En mayo del 2001 la polémica se apoderó de La Red por culpa del segundo
anteproyecto de la LSSI. El anteproyecto era mediocre, deficiente y parecía
elaborado por estudiantes de primero de Derecho a los que les hubieran encargado
hacer una ley para Internet que fuera muy restrictiva y permitiera controlar el
medio. Era un segundo anteproyecto, y muchos preferimos ser prudentes antes que
lanzar las campanas al vuelo y hacer vacuos ejercicios de tremendismo. No nos
equivocamos, a la vista del exagerado auge y rápido declive que cobró el
movimiento antiLSSI, hoy desinflado por el paso de los meses sin noticias
relevantes sobre la ley. Pero eso no es motivo de alivio para quienes hoy
pedimos la modificación de la ley. El movimiento internauta ha pecado de
soberbia y ha evidenciado divisiones peligrosas que no conducen a ninguna parte,
sobre todo si nos intentamos imaginar lo que nos queda por delante.
La LSSI no debe ser nuestro mayor motivo de preocupación, pero a día de hoy
es el primer asalto al que debemos hacer frente. La lectura del cuarto
anteproyecto, peor en algunos aspectos que los anteriores como ha puesto de
manifiesto Javier Maestre, y tristemente parecido al tercero, me trae tres
reflexiones muy concretas que creo que debemos tener presentes en todo momento.
La primera es la referida a la ley en sí y al papel de los colectivos que
han colaborado en su elaboración. La LSSI es una ley concebida desde el ansia
de control por un gobierno que desconoce el medio que está intentando legislar.
El cuarto anteproyecto es sustancialmente igual al segundo, y esa escasa
evolución tiene varias lecturas (más adelante incidiremos sobre ellas), pero
sobre todo pone en evidencia a todos los colectivos que han colaborado en ella.
En la parte que nos toca tanto la AUI como la AI se han visto superadas y
manipuladas por el gobierno. La contrapropuesta de la AI (de escaso nivél
técnico, dicho sea de paso) ha sido completamente ignorada por el Ministerio,
algo que esperemos provoque una reacción inmediata de este valioso colectivo.
Jugaron a la moderación cuando era razonable hacerlo, pero ahora se enfrentan a
su prueba de fuego.
En segundo lugar, metamos en el cóctel el factor 11-S. El 11 de septiembre
cambiaron muchas cosas, y una de ellas fue el valor de nuestra libertad. Mal que
nos pese, nuestra libertad vale hoy menos que hace cuatro meses, y la Red va a
ser un escenario de batalla básico y fundamental en las tensiones que los
ciudadanos vamos a sufrir en nuestra libertad en aras a nuestra seguridad. Los
límites son claros, y por ellos debemos luchar. Pero no desdeñemos el factor
11-S en la escasa evolución que ha sufrido la ley, porque el Gobierno conoce
sus prioridades y sabe que en el contexto actual puede permitirse hacer una ley
que se extralimite, siquiera un poco, en eso de las libertades en la Red. A fin
de cuentas, sólo afectará a un pequeño colectivo poco ruidoso.
Finalmente, seamos realistas. La LSSI no es más que el primer asalto, la
primera batalla de esta guerra, que promete ser larga. Y ni siquiera es una
amenaza que debamos considerar peligrosa o absolutista. Estamos en una
democracia con garantías, y por ello debemos luchar porque una ley negativa,
mediocre e intervencionista elaborada por un gobierno incompetente sea
modificada convenientemente. Terminada esa batalla, preparémonos para la
siguiente, que será peor. Si perdemos la batalla tendremos muchos motivos de
reflexión y la obligación moral de estar alerta para que las partes más
peligrosas de la ley nunca se apliquen. De momento, esperemos que eso nunca
ocurra y que podamos, entre todos, modificar la ley en su tramitación
parlamentaria. Para quienes querían retos, ahí hay uno que requerirá de todos
nuestros esfuerzos.