Una corriente de fondo agita las aguas corporativas
en los departamentos de recursos humanos. No vale cualquier becario.
A los especialistas en gestión de personal se les
viene pidiendo un algo más. Atraer
y retener talento se da por descontado. Se trata
de demostrar, además, cómo el
talento, bien gestionado, es el intangible
por el que, al cerrar la cuenta de resultados del año,
resulta en que uno más uno no suman necesariamente dos.
Y torear con la autoridad que emana a raudales
de rancios organigramas, aplicados en la práctica de
desmentir en silencio cómplice "los valores de la marca",
esos que tanto gusta repetir en la junta
de accionista.
Y sobre todo prevenir y corregir la espiral tormentosa que
genera lo que a nadie -ni a
dirigentes y ni a dirigidos- les
conviene: el conflicto interno
por sistema.
Hay que hurgar para encontrar a la persona adecuada,
y hacer un esfuerzo sincero y diario para situar en la
senda al becario y a la becaria, y atender a sus expectativas [ingenuas¿]
de que la empresa sea capaz de ofertarles
una calidad global de vida, una relación profesional renovada en la
sociedad sobre los pilares del Conocimiento, la
Meritocracia, y -cómo no- las Emociones.
El
último análisis de los datos de la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo (ECVT)
del año 2003, publicado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales,
dice que los empleados del mercado laboral español manifiestan un nivel medio de
satisfacción muy alto con el trabajo que realizan. Nueve de cada diez
trabajadores (el 88,3%) están satisfechos con su trabajo, especialmente por el
entorno físico, el compañerismo y las condiciones de seguridad.
Sin embargo, el informe sobre las relaciones en el
trabajo de la Asociación
de Dirección de Personal concluye que la mitad de los empleados considera
que sus superiores les tratan mal. De los 18 comportamientos más irritantes del
jefe, la falta de respeto a los subordinados es la conducta más repudiada.
El 50% asegura haberlo padecido. Ocupa el
primer puesto en el ranking de los hábitos
directivos que más desmotivación provocan.
La humillación, la bronca en público, los malos modos y el maltrato
aparecen como otras actuaciones habituales.
Un 37% denuncia la prepotencia: la vanidad y el ánimo de protagonismo del
jefe que se “siente elegido,” así como el no escuchar, la incompetencia
directiva, la falta de apoyo al equipo, la inexistencia de trato humano, la no
implicación, la falta de control, el incumplimiento de los compromisos, el no
saber comunicar bien, la injusticia, la falsedad, el robo de medallas, y la
falta de confianza.
Qué duda cabe que el autoritarismo es la coraza del débil.
El miedo, dice este informe, induce a esa
conducta que tanto merma la eficacia y la productividad.
Hasta el punto de la paralización del empleado, en
tiempos de estrés, cuando las personas demandamos
mayor atención, participación y comunicación.
El becario y la becaria llegan con la premisa de una relación
fundamentada en el cumplimiento de los
compromisos, el trabajo en equipo, y la
honestidad.
El mensaje, la idea, la misión
de organización como "máquina de cumplir objetivos" ya no
cala. La plantilla exige que,
con su conducta, los directivos
asuman una dirección por valores. No únicamente marcando
unas metas que deben cumplirse, sino potenciando
todo aquello de lo que la persona se cree capaz de realizar.
Estableciendo un diálogo que permita, tanto a quien ordena como a quien
ha de obececer, la conciliación de la vida profesional, personal y familiar.
El entendimiento, en una palabra, del mundo que
nos rodea.
Dos fuerzas convergen hacia un nuevo
paradigma, con la incorporación de
la mujer a puestos de responsabilidad y las posibilidades de la
sociedad interconectada. Se atisba
un nuevo horizonte en el empleo cualificado: una
revolución en el área de recursos humanos.
María Benjumea es la propietaria de Círculo de
Progreso, un referente en el sector,
tras superar con
infoempleo.com el millón
de visitas por mes. Hay puestos
difíciles de cubrir en el área comercial ["parece
mentira que todavía los que van a integrarse en el mundo laboral tengan
animadversión a un área que ofrece tantísimas posibilidades"], y
el perfil de los demandantes de empleo ha cambiado
de forma espectacular; "hoy no
sólo se tiene que vender el candidato, sino también la empresa que ofrece el
empleo". "Los que ponen por encima
de todo la remuneración son los menos,"
resume, "y los que tienen claro que quieren desarrollar una buena carrera
profesional lo que buscan son empresas en las que aprender".
Nunca antes la empresa ha valorado tanto el activo talento. El centro
de gravedad se desplaza de lo político a lo humano, porque
la empresa no deja de ser una red de contratos (legales,
psicológicos, emocionales, culturales).
Fast Company ha
retratado al directivo que garantiza el fracaso
como personas que se ven
dominando su entorno, obviando que el entorno no puede
dominarse. Se identifican tanto con la compañía que no
existe diferencia entre ellos y la empresa, lo cual les lleva a
utilizar a la empresa como suya. Creen tener todas
las respuestas. Toman decisiones
importantes sin pensarlo suficientemente bien, ni considerar las ramificaciones
de la decisión. Eliminan sin contemplaciones a cualquiera que no esté al 100%
detrás suyo. Son del tipo Conmigo o contra mí,
obsesionados con la imagen de la empresa y con la
suya, convertidos en marionetas que “pretenden hacer
cosas". Subestiman los obstáculos. Nada es un problema para ellos. Lo pueden
todo. Y al agarrarse siempre a aquello que
les dio resultado en el pasado, están imposibilitados
para lo más importante: saber aprender.
Pero en la cuenta se ve si hay o
no hay gestión basada en predicar en silencio y con el
ejemplo, más allá de Perogrullo y el “ya lo decía yo”.
El negocio pide líderes que sepan
plantear preguntas para que sus equipos comprendan, y desarrollen sus propias
rutas hacia nuevas preguntas. Individuos que reportan a su conciencia, comparten
sus ideas, respetan la inteligencia de sus interlocutores,
y defienden que algún día los últimos serán los primeros. Becarios y becarias
que se muestran seguros, tranquilos, acompañados; porque
trabajan a diario para comunicarse y crear riqueza en un mundo mejor, dando por
hecho que será re-invertida en la propia organización y en toda
la sociedad.
Se buscan nuevos jefes, del tipo:
escucha=más=que=habla, y lee=más=que=escribe. Toma notas, hace y deja hacer. Sin
descanso, y sin volver la vista
atrás. Consciente en todo momento de que
la productividad pasa necesariamente, en palabras de
María Benjumea, por "algo que se
está perdiendo: el orgullo del profesional de pertenecer a una empresa, el
llevar sus colores."