Logo de DiarioRed
Quiénes somos Mapa del sitio Contactar
El Diario Independiente de Internet - Año VII
Portada
Boletín - suscripción
Suscríbete a nuestros boletines y recibe toda la actualidad:  
  Email:  
html texto  
 

 

   
 
 
Noticias y análisis
Cibersociedad
Internet
Informática
Tecnología
eBusiness
Notas de Prensa
El Eco Digital
La Tierra Prometida
Marketing 2.0
Persuasión.Net
Open for Business
Secciones
Titulares
Software libre
Guía de Webs
Ciberley
El Defensor
Juegos
Hardware
Shareware
Diariored
Quiénes somos
Contactar
Colabora
Supcripciones
Patrocinios
 
!COLUMNA-
Efecto 2000, ¿fraude, exageración o realidad?
Por Eduardo Pedreño  
enviar a un amigo   menor tipo de texto tipo de texto standard mayor tipo de texto


Sinceramente, no entiendo toda la polémica subsiguiente al advenimiento del año 2000.  Ha ocurrido lo que casi todos los mínimamente conocedores del panorama pensábamos que iba a suceder. Al parecer hay personas que solamente se habrían quedado satisfechas si hubieran ocurrido las horribles catástrofes y hecatombes que otros nos habían pronosticado.  Otros aseguran que los escasos efectos se deben a la monumental, exagerada y desmedida inversión realizada.  ¿Quien tiene la razón?

Los efectos del 2000

¿Cuales han sido realmente los efectos del 2000? ¿Estamos en condiciones de saberlo? No, en realidad nunca lo sabremos.  Sabemos que fallaron los satélites espía americanos, alguna central nuclear y otros fallos anecdóticos como los que pusieron varios millones de marcos en la cuenta de un ciudadano alemán.  Sabemos que miles de páginas de Internet fallaron por pequeños (y muy previsibles) errores de código.  

Pero esos son fallos fáciles de conocer.  La pregunta de qué ha sucedido realmente no tendrá respuesta en el corto plazo. Es cierto que los servicios básicos (luz, agua, servicios públicos) no han fallado, pero desconocemos lo que ha ocurrido en las empresas.  Eso sí, informaciones fiables llegadas a nuestra redacción indican que las empresas que están sufriendo o han sufrido fallos no han querido reconocerlo públicamente para evitar el ridículo.  Sin embargo, a que aquellos que han ninguneado los efectos del 2000 les interesará saber que empresas como RENFE sufrieron un grave fallo -aún sin explicar- al perder el control automático de las agujas, que un importante banco sufrió errores al reiniciar sus sistemas o que una importante empresa de transporte de viajeros tuvo que trabajar durante horas para evitar el caos organizativo en la madrugada del 1 de enero.  Son informaciones parciales que hemos conocido, pero bien pueden ser un botón de muestra (que ninguna de estas empresas reconocerá públicamente, por cierto).  Ahora bien, también es cierto que todos estos fallos fueron solucionados en breve plazo.  Lo increíble es que tras años de planificación e inversión sucedan fallos técnicos inexplicables por los responsables del sistema.

¿Fraude?

Personalmente no puedo suscribir la teoría del fraude, como no puedo suscribir a aquellos que exageraban y desinformaban desmedidamente antes, y como no puedo dar la razón a aquellos que afirman todo el gasto estaba justificado.  La cadena de errores de interpretación de los hechos es enorme, y como de costumbre un poco de mesura y moderación arreglan el entuerto.

Se ha gastado mucho más de lo necesario, naturalmente, pero ¡bienvenidos al capitalismo! La oferta genera su propia demanda, y los ofertantes no han dudado en exagerar los posibles males para lucrarse a su costa. Eso es una cosa.  Los que convencían a ancianitos para que "arreglasen" sus televisiones o a hoteles para que invirtiesen 25 millones en linternas, generadores de luz y depósitos de agua ya merecen otro tratamiento: estafadores. Los periodistas han jugado su habitual papel de supina ignorancia y ánimo de vender noticias para convertir el efecto 2000 en un espectáculo de fuegos de artificio.

El efecto 2000 ha existido, no ha sido una ilusión ni un fraude, lo que ha ocurrido es que se ha exagerado en las dimensiones y posibles consecuencias del fenómeno.  Hemos asistido a lo que comúnmente se denomina "hype".

Pondré un ejemplo: en 1992 se creó artificialmente el pánico a un virus informático, el Michelangelo.  El miedo al virus cobró escala mundial, y originó por unas irresponsables declaraciones de John McAfee (padre del antivirus McAfee) en las que afirmó que cinco millones de ordenadores estaban afectados por el virus. Esto provocó todo un efecto dominó de absurdos, tanto por parte de técnicos como por la prensa que condujeron a un estado de histeria colectiva. Al final no se registraron apenas incidencias, la prensa salió muy malparada y la industria antivirus empezó a cobrar importancia en el panorama de la seguridad informática.  Entonces el debate fue muy parecido al de ahora, pero las circunstancias eran muy distintas, porque allí el fallo apenas existía, mientras que aquí sin duda el fallo existía, aunque se erró en su alcance.

En este caso, se ha convertido un fallo tecnológico en un asunto social, económico e incluso político.  El problema existía, claro que sí, y debía ser solucionado para evitar consecuencias poco deseables (dudo mucho que catástrofes), pero no era ni mucho menos algo que debiera salirse del campo tecnológico.  Eran los técnicos los que debían solucionar el fallo, y no periodistas, políticos o empresarios, y mucho menos el sujeto de a pie a quien en nada afectaba el error.

Sin embargo, se ha entrado en un juego en el que a todos -o casi todos- parecía convenir el sobredimensionamiento. Informáticos y consultoras han hecho su agosto, han cobrado fantásticos -y muy a menudo inmerecidos- emolumentos y han librado a muchas empresas de problemas, si no desastrosos, al menos si engorrosos.  A los periodistas les interesaba vender la noticia.  Y tanto políticos como responsables de informática de empresas han caído víctimas de la inercia con tal de evitar hipotéticas responsabilidades por hipotéticos fallos.

¿Como conclusión? El efecto 2000 es un fallo tecnológico que debía ser solucionado desde la moderación y la responsabilidad por técnicos.  No ha sido así.  Pero eso no significa que el fallo no haya existido, de hecho si algo ha facilitado el sobredimensionamiento ha sido que casi nada ocurra (aunque lo que hubiera sucedido con menos planificación habría sido básicamente anecdótico).  Lo poco que ha ocurrido debe servir de referente para saber lo que podría haber ocurrido, y de esta lección se deben extraer buenas enseñanzas, aunque sin tremendizar, ya que tan erróneo era tremendizar antes como lo es hacerlo ahora.



enviar a un amigo
 

Quiénes somos | Mapa del sitio | Contactar | Colaborar | Suscripciones | Publicidad

  Ferca Network Movabletype Abeit Networks  
  Hosting   Programación   
DiarioRed.com - Publicación Independiente
© Copyright Internacional - 1997 -2003 - Todos los derechos Reservados