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La LSSI, el primer asalto
Por Eduardo Pedreño  
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En mayo del 2001 la polémica se apoderó de La Red por culpa del segundo anteproyecto de la LSSI. El anteproyecto era mediocre, deficiente y parecía elaborado por estudiantes de primero de Derecho a los que les hubieran encargado hacer una ley para Internet que fuera muy restrictiva y permitiera controlar el medio. Era un segundo anteproyecto, y muchos preferimos ser prudentes antes que lanzar las campanas al vuelo y hacer vacuos ejercicios de tremendismo. No nos equivocamos, a la vista del exagerado auge y rápido declive que cobró el movimiento antiLSSI, hoy desinflado por el paso de los meses sin noticias relevantes sobre la ley. Pero eso no es motivo de alivio para quienes hoy pedimos la modificación de la ley. El movimiento internauta ha pecado de soberbia y ha evidenciado divisiones peligrosas que no conducen a ninguna parte, sobre todo si nos intentamos imaginar lo que nos queda por delante.

La LSSI no debe ser nuestro mayor motivo de preocupación, pero a día de hoy es el primer asalto al que debemos hacer frente. La lectura del cuarto anteproyecto, peor en algunos aspectos que los anteriores como ha puesto de manifiesto Javier Maestre, y tristemente parecido al tercero, me trae tres reflexiones muy concretas que creo que debemos tener presentes en todo momento.

La primera es la referida a la ley en sí y al papel de los colectivos que han colaborado en su elaboración. La LSSI es una ley concebida desde el ansia de control por un gobierno que desconoce el medio que está intentando legislar. El cuarto anteproyecto es sustancialmente igual al segundo, y esa escasa evolución tiene varias lecturas (más adelante incidiremos sobre ellas), pero sobre todo pone en evidencia a todos los colectivos que han colaborado en ella. En la parte que nos toca tanto la AUI como la AI se han visto superadas y manipuladas por el gobierno. La contrapropuesta de la AI (de escaso nivél técnico, dicho sea de paso) ha sido completamente ignorada por el Ministerio, algo que esperemos provoque una reacción inmediata de este valioso colectivo. Jugaron a la moderación cuando era razonable hacerlo, pero ahora se enfrentan a su prueba de fuego.

En segundo lugar, metamos en el cóctel el factor 11-S. El 11 de septiembre cambiaron muchas cosas, y una de ellas fue el valor de nuestra libertad. Mal que nos pese, nuestra libertad vale hoy menos que hace cuatro meses, y la Red va a ser un escenario de batalla básico y fundamental en las tensiones que los ciudadanos vamos a sufrir en nuestra libertad en aras a nuestra seguridad. Los límites son claros, y por ellos debemos luchar. Pero no desdeñemos el factor 11-S en la escasa evolución que ha sufrido la ley, porque el Gobierno conoce sus prioridades y sabe que en el contexto actual puede permitirse hacer una ley que se extralimite, siquiera un poco, en eso de las libertades en la Red. A fin de cuentas, sólo afectará a un pequeño colectivo poco ruidoso.

Finalmente, seamos realistas. La LSSI no es más que el primer asalto, la primera batalla de esta guerra, que promete ser larga. Y ni siquiera es una amenaza que debamos considerar peligrosa o absolutista. Estamos en una democracia con garantías, y por ello debemos luchar porque una ley negativa, mediocre e intervencionista elaborada por un gobierno incompetente sea modificada convenientemente. Terminada esa batalla, preparémonos para la siguiente, que será peor. Si perdemos la batalla tendremos muchos motivos de reflexión y la obligación moral de estar alerta para que las partes más peligrosas de la ley nunca se apliquen. De momento, esperemos que eso nunca ocurra y que podamos, entre todos, modificar la ley en su tramitación parlamentaria. Para quienes querían retos, ahí hay uno que requerirá de todos nuestros esfuerzos.



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