publicada en un web particular salta de inmediato a todas las portadas, tertulias y telediarios de todos los medios off-line, incluso fuera de España, lo cual demuestra la influencia de los medios online en las redacciones del establishment, también ha puesto de manifiesto los efectos tan nocivos del correo basura, de la televisión basura, y de la basura en general.

No son pocos en la profesión quienes admiten que, en España, existe hoy una crisis de talento, de contenido de calidad, de nuevas propuestas, de lo que el sentido común califica de buenos productos tanto de información como de entretenimiento.

Son demasiados años grises de crónicas marcianas. De programas de televisión en prime time que todos nosotros sabemos sólo pueden inducir al deterioro ético, cívico, social, humano, de nuestra sociedad. Aunque resulte políticamente incorrecto denunciar la carroña, por si acaso uno pudiera aparecer como un caduco censor, hay que solucionar este problema de comunicación, de valores, de educación general básica.

Éste es un tema de conversación muchas noches entre los sufridos espectadores de una mayoría de hogares españoles postrados una media de 4 horas al día delante de la caja tonta. La tele-realidad fracasará por terminar repugnando a una inmensa mayoría de lectores, oyentes, espectadores: clientes. Porque aniquilan neuronas. Pisotean lo elemental. Indagan maquiavélicamente, en aras del share, en el dolor ajeno, por amarillo, rosa y negro que resulte, sólo para satisfacer un morbo enfermizo.

La ética (la de siempre, de toda la vida en Oriente y Occidente) no se puede manosear y escupir impunemente a cambio de dinero, y unas horas de fama apócrifa. Al cabo de un tiempo, las gentes entendemos que la mezcla de violencia y cotilleo no es buen karma. La telebasura y la telerrealidad no pueden ser lo normal. Que paparazzi y periodista no son sinónimos. Nunca lo serán.

A los grupos mediáticos les crecen los enanos. Y han empezado contra el clipping. Luego, contra los medios online. Seguirán los weblogs, los CDs, los módems, los anchos de banda, o cualquiera que se les ponga a tiro. ¿Qué diría de esto Bertolt Brecht? Es la guerra [abierta, desatada, encarnizada] de grandes contra pequeños. Y los grandes ya se han unido. Lo tienen claro.

Mientras, entre algunos de los pequeños, por ejemplo los 'medios online puros', se debaten hasta la inanición las diferencias entre el deep linking, el derecho de cita, y la práctica de copiar y pegar contenidos de pago en la página de éste o aquel. Cunde un clima de victimismo generalizado: los grandes nos hacen la vida imposible, nos persiguen. No nos dejan trabajar. Arruinan nuestra credibilidad... incluso, oyes, ante nosotros mismos y nuestros propios lectores. Y si no vendemos publicidad es por su culpa. No saben valorar nuestro millón de páginas vistas. Pero ya verán. Porque Yo, Mi, Me, Conmigo. Más de un ego desatado en el periodismo digital español tiene las tardes contadas para quedarse a solas con su propio teclado cualquier día.

Lástima que, como suele suceder, paguen justos por pecadores. Porque entre estos medios existe un buen ramillete de grandes emprendedores. De gente grande, a quien le queda mucho por decir en esta carrera de fondo que no ha hecho más que comenzar.

En definitiva, el ‘gremio de los medios digitales’ en España adolece, entre otros, de tres males:

Primero, de desunión. Este grupo de medios (ausente histórica y paradójicamente del foco de las luces en el Congreso de Periodismo de Huesca) camina hoy lejos de llegar a constituir, a corto plazo, una sociedad gestora de derechos comunes. Pese a que cada día sea más frecuente que se vulneren sus derechos de autor sobre contenidos originales, porque éstos se copian y pegan descaradamente, con nocturnidad y alevosía, en las redacciones de los medios convencionales: en las de prensa, radio, y televisión. Locales, regionales, nacionales e internacionales.

Y todos comprenden que a elpais.es y a elmundo.es les preocupe el nuevo tablero de juego, en el que, si uno no está arriba en los news.google de la vida, simplemente deja de ser fuente de información. Se quedará sin influencia, sin poder mediático, y por ende, sin anunciantes ni porvenir.

[Por cierto, en las más de 2 horas largas que duró este debate sobre periodismo digital, ni siquiera se mencionó a los GRANDES portales. Ni palabra. No están, ni son].

Segundo, un problema de imagen, prestigio, credibilidad, reputación, estigma. De mala prensa. Es preciso dar la vuelta a los tópicos del "internauta freak-pederasta-hacker-golfo-copipaster-chantajista de las empresas para no mentir en la paginilla confidencial de Internet". Esta tarea corre prisa, para no hacer buena la premisa propagandística de que la mentira repetida acaba siendo verdad. Para la posteridad, o hasta la próxima, queda la reciente campaña pro—incautación de millones de CDs, sin causas ni fundamentos, hasta que sea el juez quien finalmente se los haga devolver a sus legítimos dueños (mayoristas o minoristas de material informático), una vez, eso sí, el daño ya esté hecho.

Y tercero, de modelo de negocio. Asumido el modelo informativo de cada cual, falta demostrar (con hechos, y no quijotescas fazañas) cómo es viable articular el negocio [la negación del ocio] de un medio online, más allá del evidente control draconiano de los costes.

Aunque también quede espacio para los dogmas. Cuanto más saneado económicamente está un medio, ¿más libre, imparcial y riguroso será?.

Si antaño la libertad de prensa se circunscribía a los dueños de las imprentas, hoy la autocensura en el oficio periodístico está asumida. Hay editores que incluso padecen una suerte de síndrome de Estocolmo, y una serie de personajes, marcas, corporaciones e instituciones que no salen jamás ni en los confidenciales.

Vivimos cambios fundamentales en el modelo de comunicación, que hacen zozobrar los cimientos de la profesión. Estamos evolucionando del Uno-a-Muchos hacia el De-Muchos-entre-Muchos, toda vez que en Irak, sin ir más lejos, los grandes mass media de los Estados Unidos de América han cambiado deliberadamente la bandera de la imparcialidad por la del patriotismo.

Por supuesto irrumpen con fuerza los weblogs. Para paliar el vacío, la mera demanda de información. Porque los medios online no pretenden sustituir al resto de medios. Vienen a complementar la oferta con otro mensaje, con datos que tratan de ir más allá, con un nuevo producto que, al menos en principio, ha de ser bueno, bonito y barato para hacerse hueco en un sector tan copado y hostil.

Será el propio lector quien se posicione a favor o en contra de un Grande contra un Pequeño a la hora de elegir, una vez se compruebe que la tensión derivada de maniqueísmo del tipo "izquierdas versus derechas" ya no incrementa la tirada ni las ventas. Como pasaba hasta ayer.

En esta era de la Hiper-información, los grandes y pequeños medios, por separado, llegan a una misma conclusión: el link no se va a poder prohibir. Es como el sexo. Sólo por estar prohibido no va a dejar de practicarse. El hipervínculo va en la naturaleza de la Red.

Quizá sea ingenuo esperar de todos ellos que unan fuerzas para que todos comamos turrón. Por ejemplo, trabajando para que Europa, ante la patentabilidad norteamericana del software, no sea cada día más vulnerable por la dependencia de un puñado de marcas de Corporate America.

O imaginar que, pese a que la mitad de la población mundial no haya hecho aún una llamada de teléfono, la Red será, en efecto, el terreno de la democratización, la plataforma de participación ciudadana en tantos asuntos que afectan a la vida diaria, y a la propia sostenibilidad del Planeta.

Para ello, España necesita que funcionen algunas empresas de medios en la Red, sin olvidar que la RAE define "periodista" como una "persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión", y "paparazzi" como "fotógrafo de prensa que se dedica a hacer fotografías a los famosos sin su permiso".

Informar es aportar valor a la sociedad, y para ello basta con el trabajo duro y constante. Lo dejó escrito, en forma de verso, la Santa de Ávila: "porque después de todo he comprobado que lo que tiene el árbol de florido vive de lo que tiene sepultado".


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Comentarios

Gracias, Jesús, por un artículo laborioso y bien enfocado.
El problema no es el modelo de negocio online, que llegará. El problema es el final del negocio offline, que intentará arrastrar a todos en la caida.
Como la industria discográfica.

Enviado por Fernando - 11/11/2003, 11:13:55

Jesús, como lector habitual de medios digitales, coincido contigo en que existe cierto ombliguismo en algunos ‘confis’ pequeños, que parecen estar más concentrados en tumbar a Goliat que en presentar un producto periodístico más fresco, más especializado o más cercano a la noticia.
Un ejemplo de pomposidad que no beneficia sino perjudica a los medios pequeños: PeriodistaDigital presentaba el debate entre directores de medios digitales como el ‘mayor acontecimiento de la historia de la internet hispana’, vamos, algo así como la invención del módem.
No se puede jugar constantemente al victimismo, ni esgrimir como una honda el lema “la información quiere ser libre” para apedrear por sistema los derechos de propiedad intelectual ajenos, por muy grande o muy feo que sea Goliat. Pequeño no es sinónimo de libre o independiente. En los países desarrollados hay un ordenamiento jurídico estable, que a todos nos protege y no solo a los medios grandes. Las normas están para cumplirse y para garantizar la seguridad jurídica. A partir de ahí, libre mercado y que cada palo aguante su vela.

Enviado por Javier Muñoz - 11/11/2003, 11:40:01

Es la primera vez que encuentro un material interesante y un foro que responde a lo que, de alguna manera, quizá intuitiva, opinaba yo sobre el tema de los diarios digitales.
No soy periodista, sino abogado. Tampoco soy internauta experta, me pierdo con lo términos técnicos.
Pero el dabate, en los términos que este artículo y los comentarios que lo desarrollan se plantea, creo que es inaplazable.

Enviado por pilar soler - 12/11/2003, 12:55:07

Es demasiado largo, se han mezclado muchos temas. Hubiera sido preferible centrarse sólo en la situación de la prensa on/off line.

Sé que todo tiene que ver, pero si nos ponemos así también podías haber hablado del crecimiento del mercado informático y la venta de PC´s.

Quitando esa pequeña crítica, es muy acertada esta reflexión.

Saludos

Enviado por Larra - 12/11/2003, 18:26:53

muchas graias a todos por vuestros interesantes comentarios

Enviado por jesus - 10/01/2004, 16:09:24

:It is said that desire is a product of the will, but the converse is in fact true: will is a product of desire...Coffee tables

Enviado por coffee tables - 09/12/2004, 14:35:38

WK7oWm Wow, it can be truth

Enviado por Kandoras - 22/12/2007, 4:20:58

WK7oWm Wow, it can be truth

Enviado por Kandoras - 22/12/2007, 4:21:00

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