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!COLUMNA- |
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La LSSI, el poder y la Red |
Por Eduardo Pedreño
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Antes de nada, debemos referirnos al aspecto más coyuntural y de actualidad
en esta cuestión. La LSSI ha levantado, no una, sino dos polémicas: la
primera, el propio anteproyecto de ley y las conclusiones que de él se
desprenden. La segunda, la reacción de Kriptopolis.com y de gran parte de la
Red española, que ha sido calificada por muchos como desproporcionada y poco
rigurosa. La segunda me importa poco: creo que el control del poder por parte de
los ciudadanos es necesario. Acerca de la adecuación de la protesta contra un
anteproyecto de ley que ni siquiera ha llegado al poder legislativo elegido
democráticamente, con argumentos que fuerzan hasta los extremos la
interpretación de la ley, tampoco creo que sea negativa, aunque es cierto que
yo no la haré. Me limitaré a alertar sobre los riesgos que entrañaría la
aprobación de dicha ley. La razón, sencilla: creo que ese anteproyecto
-absurdo y mal redactado hasta decir basta- jamás será aprobado por Congreso
y Senado. Cierto es que ahora, tras la protesta, muchísimo menos, y me alegro
por ello.
El anteproyecto
No es el objeto de este artículo analizar el anteproyecto. He leído y
analizado sus dos últimas versiones y lo cierto es que un análisis detallado
sería excesivamente largo y el especial en el que se publica este artículo
tiene un cierre que me veo obligado a respetar. Me voy a limitar, pues a apuntar algunas cuestiones de los dos anteproyectos
(segundo y tercero) que estamos manejando actualmente, ya que la protesta ha
precipitado la publicación del tercer anteproyecto en la Red (con fecha 30 de
abril, es decir, incluso anterior a la protesta).
Como abogado, he leído la ley con un cierto desasosiego, porque confirma que
las leyes en nuestro país cada vez se hacen con menos rigor, sin claridad de
conceptos, mal redactadas y de una forma chapucera y lamentable. El hecho de que
en el segundo anteproyecto que se podía descargar desde la web del ministerio
figurase, en las enmiendas finales, una modificación del código civil en lo
relativo a la celebración del matrimonio (¿?) es la guinda definitiva que
consuma la chapuza.
Lo que sí he observado ha sido una mejora considerable y en el camino correcto
respecto del anterior anteproyecto. Dado que el tercer anteproyecto estaba
cerrado antes de que la protesta comenzase -por mucho que haya quien se empeñe
en asegurar lo contrario, que los habrá- estoy bastante seguro de que la ley
que verá la luz no contendrá ni siquiera aquellos fallos que observamos en
este tercer anteproyecto. Entre algunas mejoras del anteproyecto encontramos una
mayor distinción entre lo que deben ser decisiones administrativas y
procedimientos judiciales; la obligatoriedad de comunicación a los Registros
Públicos se difumina y se aplica únicamente a quien figure ya en un registro.
No obstante, siguen existiendo una serie de aspectos con convierten este
anteproyecto en inasumible para la internet independiente, empezando por la
inclusión en la ley de "todo servicio prestado normalmente a título
oneroso". Algunas soluciones pasarían, o bien por una regulación
"ad hoc" para las páginas independientes (innecesaria a todas luces)
o bien la exclusión explícita de los servicios independientes de la
regulación de la ley. Se hace difícil, no obstante, establecer un control
sobre todos esos servicios. En fin, volvemos a una problemática propia de
Internet de sólo puede ser regulada por el sentido común. Y no seré yo quien
entre en la problemática en una ley que, para empezar, carece de sentido en sus
aspectos fundamentales y podría ser reguladad de otra forma o asimilada a la
legislación ya existente.
El poder y la Red
Si he vivido con enorme tranquilidad -no exenta de acaloradas discusiones-
toda la polémica que rodea a la LSSI ha sido por varias razones. En primer
lugar, la ley nunca verá la luz. He visto anteproyectos peores. No pido la
dimisión de nadie, ni siquiera la retirada de la ley -sino tan solo su
modificación- porque creo que se cometerían muchos agravios comparativos. Por
otro lado, soy perfectamente consciente de que a día de hoy, y con la ley en la
mano (o sin ella, que más da), el poder puede hacer lo que le de prácticamente
la gana con nuestra Internet independiente. La sola aplicación de la Ley
Orgánica de Protección de Datos (y del Reglamento de medidas de seguridad)
podría acabar con un alto porcentaje de las iniciativas de ebusiness y,
modificada convenientemente, con la totalidad de los boletines independientes,
incluido el de DiarioRed.com. Ya a día de hoy la Agencia de Protección de
datos podría forzar el cierre a muchos de ellos (iBrujula.com, sin ir más
lejos), por infracción de gran cantidad de las normas de la ley en sus ficheros
automatizados de datos que -al contener nombre y email- pueden ser considerados
de carácter personal. El reglamento de medidas de seguridad es tan restrictivo
que me pregunto si alguien lo cumple en su totalidad. Y si eso ocurre con una
ley pensada para la Red, recordemos que también estamos sujetos al resto de
legislación vigente. Internet no es, como todavía piensan algunos, un desierto
legislativo donde todo vale.
Pero las cosas son mucho más sencillas. Vivimos en un país en el que no
hace muchos años el gobierno "autorizó" -por decirlo de alguna
forma- el cierre ilegal de la cadena de radio líder (opuesta al gobierno) y su
fusión con otra cadena "amiga". El propio Tribunal Supremo ha
declarado recientemente la concentración como ilegal, pero la sentencia no parece tener efectos.
Ese mismo gobierno otorgó una licencia de televisión de forma ilegal, cerró
periódicos, aprobó una ley que permitía que un policía diese una patada en
la puerta de nuestras casas si le venía en gana, nos hizo llevar un carné de
identidad en la boca, expropio ilegalmente la principal empresa del país y
forzó al tribunal constitucional a "modificar" la constitución para
"legalizar" su decreto ley. Y los posteriores gobiernos no se han
esforzado tampoco demasiado por demostrar que respetan la libertad de expresión,
con formas más sutiles, pero con parecidos efectos (o no recuerdan aquello de
que el futbol era "de interés general). Tras todo esto,
¿a alguien le cabe la menor duda de que cuando realmente quieran cargarse
alguna iniciativa, sea del tipo que sea -y esté en la red o fuera de ella- lo
van a hacer?
Que nadie piense que sólo por estar en Internet somos inmunes a todos los
males. Precisamente, la tensión entre el Poder y la Internet independiente va a
ser una constante durante los próximos años. Al margen de algunas excepciones,
los gobiernos desconocen y temen la Red. Ese temor desemboca en un ansia de
control que puede dar lugar a aberraciones jurídicas como la que nos ocupa.
Frente a ello, es deber del internauta comprometido denunciar abusos y controlar
el poder desde la movilización inteligente y el argumento elocuente, desde la
concienciación social, desde el asociacionismo y la actuación de colectivos,
desde la apertura de mente, el respeto a posturas diferente, la tolerancia y la
solidaridad. Y siempre con el ánimo de denuncia por delante. Y nunca desde el
individualismo, el alarmismo, el tremendismo, la precipitación, la ausencia de
diálogo, el monolitismo y la intolerancia. Las cosas no son blancas o negras,
sino grises con lunares, y la moderación militante suele ser un argumento
añadido para apoyar una postura correcta.
Cierto es que, ante ciertas situaciones, da la impresión de que vale todo,
sobre todo cuando el grado de conocimiento y concienciación social es tan
ínfimo como en la actualidad de nuestro país (y extiendo la situación a
Latinoamérica). Pero es normal que eso ocurra. Estamos ante las primeras
"batallas" de una guerra -por llamarla de algún modo- que durará años, y por eso es importante
vencer y demostrar que el poder tiene unos claros límites marcados ante el
mayor instrumento democrático que existe y que es, ya hoy, Internet. Como todos
los integrantes de DiarioRed.com hemos dicho en un "Editorial", el
primero de esta nueva era que inauguramos precisamente esta semana (¡y vaya
semana!), "el día que el poder gubernamental se utilice para callar bocas
estaremos allí para denunciarlo...". Al precio que haga falta pagar.
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